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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Klaus Mäkelä en la Concertgebouw - por Agustín Blanco Bazán

Amsterdam - 10/10/2023

Parece que a Klaus Mäkelä (Helsinki 1996) no le gusta cuando lo admiran por “¡ser tan  joven!”, pero lo cierto es que su carrera va más que rápido. A los 22, dirigió por primera vez a la Filarmónica de Oslo y ¡zas!, enseguida lo nombraron director titular. Este amor a primera vista también flechó a la Orchestre de Paris, donde después del primer concierto en 2020, el finés fue anunciado como titular para el año siguiente.

La última hechizada fue la mayor y la mas experimentada de todas, nada menos que la Concertgebouw de Amsterdam, que después de probarlo varias veces ha decidido nombrarlo director titular por cinco años a partir de la temporada 2027-28. Y también lo invitó a abrir la presente temporada con una Tercera sinfonía de Mahler que acreditó la excepcionalidad del chico. Mäkëla tiene razón cuando pide que se olviden de su edad porque si algo demostró con esta Tercera es que no hay porqué relacionar madurez con edad. Decididamente, Mäkelä no es de esos directores que le hacen pensar a uno como crecerá en los próximos diez años, sino un artista ya consumado. No sé ni me interesa pensar como dirigirá a Mahler si llega a los noventa, porque lo cierto es que en esta oportunidad no faltó nada.

Después de la afirmativa convocatoria de los ocho cornos franceses que abren la obra, la orquesta entró en la anticipación de la oscuridad del lied nocturno de Zaratustra del cuarto movimiento sin apuros, y con esa reticencia (“Zurückhalten”) que pide el mismo Mahler. Con esta decantada y palpitante afirmación de timbales y vientos en tinieblas (“pesada y nebulosa”) colaboró un instrumento indispensable, a saber, la acústica redonda de una sala legendaria, solo comparable con la Musikverein de Viena. Después de asentar la unidad interpretativa en este comienzo, Makela instruyó un progreso sin extroversión a la luminosidad panteística de la “irrupción del verano.”

El tempo di minueto del segundo movimiento  fue casi mozartiano en su contención y variedad cromática. Y, también el comodo scherzando del tercer movimiento salió con una expresividad punzante pero siempre moderada y lo más importante, Ohne Hast, esto es, “sin apuro” de acuerdo a las instrucciones del compositor. Siguió un lied nocturno de Zaratustra cantado por Jennifer Jones Jones con expresiva articulación y espesa densidad de timbre. Y  luego de la irrupción coral del movimiento siguiente (magníficos el Coro Laurenst Simfonisch y el Coro Nacional de niños) Mäkelä instruyó la melodía inicial del adagio lenta, reticentemente, con una sensibilidad profunda y sin grandilocuencias; y siempre concentrada en abrir texturas y rubatos imperceptibles en otras interpretaciones.

El director volvió a impresionarme con ese brazo izquierdo que no ahorra instrucciones de énfasis interpretativos, y en estricta coordinación con una batuta de movimientos claros en el derecho. En general es ágil y asertivo, pero sin gestos sobre enfatizados. Tal vez sea por ello que me conmovió cuanto, durante el ultimo movimiento, pareció salir de esa expresión intensa pero siempre sobria, doblando el codo izquierdo y abriendo su mano como para pedir todavía algo mas de lo la orquesta le que estaba dando: algo así como una entrega suprema. (Después de todo, la eternidad panteística de dolor y júbilo de Zaratustra termina siendo, según Mahler, el amor que todo lo explica en este adagio final).

Agustín Blanco Bazán 

 

Klaus Mäkelä / Concertgebouw Orchestra

Tercera Sinfonía de Mahler

Amsterdam, septiembre de 2023

 

Foto © Marco Borggreve

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