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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica - JOSCAN = YES WE CAN (Festival Internacional de Santander)

Santander - 06/08/2019

Tras el éxito artístico y de público cosechado en las últimas ediciones, el Festival Internacional de Santander acogió una vez más a la Joven Orquesta Sinfónica de Cantabria (JOSCAN), proyecto de la Consejería de Educación del Gobierno de Cantabria que pretende tender puentes entre las enseñanzas musicales de los conservatorios de la comunidad autónoma, las enseñanzas musicales superiores y el entorno profesional de la orquesta.

Sin duda, nos encontramos ante un proyecto consolidado sobre cuyo futuro ya pueden hacerse interesantes cábalas, pues si en su debut, allá por 2016, la joven formación hizo que muchos quedásemos maravillados ante su calidad, las sucesivas citas han dado muchos y poderosos argumentos a quienes sostienen que nuestra pequeña comunidad debe aprovechar al máximo este “semillero de talento” y han generado un estado de ánimo que podríamos resumir en el ya célebre “yes, we can”.

Bien acompañados en la segunda parte por la Camerata Coral de la Universidad de Cantabria, los jóvenes contaron con el liderazgo de José Luis Temes, que no sólo es un experto director sino un auténtico humanista cuya trayectoria es digna de la mayor admiración y respeto. Basta verle ensayar con la joven orquesta para advertir su categoría artística y docente, algo que los propios músicos supieron distinguir desde su primer encuentro.

El concierto, que respondía a la línea general de programación de la JOSCAN de incluir en cada cita una obra sinfónica española no habitual y una obra actual de uno de nuestros compositores consagrados, volvió a tener un marcado carácter festivo y didáctico y cada pieza estuvo precedida por una amena exposición a cargo de Temes. Es siempre un placer escuchar la voz timbrada, la dicción serena, la razón clara y la palabra exacta del director madrileño, que en una de sus alocuciones se refirió a las grandes obras del repertorio como tercer pilar sobre el que se debe sostener toda orquesta, pero que brilló por su ausencia en esta ocasión.

En cualquier caso, las simpáticas y muy bien explicadas Quattro versioni originali della Ritirata notturna di Madrid di Luigi Boccherini de Luciano Berio que abrieron el programa contaron con una lectura brillante por parte de orquesta y director, que acercaron las figuras de ambos compositores al auditorio y facilitaron el disfrute estético y el asombro ante la encantadora elegancia del primero y el talento orquestador del segundo.

En la segunda parte, le llegó el turno al compositor castreño Arturo Duo Vital y su Sinfonía Benedicta, que es en realidad un ambicioso poema sinfónico-coral compuesto para el Santuario de Nuestra Señora de Aránzazu con textos del compositor en castellano, euskera y latín a partir de textos tradicionales. No es que tenga un sentido ético recuperar partituras de nuestro pasado reciente, que indudablemente lo tiene, sino que además llega a conmover cuando éstas encierran además un profundo contenido espiritual. Orquesta, coro, director y un quinteto de solistas cuyos nombres no figuraban en el programa de mano nos redescubrieron una partitura de indudable mérito, pero irregular, cuyas ideas interesantes no son desarrolladas plenamente y quedan superpuestas por periodos grises en los que la inspiración melódica y armónica decae y la música se ovilla sobre sí misma.

Entre una y otra pieza, el programa incluyó Escorial, obra de Tomás Marco estrenada en París en 1974 e inspirada en los planos del monasterio encargado por Felipe II que le da título. Fiel a su aritmético cerebralismo y a su gusto por la arquitectura y la historia, Marco propone una obra monumental, densa y cuyo leitmotiv adquiere tintes obsesivos que son, al mismo tiempo, metáfora de la simetría herreriana y de la rigidez inquisitorial.

De nuevo, la JOSCAN supo extraer todo lo que la partitura encierra, lo que habla mucho y bien de los jóvenes músicos y de su director. No obstante, este comentario crítico no puede concluir sin una reflexión a partir de  las palabras introductorias de Temes. Personalmente y con la mayor humildad, creo que tiene algo de ilusorio afear al público una desafección respecto a la “música contemporánea” que, como el propio director subrayó, ya dura ochenta años. ¿No querrá decir esa persistencia algo acerca de la propia música? Hace tiempo nos ronda la sospecha de que el alegato tantas veces repetido de que esa música “es historia” llegará a volverse en su contra para convertirse en una suerte de nueva profecía autocumplida, de manera que sus obras pronto pertenezcan al campo de la musicología y abandonen poco a poco las salas de concierto, dejando al público hastiado y con la sensación plenamente justificada de no haber entendido nada. Sólo el tiempo nos permitirá constatarlo. 

A quien ande con la mosca detrás de la oreja sobre este particular, le recomiendo vivamente la lectura de El alma de Hegel y las vacas de Wisconsin de Alessandro Baricco (Siruela, 1999), pero mientras tanto, felicitémonos por el camino andado por la JOSCAN y la inteligencia del Festival al incluirlo en su programación y quedémonos con la emoción y la alegría de haber escuchado una vez más a este grupo joven aunque suficientemente preparado y haber (re)descubierto el talento orquestador de Luciano Berio y los pequeños encantos de una obra recóndita de uno de nuestros compositores más destacados.

Darío Fernández Ruiz

68º Festival Internacional de Santander
Joven Orquesta Sinfónica de Cantabria, Camerata Coral de la Universidad de Cantabria / José Luis Temes
Palacio de Festivales

Foto © Festival Internacional de Santander / Pedro Puente Hoyos

 

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