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Crítica / Flujo y reflujo marino (Sinfónica de Galicia) - por Ramón García Balado

A Coruña - 05/05/2021

Ernest Chausson muestra en el conjunto de sus melodías una cuidada delicadeza, casi siempre escritas en tono menor, obras como Colibri, La lune blanche, Cantique à l´epouse pero muy especialmente esta delicia que es Le poème de l´amour et de la mer Op. 19, para voz y orquesta, un trabajo al que podrán encontrarse afinidades con otras aportaciones schumannianas.

Una obra que ocupará sus atenciones entre 1882 y 1890 y que mantendrá pendiente de conclusión mientras aborda su ópera Arthus, que la mezzo Sophie Koch tuvo en su agenda interpretativa. Voz cálida, de medios solventes por su delicadez de lectura en el cuidado de la poética demandada. En principio, compuesta para voz con acompañamiento de piano, acabará recibiendo la orquestación que conocerá el estreno en Bruselas en febrero de 1893. Quizás, en un principio, pudo seguir los modelos de Berlioz, Saint Saëns, Duparc y  Mahler no estará tan lejano como pionero en este estilo de sinfonismo en el que la voz merece el protagonismo necesario.

La obra está dedicada a Duparc, quien en compensación, le responderá con su homenaje Phidylé y críticos respetables, la relacionarán con el poema sinfónico Léonor de Duparc. Una tristeza sin amargura, redundará en una ensoñación que remite a una dulce resignación. El flujo y reflujo marino, se destaca por las breves frases musicales en sus variadas secciones. Un envolvente balanceo de olas dentro de un incesante diálogo sonoro. También Debussy supo valorar la composición por su tratamiento musical por su ritmo vital y especialmente por esa actitud que se da en calificar como élan vital, enlazada por el magnífico Interludio central, cara a la consecución del climax preciso.  En esencia, un vasto díptico, ciclo de seis melodías de seis poemas, separadas cada tres mélodies  por el interludio. Las tres primeras provienen de La fleur des eaux y las siguientes de La morte de l´amour, de Bouchor, del grupo de sus 94 poemas.

Temporadas con Dmtri Shostakovich  y esta vez con la Sinfonía nº 1, en Fa m. op. 10, obra que relevaba claramente la excepcionalidad de su talento y el dominio de la técnica, aunque obviamente acusaba influencias. En los movimientos primero y cuarto, descubría la influencia de clásicos rusos, la de Scriabin, en la sección inicial y final del movimiento lento y la de Prokofiev, en el tema principal del Scherzo. No obstante, tales influencias no llegan a ocultar la asombrosa homogeneidad del estilo ni la extraordinaria originalidad de la  instrumentación. La poderosa originalidad que se manifiesta sobre todo en el ámbito de la melodía, de la armonía tonal y modal distorsionada y en la amplia variedad de la expresión, que se extiende desde el humor específico y grotesco del Scherzo, al desbordante lirismo del movimiento Lento. En forma y medida para que González-Monjas, divida y ratifique las distancias de rigor entre Chausson y el díscolo compositor ruso.

Un Primer movimiento parte de la sonata clásica con tres temas, siendo el tercero similar a un vals contrastante, marcado por un ritmo de marcha. En el desarrollo el sonido se amplifica progresivamente desde los instrumentos de cuerda tratados de forma solista hasta un tutti dramático de cortas proporciones. Esos contrastes, determinan la expresión del mismo.

El Scherzo, destacaba pues en mayor medida sus ideas planteadas en un esquema tripartito y que muestra un humor caprichoso y grotesco. El Lento caracteriza un lirismo y una construcción sostenida por largas frases y una forma melódica que Shostakovich desarrollará plenamente sobre todo en años sucesivos. Hacia el episodio central, aparece el motivo de seis notas descendentes que serán fundamentales en el Finale, que se introduce con un tema caprichoso y virtuoso a cargo del clarinete que recuerda al primer movimiento. El juego de protagonismos orquestales, tras un episodio final, se presenta un tutti patético tras el que aparece una coda inesperada, rápida y plena de vida y de optimismo.

Ramón García Balado

Sophie Koch. Orquesta Sinfónica de Galicia / Roberto González-Monjas.

Obras de E. Chausson y D. Shostakovich

Coliseum de A Coruña

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