La Tercera sinfonía en re menor de Gustav Mahler es una obra monumental que precisa de la coordinación de un considerable aparato orquestal, coros femenino y de niños, ambos previamente preparados, y un solista vocal. Sin embargo, el definido carácter que muestran sus movimientos, al margen del más complejo y amplio primero de ellos, no le otorga a la postre esta imagen. Especialmente tras su ejemplar final que todo lo inunda con su manto.
La Orquesta y el Coro de la Comunidad de Madrid, los Pequeños Cantores de la ORCAM junto a la mezzosoprano Jennifer Johnston, todos dirigidos por Alondra de la Parra, ofrecieron esta colosal obra en el marco del Auditorio Nacional de Música.
Y sí, un amplio y variado primer movimiento, tras un grave arranque, deambuló por gran cantidad de parajes, abundando en esa tragedia-exordio o exordio-tragedia (como quieran verlo) tan difícil de mantener con solidez en su seno, pero que practica Mahler con patente eficacia macro-formal, siempre de principio.
La magna obra, habitualmente como hoy, exenta en programa, consta de nada menos que seis movimientos; a su manera, seis piezas, cada una de ellas con diversas indicaciones de tempo y carácter, pero que destacan por la puntual descripción de sus respectivos títulos: “Lo que me enseña/cuenta…”
La búsqueda de un final que emule la exitosa eficacia mostrada, también retórica en lo tonal, de la previa Sinfonía “Resurrección”, parece sobrevolar su amplio y meticulosamente trazado último movimiento, de cálido melodismo, que parte de unos motivos de gran pregnancia en la cuerda, idiomáticos en este sentido, para desembocar en una ampulosidad algo enfática para la bondad manifiesta de su contenido temático musical: Was mir die Liebe erzählt (Lo que el amor me enseña/cuenta).
Una intensidad dominada por una cuerda magistral, que se volvió a vivir aquí de nuevo, y que se tradujo en la consecuente ovación final. Prolongada y entusiasta tras unos segundos de relativo silencio, quizás por comparación con el final del extenso y convulso primer movimiento que fue aplaudido de inmediato espontáneamente, tras su manifiesta contundencia cadencial.
Antes, la gracia de Was mir die Blumen auf der Wiese erzählen (Lo que las flores del prado me enseñan) interpretada con contención, el ingenio motívico, tímbrico y técnico de Was mir die Tiere im Walde erzählen (Lo que los animales del bosque me enseñan) con natural espíritu scherzante, o, Was mir der Mensch erzählt (Lo que los seres humanos me enseñan), donde hizo entrada la tersa voz de Jennifer Johnston. Una voz que volvió a surgir bajo esa sensación milagrosa que consigue esta partitura (y otras del autor) y que no deja de ser heredera de aquella “Novena”, la Novena por antonomasia beethoveniana (por cierto, escrita en el mismo tono), cada vez (entonces) más lejana y, sin embargo, más presente.
La ingenuidad de Was mir die Engel erzählen (Lo que los ángeles me enseñan…) se incardinó con naturalidad en este discurso y volvió a representar ese cándido “cambio de tercio” que no se olvida, en esta pieza.
Como dije, el empoderado e infinito final, contumaz, envolvente, abandonó a la postre aquellas sensaciones previas, sobre un tenso melodismo, sin desprenderse de su cuidadosa sencillez, y resolvió en cierto modo, una dilatada página plena de técnica, de contraste y, pese al candor final, de conflicto.
Luis Mazorra Incera
Jennifer Johnston, mezzosoprano.
Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid. Pequeños Cantores de la ORCAM / Alondra de la Parra.
Tercera sinfonía de Mahler.
ORCAM. Auditorio Nacional de Música. Madrid.
Foto © Jed Cabrera