El Ensemble Modern, al que ya tuvimos compartiendo actividades con la propia JONDE, es una formación nacida en 1980, teniendo su sede en Frankfurt y que para esta convocatoria presenta un colectivo integrado por 18 músicos procedentes de distintos países cultivado un amplio espectro de de obras en repertorio, aspecto que cultivan en sus giras que les llevan desde los Estados Unidos, Japón o países europeos, en colaboración con proyectos de similares ambiciones en calidad de formación invitada, habitualmente aportando obras de estreno o encargo, bastantes como demanda de los entes institucionales que demandan sus trabajos, primando la colaboración con los propios artistas en un calculado proyecto de precisión.
Hablaremos de compositores como George Benjamin, John Adams, Heinz Holliger, Rebecca Sauunders, Gÿorgy Ligeti, Unsuk Chin, Karlheinz Stockhausen, Hans Zender, Mark-Anthony Turnage, Brian Ferneyhough, Heiner Goebel, Vito Zuraj, Peter Eövös, Hans Werner Henze o Brigitta Muntendorf. Desde 2020 disponen de su propio sello discográfico con el que han registrado más de 150 obras y a partir de 2003, crearon la International Ensemble Modern Accademy, centrada en proyectos de carácter pedagógico de formación musical que fomenta los proyectos de creación artística . En 2024, el Ensemble Modern fue galardonado con el León de Plata de la Biennale Musica di Venencia. El orden previsto de las piezas no se atuvo a lo previsto en un principio, ajustándose a condicionamientos que lo propios intérpretes irían optando a medida que probaba la evolución de las mismas en los ensayos del programa a tratar.
Kaija Saariaho (1952-2023): Cendres (para flauta alto, chelo y piano (1998), la finlandesa que por infortunios de la vida, no llegó a ser artista en residencia de la RFG, tal como estaba previsto, Saariaho había recibido la herencia de Sibelius y aspectos de Shostakovich por su fertilidad creativa, a lo que se uniría su admiración por Henri Dutilleux, y los oficios de los músicos centroeuropeos, y el manejo de nuevas tecnologías procedentes de las experiencias adquiridas en el IRCAM, de Pierre Boulez que se confirmará en un destacado catálogo en el conjunto de sus obras privilegiando indistintamente las formas instrumentales y vocales gracias a su capacidad e imaginación en lo relativo a la acentuación de atmósferas poéticas.
Podremos recordar obras suyas como D´om le vrai sense, dirigida por Baldur Brönnimann y el clarinetista Kari Kriikku, escuchada en abril de 2024, junto a obras de Erich Wolfgang Korngold y Kurt Weill, casi un homenaje a su figura. De la finlandesa destacan obras como Du cristal…à la fumèe, sobre un tejido sonoro sensual; Verblendungen, de trazos vigorosos o la ópera de notable divulgación L´ amour de loin, sobre texto de Amin Maalouf. Cendres fue encargo de la Gesellschaft für Neue Musik Ruhr y del Kultürburo de Hessen para el Wolpe Trío, una idea de análisis del espectro sonoro basado por momentos en el uso de la microtonallidad disponiendo cada instrumento de una tensión que auspiciaba el tratamiento de alturas, rítmicas, articulaciones y colores que la convertían en un modelo de idiomatismo que manifestaba su propio talante.
Carme Rodríguez: Unha estrela danzante (para clarinete, trompa, viola, contrabajo, percusión y piano), compositora con presencia frecuente en este ciclo como ya nos ofreció en la pasada cita con Alalá das Paixases Verticais, integrada en el registro Kaleidoscope del Isabel Pérez Dobarro, una pieza programática que epitomizada la costa gallega, tierra natal tanto de la compositora como de la propia intérprete, enraizando la tradición del Alalá, el canto solista y melismático que establecía un juego de contrastes dinámicos que entretejían un rico tapiz a través de la inspiración en la tradición autóctona. Unha estrela danzante, era una pieza que se inspiraba en el Nietzche de Así hablaba Zaratustra, a través de la coexistencia del orden y el caos, que se iría transformando entre pasajes armónicos, rítmicos y tímbricos en un diálogo que divagaba hacia una exploración de previsibles estructuras regulares que permitía aflorar una inestabilidad que se transformaba desde el interior de la propia obra.
Younghi Pagh- Pan (1945): U mul (El muro) (para flauta, clarinete, violín viola, chelo, contrabajo y percusión), un dialogo intercultural, dentro de esta ambición de descubrir la genuina dimensión de una épica popular libre y refinada. composición que por propia decisión, estaría destinada para el cierre del concierto, el título de la obra se presentaba como una metáfora de la profundidad interior y de la memoria, en sintonía con el pensamiento taoísta, cuyo desarrollo lineal se estructuraba mediante procesos sonoros contemplativos centrados por el timbre y las resonancias, especie de combinación de gestos inspirados en las tradiciones coreanas entremezcladas con las técnicas contemporáneas occidentales que ayudaban a recrean texturas ricas y sutiles, en las que las percusiones animaban a una escucha introspectiva y evocadora.
Cathy Milliken (1956): Three steps (para trompa, violín y violonchelo), ofrecida en cuarto lugar, era una pieza escrita en 2010, una manera de adentrarse en una dimensión simbólica, breve pieza comenzada con una apunte de trompa que animaba a la entrada de sus dos compañeros de cuerda a través de una imagen de inspiración tomada del Angelus Novus, en el que ambos instrumentos de cuerda, se repartían el motivo de inspiración, quizás ubicándose como los brazos y las alas de un ángel que se convertía en una peculiar danza de renovación o de muerte, una dualidad que mostraba entre guiños las deliberadas ambigüedades, convirtiendo los instrumentos de cuerda en sugerencias figuradas del Angelus Novus, en este especie de trío equilibrado que llega a la resolución de forma armónica y equilibraba.
Hilda Paredes (1957): Juegos prohibidos (para clarinete, violonchelo y piano), obra de 2019, que se plantea en el espacio de la dimensión ética, una meditación que se apoyaba en la realidad cotidiana de México, el drama de sus sufridos conflictos fronterizos con el gigante del Norte avasallador, una combinación de un distanciamiento forjado desde su país de origen en el que la conciencia artística se encuentra con perspectivas sin posibles ilusiones, la obra en sí misma, no guardaba afinidad con vínculos folkloristas, pendiente en grado distinto del uso de texturas enérgicas y sonidos de mágicas evocaciones. Para ella, escribir la obra, consistía en una respuesta a una petición de Vincent Domínguez, quien pondría sobre el guión un trabajo de profundas dimensione sociales mexicanas frente a los Estados Unidos, a través del recurso de un mundo de infancia traumatizado por separaciones destructivas.
Hannah Kendall (1984): Vera (para clarinete, violín, viola y violonchelo), compuesta en 2008, escuchada en tercer lugar, vendría marcada por una intensidad narrativa, una compositora con formación en la Exeter University, que se interesaría por la indagación de arreglos musicales y la profundización de universos inmersivos, que le facilitarían sus trabajos de libertad creativa a través gestos opuestos de sobrada intensidad. Vera, es una obra de dimensión episódica que otorga argumentos tanto a las tímbricas como a la gestualidad al margen de la tonalidad tradicional, desplegando un tejido de capas textuales a través de la cual aparecen los solistas y que se apoyan un juego de técnicas extendidas y variaciones que generan procesos multicontrastantes, con alternancia de pulsos y pasajes libres, impulsados mediante células en ostinato que dinamizan el discurso entre asomos de melodismo fragmentario integrado dentro de una armonía que se maneja como agregado sonoro, una forma que se articula a través de metamorfosis de breves motivos al tiempo que la carga expresiva se resuelve en contrastes dinámicos remarcados por la importancia de los silencios.
Ramón García Balado
Contemporáneas
JONDE / Ensemble Modern
Obras de Kaija Saariaho, Carmen Rodríguez, Younghi Pagh-Paan, Cathy Miliken, Hilda Paredes y Hannah Kendall
Casa das Máquinas, Santiago de Compostela
Foto © JONDE Courtiers