Con paso firme, Karel Mark Chichon suma una nueva sinfonía de Mahler a las tres primeras, interpretadas como titular con la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria. En esta ocasión la elegida fue la Quinta. Pieza puramente instrumental de transición entre las cuatro primeras, conocidas como sinfonías Wunderhorn, por estar relacionadas con la antología de poemas populares alemanes Das Knaben Wunderhorn, que Mahler pondrá en música en distintas ocasiones, incluyendo citas de las mismas en estas sinfonías, y las cinco últimas, más abstractas y sin el empleo de la voz humana, salvo la octava.
La Quinta Sinfonía de Mahler es una obra caleidoscópica, una pieza bisagra entre dos mundos, que conjuga los estertores decadentes de finales del XIX con el arrebato expresionista y visceral propios del siglo XX. Admite por tanto una gran variedad de lecturas y enfoques, todos ellos en principio válidos siempre que sean coherentes y se plasmen con efectividad.
Chichon nos propuso una lectura bien meditada y muy trabajada en la que buscó un equilibrio entre los dispares elementos que la componen, sin cargar las tintas en ninguno ellos. El primer y segundo movimientos, una secuencia de marchas fúnebres que alterna partes de carácter marcial, encomendadas al tutti comandado por metales y percusión con otras dolientes, lideradas por la cuerda, fue expuesto con carácter y sentido del pathos, junto a una certera plasmación agógica, lo que no evitó que los grandes climax sonaran excesivamente crispados, con una cuerda al completo, 60 integrantes, que no siempre lograba superar la barrera de metales y percusión. Con todo ello, se pudo desentrañar el desarrollo de los diferentes motivos, expuestos y desarrollados coherentemente, marcando con acierto el contraste entre los dos movimientos, doliente y depresivo el primero y más enérgico y rebelde el segundo, con la explosión del coral en los metales al final de este plasmada con solemnidad, pese a que el solista de trompeta, muy expuesto en su difícil y extenso cometido, no siempre alcanzó el nivel al que nos tiene acostumbrados.
El Scherzo obtuvo una plasmación bien balanceada entre la rusticidad de las tumultuosas llamadas de las trompas, y las partes danzables de los ländler austríacos. Espléndido el solista de trompa Miguel Morales Llopis y toda la sección, haciendo gala de un sonido brillante y con cuerpo como nunca ha tenido la Filarmónica de Gran Canaria en su sección de trompas, lo mismo que las maderas, una de las señas de identidad de la orquesta, que han mejorado aún más con las incorporaciones de los últimos años.
El famosísimo Adagietto obtuvo una lectura primorosa por parte de la batuta. De tempi adecuadamente balanceados, rubateada ampliamente pero sin excesos empalagosos, contrastada en las dinámicas, obtuvo una muy bella plasmación por parte de la sección de cuerdas, aunque los violonchelos no siempre sonaron con el empaste deseado. El climax de la primera sección y el contraste con la parte central, más desesperada, estuvieron certeramente interpretados, pero el gran climax que la cierra, bien preparado, sonó excesivamente contenido y algo apresurado en su conclusión.
El Rondó que da forma al último movimiento aportó el esperado contraste de exaltación y júbilo, con la plasmación del obsesivo tema principal acertadamente variada en sus reiteradas apariciones, gracias a una tímbrica bien destacada y una certera gradación de intensidades, con unos climax de texturas más aireadas en su abigarrada complejidad. Todo ello con el inestimable concurso de una Filarmónica de Gran Canaria que parece superarse con cada concierto.
La velada había comenzado con el Concierto para teclado en Sol menor BWV 1058 de Bach, transcripción de su Concierto para violín y orquesta nº 1 en La menor BWV 1041 a cargo del pianista Isaac Martínez Mederos, elegante y musical en el fraseo, de toque preciso y sonido buen modulado, acompañado por una reducida sección de cuerdas que proporcionaron un sonido certeramente bachiano, pese a su escasa frecuentación de este repertorio.
Juan Francisco Román Rodríguez
Isaac Martínez Mederos, piano.
Orquesta Filarmónica de Gran Canaria / Karel Mark Chichon.
Obras de Bach y Mahler. Auditorio Alfredo Kraus.
Las Palmas de Gran Canaria.