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Crítica / Jordi Savall revela el alma más espiritual y humana de Brahms - por Simón Andueza

Madrid - 20/10/2026

Debemos sentimos dichosos los que pudimos asistir al nacimiento de un nuevo ciclo musical en nuestro entorno más próximo, en esta ocasión en el Auditorio Nacional de Música de Madrid pero que se desarrollará en ciudades hermanas como en Barcelona, puesto que en dos días se repetirá este mismo concierto en L'Auditori. Denominado ‘El Sonido Original’. Pero nuestra alegría se dispara cuando comprobamos que el impulsor y alma mater de este proyecto es Jordi Savall, puesto que este proyecto revitalizador en su interpretación del repertorio de la música clásica está protagonizado por su persona, ya que pareciera ser la idea de una joven batuta tan inquieta como apasionada.

Y es que, aunque por todos conocida, la trayectoria del violagambista y director de Igualada nunca deja de asombrarnos y de dejar constancia de su inagotable vitalidad y de su continua renovación en aras del compromiso con las grandes obras musicales universales de tan dispar época y tan distintas en su concepción y en su orgánico, pero siempre con la responsabilidad de indagar y de acercarnos a su verdadero sonido de origen, desenmascarando las instaladas ejecuciones modernas.

En esta ocasión el programa elegido muestra el lado más íntimo y espiritual de Johannes Brahms, dos obras que reflexionan sobre la muerte, el dolor, la esperanza y la condición humana. Savall las aborda desde una perspectiva históricamente informada, recuperando los colores, las texturas y el equilibrio sonoro de la época de Brahms.

Para ello nos encontramos en el escenario con la orquesta y coro de mayores dimensiones que yo recuerde que el maestro barcelonés haya conformado, pero que es necesaria para interpretar estas grandes piezas del repertorio brahmsiano, aunque está lejos de acercarse a los estándares actuales de las grandes orquestas y coros sinfónicos que suelen acometerlas, especialmente en la formación coral. La orquesta estuvo conformada por 12-10-8-6-5 instrumentistas en la cuerda, más 2 arpas, 3 flautas, 2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagotes, contrafagot, 4 trompas, 2 trompetas, 3 trombones, tuba y timbales necesarios. Por su parte el coro de 37 voces lo compusieron 9 sopranos, 10 altos, 9 tenores y 9 bajos.

A modo de introducción al universo de Johannes Brahms y a su música más transcendental y visionaria pudimos disfrutar de una de las joyas más hermosas de su producción, Schicksalslied (Canción del destino), que logró establecer el clima perfecto para la audición de la obra central del programa, logrando una sonoridad preciosista de un cálido y equilibrado balance sonoro entre la orquesta y coro, de lujosa sonoridad en su primera parte, realizando un premeditado y explosivo contraste expresivo en la segunda.

A continuación, disfrutamos de la pieza central de la velada. La obra se publicó originalmente bajo el título completo de Ein deutsches Requiem, nach Worten der Heiligen Schrift (Un réquiem alemán, basado en palabras de las Sagradas Escrituras). El término "Alemán" no hace referencia al nacionalismo, sino estrictamente al idioma. Brahms sustituyó la tradicional misa de difuntos litúrgica en latín por textos de la Biblia luterana alemana que él mismo seleccionó, basándose en una excepcional tradición de la música funeraria de sus compositores predecesores, como Herman Schein, Andreas Hammerschmidt o Heinrich Schütz. Brahms llegó a confesar que en realidad le hubiera gustado cambiar la palabra "Alemán" y llamarlo simplemente "Un réquiem humano", reflejando su deseo de crear una obra universal orientada al consuelo de los vivos y no al juicio de los muertos.

Debo comenzar enumerando las virtudes de quienes fueron la pieza angular de la interpretación, La Capella Nacional de Catalunya. Sus cualidades técnicas estuvieron continuamente sobre el escenario, como su afinación extraordinaria o su asombroso equilibrio sonoro, pese a estar situados en dos filas y en dos claros grupos separados. La calidad individual de sus cuerdas fue asimismo excelente, debiendo mencionar primeramente a la cuerda de altos, quienes exhibieron en todo momento una sonoridad tan rica como bella, de empaste impoluto, destacando como pocas veces lo hace su formación, en esta ocasión exclusivamente femenina y de una sonoridad carnosa, redonda y humana, realmente única.

La cuerda de sopranos estuvo conformada por sopranos ligeras y luminosas, que aportaron esa alegría sonora en sus agudos al conjunto. Por su parte los tenores derrocharon vitalidad y conjunción en unos agudos pulcros y a la vez repletos de riqueza tímbrica. La cuerda de bajos destacó por su natural sonido y belleza tímbrica, que aportó sus sonoros graves cuando lo exigía la partitura y que fue en su registro agudo fue preciosista y relajado.

Pero lo que más llamó la atención de la formación vocal fue su expresividad y musicalidad, siempre realizando un espléndido trabajo de música de conjunto y estableciendo una continua comunicación entre todas las cuerdas por muy distantes que estas se encontraran. Fue un espectáculo admirable contemplar a los integrantes del coro disfrutando en todo momento de esta música tan sobrecogedora, realizando un trabajo impecable en la dicción del texto -qué consonantes tan exactas y qué vocales tan iguales-. Además, su sonoridad en los pasajes a capela fue de una verdadera exquisitez. Añadiremos su ejemplar y disciplinada labor en el fraseo y en las dinámicas, que sin duda no serían las mismas sin el excelente trabajo del preparador de conjunto vocal, Lluis Vilamajó y de la asesora de fonética germana, Rochsane Taghikhani.

La labor orquestal, a cargo de Le Concert des Nations acercó especialmente esa sonoridad original de la que este ciclo hace gala, especialmente en un sonido mucho más cálido en la cuerda, gracias a la utilización de cuerdas de tripa en los instrumentos, que también permite acercar su fraseo a la naturalidad del lenguaje vocal y que favorece sobremanera la conjunción entre coro y orquesta.

La labor de su concertino, Lina Tur Bonet, fue especialmente necesaria para la consecución de unas articulaciones estables, iguales y en continuo cambio. Tur Bonet demostró una constante y trabajada labor férrea mediante esa enérgica y pasional interpretación tan propia y que es tan eficaz para mantener la estabilidad y conjunción de una orquesta de estas dimensiones. El viento aportó los mil y un colores tan diferentes que pueden aportar a una pieza del romanticismo tan interpretada como esta, favoreciendo también la sonoridad global del conjunto en su menor volumen sonoro, especialmente en los metales. No obstante, hubo pasajes del equilibrio sonoro entre orquesta y coro que debieran haberse mejorado, puesto que aún con una sonoridad menor esta orquesta es de generosas dimensiones.

Debemos mencionar también algunos desajustes técnicos y de afinación en los instrumentos, pero quien escucha una interpretación con estos instrumentos debe conocer la enorme dificultad de ejecutar estas obras de estas dimensiones en algunas familias instrumentales, y dan muestra de algo también propio de cómo eran las interpretaciones en la época decimonónica, muy distantes de la perfección técnica que han alcanzado los actuales instrumentos orquestales.

La soprano Lina Johnson ofreció una interpretación íntima de la partitura, denotando sus fabulosas cualidades vocales y un timbre de trabajada emisión técnica, emitiendo una línea vocal sólida y de una redondez manifiesta. Por su parte, el barítono Matthias Winckhler se mostró cercano y expresivo basando su interpretación en el texto y su exteriorización. Su natural y bella emisión vocal nos acercó su visión de esta música al lied. 

Jordi Savall sigue demostrando una espléndida y asombrosa labor en sus labores como director artístico y como ideólogo de una trayectoria tan extensa como sorprendente. En el podio su naturalidad y sencillez consiguen resultados de una calidad sobresaliente, dejándose llevar por un sentimiento global unitario basado en el absoluto respeto a una música extraordinaria mediante un acercamiento lo más próximo posible al compositor empleando tanto medios físicos como emocionales. En manos de Savall todo tiene lógica, fluye de un modo orgánico obteniendo un resultado tan sensato como rotundo.

Debo dejar patente que en el programa de mano las acotaciones de intención expresiva, a veces místicas, del compositor ocupan un lugar de honor, naturalmente.

EL público ovacionó calurosa y largamente a todos los intérpretes, especialmente a los miembros de La Capella Nacional de Catalunya. Como conclusión a la velada, Jordi Savall, micrófono en mano, expresó emocionado ideas clave de su pensamiento e intención en sus interpretaciones, concluyendo la noche con esta espléndida sentencia: “la música es la medicina que más necesitamos”.

Simón Andueza

 

Lina Johnson, soprano, Matthias Winckhler, barítono.

Le Concert des Nations, La Capella Nacional de Catalunya / Jordi Savall, director.

Obras de Johannes Brahms.

Ciclo ‘El Sonido Original’.

Sala sinfónica del Auditorio Nacional de Música, Madrid, 19 de octubre de 2026, 19:30 h.

 

Foto © Eric Altimis

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