Cuando todo estaba dispuesto para navegar por el inagotable río wagneriano bajo el mando del capitán Currentzis, la llamada de un nibelungo justo antes de comenzar el concierto nos hizo temer lo peor, “Teodor Currentzis se encontraba indispuesto”, pero aun así, el maestro griego afrontaba dirigir la síntesis sinfónica de la Tetralogía de Richard Wagner que Lorin Maazel, a petición de la Filarmónica de Berlín, creó en una especie de suite orquestal del ciclo operístico El anillo del Nibelungo en 1987.
Se denominó “El Anillo sin palabras”, en principio llamado a ser un homenaje a la irrepetible Musica de las cuatro óperas que forman el Anillo y renunciando a su imprescindible narrativa prescindiendo de las voces, pero que escuchado con calma, se percibe una helada cohesión en sus secciones, con la imperdonable ausencia de gran parte del final orquestal de La Valquiria, seguramente uno de los momentos más emocionantes de la Historia del Arte. ¿Y qué motivó que Maazel omitiera esta música?, nos preguntamos... Si echamos la vista atrás, en 1987 el formato CD comenzaba a generar unos beneficios tan grandes que todo se pensaba para que la música condensada no excediera de 77-78 minutos (lo que dura aproximadamente “El Anillo sin palabras”), el máximo que entonces permitía almacenar el brillante disco que albergaba la perfección sonora digital. Con la Filarmónica de Berlín como sponsor y el sello Telarc como empresa manufacturadora (sello que producía unos CD de una perfección técnica sin igual con tecnología punta japonesa), los directivos de ambas corporaciones se frotaron las manos al ver como el oro del rin iba a fluir sin cesar en sus bolsillos gibichungos una vez se comercializara el disquito con Wagner comprimido en su plateada memoria eterna, y así fue, aunque renunciaran al amor, en este caso representado por la omisión del final apoteósico de La Valquiria.
Las ventas fueron altas, pero la música en vivo no se interpretó todo lo que habían pensado, debido a la dificultad que entraña la música orquestal de Wagner (un solo fragmento del Anillo conlleva muchos ensayos, no digamos entonces una síntesis sinfónica de casi 80 minutos). Y en estas llegó Currentzis, que desde 2023 ha dirigido alguna que otra vez este ensamblaje wagneriano, comenzando con la orquesta de la que fue titular hasta 2024, la SWR Symphonieorchester. En este enlace pueden ver y escuchar completo con Currentzis y la SWR el “El Anillo sin palabras”.
El griego, mito viviente que por sí solo llena auditorios con independencia de la música que dirija, ha dejado conciertos inolvidables en Madrid con su peculiar estilo y con una orquesta excepcional, musicAeterna, que le garantiza hacer malabares y desarrollar un concepto sonoro ampuloso que hipnotiza a los espectadores, con sutiles pianísimos, brutales paroxismos y una perfección sonora que pocas orquestas europeas (al margen de las que todos conocemos) pueden lograr.
Y llegó el momento... una vez concluida la parte de La Valquiria, el magnético director hizo una pausa y se retiró a los camerinos. Este Siegfried de la dirección fue sustituido por su asistente, Ilya Gaisin, un buen preparador orquestal y concertador, pero como Mime frente a Siegfried, no había comparación posible con la fuerza y seducción que Currentzis desprende desde el podio. Y así fue, ya que todo sonó con brillo y elegancia (el primer cello y el concertino mostraron qué clase de músicos componen musicAeterna), pero sin la fascinación que transmite Currentzis (verle y escuchar el “descenso al Nibelheim” con yunques metalizados y penetrantes y una cuerda en estado de gracia, ya mereció su breve comparecencia).
Si Wagner concibió la música como experiencia total, Currentzis recoge esa herencia no como tradición sino como acto de riesgo. Dirige como si cada momento fuera un ritual, un desbordamiento de sí mismo, compartiendo con Wagner la obsesión por el límite. Es por ello que este concierto mutilado fue una experiencia amarga, extraña, sin que la propia música que siguió a la ausencia de Currentzis pudiera ejercer como hidromiel para el sediento espectador.
Gonzalo Pérez Chamorro
musicAeterna / Teodor Currentzis & Ilya Gaisin
“El Anillo sin palabras” (con música de Richard Wagner)
La Filarmónica, Madrid, Auditorio Nacional de Música
Foto © Rafa Martín / La Filarmónica