No es habitual escuchar una orquesta diferente en el Teatro Monumental sede de la Orquesta Sinfónica RTVE por lo que esto ya suponía un buen aliciente para disfrutar de una velada diferente. Si además la formación visitante era la Orquesta Ciudad de Granada, bajo la dirección de su actual titular Lucas Macías, se garantizó un programa en el que el depurado sonido de la formación andaluza se hizo eco en sendos conciertos consecutivos a principios de este mes de mayo. Por un lado, el Concierto para piano y el Segundo concierto para clarinete del norteamericano Alexey Shor, conformaron, respectivamente, las primeras partes de los conciertos en los que también se interpretó la Cuarta Sinfonía de Piotr Ilych Tchaikovsky en su segunda parte. Con una entrada en torno al 60% el pasado sábado y un público poco habituado a las liturgias de los conciertos sinfónicos -ya que aplaudieron religiosamente entre todos los movimientos- todo lo interpretado sirvió para demostrar la buena forma general y el fantástico equilibrio instrumental de la orquesta andaluza.
Lo que podemos decir de la música del matemático y compositor autodidacta Alexey Shor es que resulta inmediata, en la línea de unos intereses neotonales que ha defendido en diversas entrevistas desde que comenzara a experimentar con la composición en 2012. En ese sentido, el Concierto para clarinete No.2 fechado en 2025 envuelve una serie de temas de corte melódico, que se engarzan de forma rapsódica en un diálogo entre solista y orquesta, establecido sobre armonías sencillas y una orquestación funcional muy rimskyana. El hábil clarinetista italiano Fabrizio Meloni, quien además ofreciera el estreno de la obra el pasado año, se hizo cargo de defender la parte solista con una lectura contrastada y expresiva junto a un Lucas Macías al frente de la Orquesta Ciudad de Granada que arropó sin afectación y aportando matices de escarpado sonido, en una lectura notable, sin excesos retóricos, que dejó hablar a esta creación por sí misma.
Al igual que la Quinta Sinfonía de Shostakovich admite múltiples lecturas, algo de ese lenguaje en clave del compositor soviético parece beber de la Cuarta Sinfonía que su compatriota Tchaikovsky compusiera entre 1877 y 1878. Obra de profundo testamento psicológico, forjada en uno de los tiempos más turbulentos de su vida, marcado por un funesto matrimonio y su consiguiente huida de Rusia en busca de cierto sosiego, la cuarta no solo no es una obra triunfal -pese a que parezca lo contrario- sino un monumento a la resignación y a la asunción del destino, presente en forma de temible fanfarria inicial que resurge en el movimiento final. Resuelto con vocación lisztiana, el gran arco del primer movimiento se levanta mediante una pugna entre el destino y las ilusiones, juego que bien delineó Macías con gestualidad corta, eficiente, recalcando buen sentido del drama y un bonito fraseo al frente de la OCG que ofreció una noble lectura, intensa y cruda, pero lejos de cualquier atisbo de sentimentalismo.
Excelentes las maderas en el Andantino, in modo di canzona que se defendieron sin extrema dulzura, en sintonía con el juicio contenido y concentrado de Macías, que se reveló ágil, con chispa, en los pizzicati del Scherzo junto a, una vez más, unas fantásticas maderas en sus breves alocuciones. El, en apariencia, jubiloso Finale sonó con empaque y sonido redondo -aunque algo reverberante por el escaso aforo de público- gracias a una lectura incandescente y entusiasta que contrastó el retorno de la amarga fanfarria logrando cautivar al público y coronando un concierto que, de la primera parte a la segunda, fue de menos a más.
Justino Losada
Fabrizio Meloni, clarinete
Orquesta Ciudad de Granada / Lucas Macías
Obras de Shor y Tchaikovsky
Teatro Monumental, Madrid