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CRÍTICA / El Cuarteto Quiroga, al encuentro del Beethoven inquietante (Festival Bal y Gay)

A Mariña, Lugo - 23/08/2020

La cualidad de residentes del Museo Cerralbo madrileño, y la responsabilidad de los instrumentos palatinos del Palacio Real, los históricos Stradivarius, se convirtió  en seña de  identidad del grupo. El apoyo del Museo Cerralbo, supone un reconocimiento a esas instituciones sensibles dirigidas por personas responsables, que ayudan a crear sinergias que nada tienen que ver con intereses ajenos. Ellos contribuyen a la proyección del Museo, llenando de música la casa y ayudando a que las artes se relacionen  entre ellas. Son instrumentos con mucho carácter, no se les puede forzar, hay que aprender a seguirles y sacar partido.

El Cuarteto Quiroga,  estuvo en la programación de la RFG, incluyendo Absolute Jest de John Adams, y viene a cuento por la obra del ganador del Premio Fronteras del Conocimiento 2019, de la Fundación BBVA, un compendio que partía de los Cuartetos Op. 131 y Op. 135 de Beethoven, la Gran Fuga, y fragmentos de dos sinfonías, la Cuarta y la Novena, añadiendo motivos de la Sonata Waldstein. Una serie de referencias que se estructuraban a través del entramado contrapuntístico  característico del propio Adams, confiriendo vida propia a cada línea melódica sin perder el sentido de la expresión ni los juegos de tensión y liberación. La disposición de la orquesta  alrededor del cuarteto de cuerda, le servía al autor para crear una nueva  idea de  espacio musical. Un necesario Beethoven el del Cuarteto Quiroga, desde la diáfana recurrencia a los cuartetos por sí mismos.

El Cuarteto en La m. Op. 132, en cinco tiempos, el Assai sostenuto, Allegro, tenso e  inquieto y en contraste por los estado de ánimo que expresa, se expande  en el Allegro, marcado por una respiración consecuente, que da cauce al segundo Allegro ma non tanto, forma de scherzo de dimensiones quizás poco comunes y que para estos  intérpretes, resultaba  la preparación para el Molto adagio (Canzona di ringrazimiento offerta alla divina divinità da un guarito, in modo lidio). Indiscutible centro de gravedad cuya línea melódica en su particularidad, genera sonidos de una situación profunda en su actitud contemplativa. El retorno a los modos antiguos, guarda familiaridad con los estados transcendentes y místicos, comunes en la música litúrgica. Nos quedamos en la ambigüedad tonal de modo lidio que le confiere un aire de magia, que contribuye a un desconcierto embriagador. El tiempo Alla Marcia, Assai vivace, en su vuelta de recuperación, supone una pausa de alivio y de cierta alegría, poniendo razones para entregarse al Allegro appassionato, uno de sus reconocibles grandes argumentos.

Un Boccherini imprevisto en un principio por el Cuarteto en Mi b M. nº 23, Op. 24, para relajar tensiones, del grupo de seis al que un Allegro moderato cambia las trazas que hubiésemos seguido con el previsto en Fa M. op. 135 beethoveniano, último y cargado de tintas con ese final que se pronuncia como Der schwer gefasste Entschluss (la decisión difícilmente tomada) que, a buen seguro, valdría como cierre de círculo. Al divino Boccherini, al parecer enfrentado a Brunetti y bien tratado por el infante Don Luís, le fluían con naturalidad ejercicios como los que compendian este grupo. Una etapa sin mácula que le aproxima al venerado F.J. Haydn pero que para nosotros, resultará gratamente reconocido en sus sonoridades planteadas en cada uno de los tiempos. Sobriedad pues que dejará razones en el Adagio en Si b y un volátil Minuetto, como no podría ser  menos- forma de  movimientos que en el músico de Lucca, parecen acariciar el cielo-, una acaparadora sensualidad a la que definitivamente contribuye su talante envidiado para dotarse de recursos en cuanto a las habilidades para captar las influencias ibéricas.

Ramón García Balado

Cuarteto Quiroga. Obras de L.v. Beethoven y L. Boccherini

Basílica de San Martiño, Foz

Festival Bal y Gay (A Mariña, Lugo)

Foto © Alberte Peiteavel

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