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Crítica / Laus Polyphoniae y sus dos últimas jornadas apoteósicas (III) - por Simón Andueza

Amberes - 02/09/2026

Como les relataré, los dos días finales del festival estrella de Amberes acabaron convirtiéndose, en términos musicales, en su cadenza más espectacular, consiguiendo que los días previos fueran la preparación adecuada de múltiples elementos, como la de los consiguientes crescendi y decrescendi para el satisfactorio y espectacular clímax final.

El viernes 28 de agosto la sede central de AMUZ acogió el concierto de New York Polyphony, cuarteto vocal masculino afincado en la ciudad de Nueva York y que ha conseguido establecer desde su fundación en 2006 sorprendentemente un grupo de polifonía de primer nivel mundial en La Gran Manzana, algo que a priori algunos pensaban que era exclusivo de la vieja Europa. Conocidos por su apasionada apuesta en el redescubrimiento de autores olvidados pero también por la interpretación de los nuevos creadores, el grupo estadounidense presentó un singular programa titulado A New Wind: Hassler & Handl, sin duda con la participación de Bart Demuyt en su concepción.

Dos de los autores más excepcionales de la escuela francoflamenca y centroeuropea, Hans Leo Hassler y Jacob Handl, quienes asimilaron el estilo veneciano en sus creaciones, creando un particular estilo que contiene la luminosidad italiana entremezclada con el riguroso contrapunto imitativo. El resultado de esta mescolanza tan cosmopolita no pudo ser más satisfactorio. La base del concierto fue la preciosa Missa super Dixit María de Hassler, además del motete que le da nombre y otras composiciones de temática diversatanto de Handl como de Hassler. En cunato el cuarteto americano salió al escenario interpretando Laudate Dominum de Hassler AMUZ se llenó de la expresividad, elegancia, conjunción y comunicación que la veteranía del cuarteto atesora.

Con tan solo algunas indicaciones de tempi de su contratenor, Geoffrey D. Williams, el cuarteto transmitió instantáneamente su disfrute y vitalidad ante un sorprendido público que en su mayoría tenían la visión de dos compositores mucho más rigurosos y menos extrovertidos. La misa que aglutino el programa centró el discurso y mostró la natural comprensión de la prosodia del latín de New York Polyphony, consiguiendo que incluso los movimientos más extensos como el Credo fueran una dicha de luminosidad y disfrute. Especialmente en forma y con timbres de gran belleza se mostraron el tenor Andrew Fuchs y el bajo Craig Phillips, quienes aportaron ese añadido de calidad vocal a las virtudes ya mencionadas. Una tras otras las obras discurrieron en ese clima de placer y rigor hasta culminar la velada con Qui laudat Dominum, excelente y brillante motete de Hans Leo hassler, siendo la perfecta pieza final en este contexto.

El mismo día contó además con tres funciones teatrales infantiles en la Escuela Steiner Hibernia a cargo de De Spiegel, con la obra Battoe, un fantástico viaje en barco en donde los protagonistas navegan por un mar de emociones pasando por la felicidad, la duda, la nostalgia y la diversión, en una producción cálida, lúdica y poética que busca despertar la imaginación. Asimismo, como actividad final al curso de interpretación polifonía europea en torno a 1600 ofrecido por Cappella Pratensis, a las 11 h. se ofreció un concierto de los 34 alumnos del curso, quienes tuvieron la oportunidad de interpretar en AMUZ obras maestras de la polifonía sacra europea.

La cita que culminó la jornada fue el concierto de Vox Luminis interpretando Vespro della Beata Vergine de Claudio Monteverdi. El evento se desarrolló en un espacio idílico para representar las Vísperas, en iglesia de San Carlos Borromeo, ya que fue construida entre 1615 y 1621 en un fastuoso estilo italiano. En sus monumentales dimensiones (dicen que es la iglesia barroca más grande de los Países Bajos meridionales) la obra musical se desarrolló delante de su magnífico altar mayor disfrutando así de un modo inmejorable del que fue sin duda el concierto más espectacular del festival. Además, donde se celebró el concierto dos bellísimas imágenes de la Virgen María presiden el espacio: la espectacular pintura La Coronación de la Virgen de Cornelis Schut y una lujosa escultura de mármol que corona el altar.

Este escenario cuenta con una acústica excelente para la escucha de esta música, con una reverberación que pareciera sacada de una librería de Pro Tools. Solamente esta puesta en escena hubiera merecido la grabación del concierto en video. Ante semejante espectáculo teatral la predisposición del público que abarrotaba la iglesia era máxima.

Vox Luminis apareció en el escenario con una formación de absoluto lujo, tanto instrumental como vocalmente. El conjunto vocal estuvo compuesto por 18 voces, 3 sopranos primeras, 3 sopranos segundas, 3 altos, 3 tenores, 3 barítonos y 3 bajos, y por un ensamble instrumental que contó con 2 violines, 2 violas, viola da gamba, violone, tres cornettos, dos flautas de pico, 3 sacabuches, bajón, arpa, dos tiorbas y órgano positivo. Las inconfundibles primeras notas de Deus in adjutorium / Domine ad adiuvandum y grandiosa sonoridad del tutti de este extraordinario e icónico fabordón forman parte ya de mi imaginario idílico musical. Tengo que confesar que esta composición es quizás mi obra favorita de la historia de la música, pero es de justicia alabar estas circunstancias puesto que el esfuerzo de todos y cada uno de los miembros de Vox Luminis en estas masivas piezas en donde todos intervienen a la vez, fue sin duda lo mejor de la velada, pero no solo en los momentos homofónicos como este, sino en la totalidad del extraordinario y complejo contrapunto que la obra contiene, como en Dixit Dominus, Laudate Pueri, Nisi Dominus o Lauda Jerusalem.

Lionel Meunier, director artístico de Vox Luminis, conoce las Vísperas a la perfección y su dirección cantando desde su puesto de bajo es completamente orgánica e inspirador. Meunier también es el responsable de las múltiples y estratégicas colocaciones en escena de cada solista, algo que fue todo un espectáculo en sí mismo pero que fue a su vez un fabuloso resultado musical espacial, puesto que El Divino Claudio creó una obra de una arquitectura tan teatral en su música como descriptivista, como si del mejor recursos madrigalístico se tratara. Buen ejemplo de ello es la disposición que disfrutamos en un primer plano de los cantus firmus para que destacaran entre todo el complejo entramado polifónico, o la estratégica disposición de las seis sopranos en la Sonata sopra Sancta Maria que dio como resultado un encantador y delicado empaste vocal en su diálogo con unos instrumentistas radiantes. Destacaremos especialmente aquí las interpretaciones virtuosas y de conjunto de los violinistas Tuomo Suni y Johannes Frish y de los cornetistas Martin Bolterauer y Marleen Leicher.

Los números vocales solistas fueron en general una delicia, pero me gustaría resaltar el carácter tan italiano que Meunier ha querido resaltar de las participaciones de los tenores, quizás las grandes estrellas vocales de la pieza. Este carácter alla italiana de voces de tenor valientes y timbradas con la característica brillantez en la emisión de las vocales latinas estuvo personificada en Raffaele Giordani, Roberto Rilievi y João Moreira.

Debemos hacer mención asimismo a los componentes del suntuoso bajo contino, quien hizo gala de su excelente oficio como músicos autónomos y de estar asimismo en perfecta comunión aun sin ser dirigidos, tanto entre ellos como entre los numerosos solistas vocales en sus correspondientes concerti, dúos o trios. Estos fueron Simon Linné y Justin Glaie en la tiorba, Sarah Ridy en al arpa, Anthony Romaniuk en el órgano positivo, Lies Wyers en la viola da gamba y James Munro en el violone. Todos ellos dieron una lección práctica de estilo en el barroco temprano y fueron múltiples los coloristas ejercicios de sus arpegios en la realización del continuo siempre en función de los afectos del texto, además variando sus componentes dependiendo de cuál fuera la pieza interpretada o el número de solistas vocales.

La monumentalidad arquitectónica de las Vespro culmina con el Magnificat, una de las piezas con más afectos de la creación monteverdiana sacra, algo completamente entendido por los intérpretes, tanto teatral como musicalmente.

El público asistente puesto en pie, ofreció la mayor ovación del festival a todos los músicos y, cómo no, a Claudio Monteverdi.

El concierto de clausura lo ofreció The Gesualdo Six, grupo vocal británico que se ha ganado un portentoso prestigio en la escena internacional gracias a sus extraordinarias interpretaciones de la polifonía más inspirada, además de atender también a compositores actuales. La cita fue, por supuesto, en AMUZ, que volvió a reivindicarse como el lugar idóneo para celebrar un concierto de estas características, tanto por su acústica como por la atmósfera que allí se crea.

Con un programa titulado England, 1600, el grupo anglosajón desgranó algunas de las obras sacras más icónicas de la polifonía inglesa de compositores como William Byrd, Orlando Gibbons, Thomas Morley o John Bennet, tanto en latín como en inglés.

La precisión quirúrgica de la entrada homofónica de la primera vocal A del Ave verum Corpus de William Byrd que comenzó el concierto fue tan sobrecogedora y de una perfección tan sublime que inmediatamente la sala quedó a merced de las espléndidas interpretaciones de The Gesualdo Six. La belleza sonora alcanzada entre ellos es tan sutil que no imagino una interpretación de esta música mejor, sobre todo tratándose de este repertorio inglés, en donde todo fluyó con una naturalidad lógica de un ensamble que lleva esta música en sus venas, y en donde las vocales y la expresión de la música que se nos ofreció, de languidez y tristeza como principales características, algo que en las voces de Los Seis de Gesualdo acentúa aún más su extraordinaria belleza.

La polifonía imitativa que pudimos degustar estuvo interpretada de un modo absolutamente controlado en la articulación, el fraseo y el balance sonoro, lo que sumado a la maestría absoluta de las composiciones dio como resultadop uno de los mejores recitales que hoy en día podemos escuchar de esta música. Además la belleza tímbrica individual es absolutamente conmovedora. Así, la voz del bajo Owain Park, quien es también el director de The Gesualdo Six, cohesiona especialmente el conjunto dotándolo de un aterciopelado y natural timbre, pero que sorprendentemente deslumbra en sus profundos graves. El barítono Simon Grant dotó al conjunto de la apropiada afinación y excelente cohesión entre las secciones agudas y Blas graves. Los tenores Joseph Wicks y Josh Cooter aportaron una calidez y una gestión absoluta en la igualdad en toda su tesitura, mientras que los contratenores Guy James y Alasdair Austin nos fascinaron con el control del fiato y sus espléndidos agudos.

Pero quizás las virtudes virtudes individuales de cada miembro del conjunto vocal no son el resultado más transcendente de su resultado sonoro, puesto que lo más sobresaliente en ellos es la absoluta naturalidad, precisión e igualdad en el fraseo y la articulación de cada frase. Además, su expresión es de una empatía absoluta con el espectador, consiguiendo una vitalidad y luminosidad que atrapan al público. El silencio que reinó en la AMUZ fue especialmente intenso, aunque suele ser algo habitual.

La ovación de gala que la sala amberina brindó al finalizar el concierto a The Gesualdo Six fue de una intensidad emocional tan grande que Owain Park nos bridó unas emocionadas y simpáticas palabras que desembocaron en la interpretación de la deseada propina, que en esta ocasión fue el extraordinario O salutaris hostia de William Byrd, una joya polifónica repleta de disonancias y falsas relaciones, que realmente fue la conclusión perfecta no solo del concierto, sino de Lus Polyphoniae.

Este festival de polifonía único en el mundo me ha brindado momentos de verdadera felicidad en los que el poder de la música para ahondar en nuestra espiritualidad y la más profunda sensibilidad se demuestran y que reivindican que la polifonía y sus interpretaciones tan sublimes deben estar mucho más presentes en las salas de conciertos a nivel global.

Para 2027 ya se ha anunciado las líneas maestras del festival, que versaran sobre el universo de Filips de Goede (1396-1467), duque de Borgoña, figura prominente en la Europa del siglo XV, nacido en Dijon y fallecido en Brujas. Durante su reinado la corte de Borgoña floreció. De Goede siempre mostró con un gran apoyo a las artes. Las fechas en que transcurrirá serán del 20 al 29 de agosto. Gracias por todo, Laus Polyphoniae.

Simón Andueza

Laus Polyphoniae, Amberes

 

Foto: Concierto de clausura en AMUZ de The Gesualdo Six / © Simón Andueza

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