“En busca de un propósito”, Tal es, según una nota del director artístico de la Filarmónica de Londres (LPO), el jiennense Jesús Herrera, el leitmotiv elegido por esta agrupación líder de la vida musical londinense para definir la narrativa que caracteriza su temporada 2026-27. Bajo esta alusión genéricamente abarcadora, se quiere aludir a las reacciones de creatividad con que, en toda época, compositores han enfrentado adversidades y conflictos emocionales parecidos a los que nos toca vivir en el presente. La guerra fue aludida en el Requiem de Benjamin Britten que abrió la temporada. Siguió enseguida otra velada con la excelente directora de orquesta Marie Jacquot, que incluyó el concierto para chelo de Dvořák, una obra también presentada como la búsqueda de un propósito esta vez en medio de un devastador conflicto personal. Poco antes de terminarla, el compositor recibió la inesperada noticia de la muerte de su cuñada y amante, y ello le llevó a cambiar el final. Como bis el excepcional chelista Kian Soltani, repitió estas modificaciones postreras en una adaptación ejecutada con junto a todos los chelos de la orquesta.
Pocos días antes de comenzar una nueva gira por España, Edward Gardner y la LPO llenaron el Royal Festival Hall para un programa a repetir en Madrid y Valencia que en su segunda parte incluyó la Sinfonía Manfred, la más extensa obra orquestal de Tchaikovsky (50 minutos) y según Herrera, un “anti-tema,” por su descripción de la falta de propósito en la vida del fáustico anti-héroe del poema de Lord Byron que atormentado por la pérdida de su amante vaga por el mundo para retrotraerla de los infiernos. Pero como toda vida tiene, fatalmente, un propósito, Manfred termina encontrándolo en su propia muerte, una extraña redención que corona un aquelarre durante el cual le es permitido ver, por ultima vez, a su amante ahora inalcanzable. Es una de las menos escuchadas obras del compositor, debido no sólo a sus difíciles requerimientos interpretativos. “Pienso que es mi mejor obra sinfónica,” escribió Tchaikovsky a su amigo y colega Mily Balakirev, “pero por sus dificultades extremas de ejecución, su complejidad y su longitud está condenada a fracasar y ser ignorada.”
Fue precisamente ante estos desafíos que Gardner y su orquesta triunfaron con una versión excepcional. La obra comienza con un sombrío y arrollador interrogante de fagot, a partir del cual el primer movimiento (Manfred errando por los Alpes) prosigue con frases melódicas interrumpidas por contrapuntos y variedad de tiempos y dinámicas magistralmente desarrolladas hacia culminaciones casi mahlerianas por su abrumadora polifonía y su vertiginosa acentuación.
En los dos movimientos intermedios, alusivos a los campesinos y hadas que acompañan el vagar del protagonista por valles y montañas, los detalles camerísticos a cargo de las maderas de viento fueron cincelados con una expresividad demostrativa de las capacidades cromáticas de cada grupo instrumental. El final es un Allegro “lleno de audacia salvaje” según un programa de mano escrito por Vladimir Stasov y supervisado por el propio Tchaikovsky. Y Gardner y sus filarmónicos dieron rienda suelta a este salvajismo con panteística expresividad, a través de legatos melódicos interrumpidos por fugados, fanfarrias y armonías dispares hasta el maravilloso final: un masivo coral enmarcado en masivos acordes de órgano: ¡propósito finalmente logrado! Y ello a través de una fiesta de ritmo y color de variación infinita.
Antes de Manfred, Julia Fischer se presentó como solista en el concierto para violín de Brahms. Lo hizo con un virtuosismo sin grandilocuencia, y una calma asertiva y meditada; y con similar aplomo acompañaron Gardiner y su orquesta, con un Allegro non troppo en cuya exposición inicial de cuerdas e instrumentos de viento tocaron bien a lo Brahms: con una expresión nunca exacerbada sino de intensidad siempre contenida. Los tiempos fueron más bien tirando a lento, como para cincelar claramente las diferencias de texturas en un diálogo con la solista que alcanzó momentos memorables, por ejemplo en el final del Adagio durante el cual violín, flauta y corno armonizaron con diáfana diferenciación cromática.
En el Allegro final, la instrucción de tocar giocoso fue marcada con una urgencia ligera, casi elusiva, bien a la húngara en su irresistible desarrollo hasta la una exuberante coda que cierra la obra. Julia Fischer interpretó como bis el Capricho 24 de Paganini y ni siquiera aquí se tentó a ser superficial. Las últimas variaciones alcanzaron una expresividad tan misteriosa y espectral como el final del adagio en el concierto de Brahms. También este concierto y esta solista son parte de la gira por España de Gardner y su excelente orquesta londinense.
Agustín Blanco Bazán
Orquesta Filarmónica de Londres / Edward Gardner.
Julia Fischer, violín
Concierto para violín de J. Brahms y Sinfonía Manfred de P.I. Tchaikovsky
Royal Festival Hall, Londres, octubre de 2026
Foto © LPO facebook