Música clásica desde 1929

 

Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / De polifonías y otros renacimientos - por Luis Mazorra Incera

Madrid - 14/05/2026

El grupo vocal de cámara Caeremonia, conformado por los cantantes: Daniel Huerta, director y tenor; Delia Agúndez y Rosa Miranda, sopranos; Maria Morellà y Elena Sánchez, contraltos; Fernando Campo, tenor, y Pedro Llarena y Alfonso Martín, bajos, junto a Mariel Peralta como actriz recitadora y dramaturga, plantearon un concierto que convocó gran cantidad de público y sana expectación. Un concierto que avanzó en el tiempo y sus estéticas, partiendo del Renacimiento patrio hasta alcanzar el estreno con el que culminaba (valiente) el programa. Un programa que se unía, así, al ciclo de cámara y polifonía Satélites de la OCNE en “su” Auditorio Nacional.

Dos partes de concierto, pues: Renacimiento histórico en la primera, y, “otros renacimientos” siempre activos y fértiles, de segunda.

Comenzamos por música especialmente inspirada, al margen de técnicas y estéticas (que también), Inter vestibulum et altare de Cristóbal de Morales. Una concepción lineal, transparente de la interpretación y del tactus, pulso uniforme. Una piedra de toque, Morales, difícil de superar por sus mimbres de partida.

Tomas Luis de Victoria era la siguiente parada y fonda de este recorrido: Lauda Sion Salvatorem de Victoria respondió, por brillantez y técnica, a la posición regia universal de este compositor abulense en el occidente musical de su época.

Ecce nunc benedicite, de nuevo de Victoria, evolucionó desde un inicio planteado antifonalmente en dos coros que se iba desarrollando con aquella lógica y… dificultad… para converger en un Gloria repartido con ingenio hasta un último acorde y suspiro, especialmente intenso.

Y de ahí a otro gloria de especial cuidado por sus expresivos cambios de movimiento general: O Rex gloriae de Estêvão de Brito.

Francisco Guerrero es otro puntal de este siglo de oro musical, longevo (para aquel momento) y dotado de muchas de las cualidades e inspiración, que acompañaron y acompañan a los músicos (y lo harán eternamente). Un poco como Morales (pero sin vida tan escueta). Todo cuanto puedo dar de este Guerrero nuestro (guerrero de la música…) presentó aquellas cualidades, en odres de mayor modernidad y delicadeza.

¡O celestial medicina!, también de Guerrero, es pieza más frecuente. Sus diversas partes ofrecieron hoy la oportunidad de recuperar una espléndida musicalidad, en la mayor discreción del cuarteto vocal.

Y entonces volvimos un tanto en el tiempo, abrazando letras profanas con otra figura destacada de este momento, aún anterior: Juan del Encina. Su Mi libertad en sosiego fue un ejemplo de su arte tan celebrado por todo el movimiento coral, especialmente en el mundo hispano.

Muy bella, Quien amores tiene de Juan Vásquez. Por amores la maldijo de nuevo de Vásquez mantuvo aquella sensación abierta, frente a las estéticas previas.

Què farem del pobre Joan de Mateo Flecha “el Viejo” como, con cierta ironía, Teresica hermana del mismo, continuaron aquel vergel de expresión más liberada.

La modernidad que abordaba la segunda parte del programa, nos llevó en principio a un clásico de estas lides, pulcramente resuelto y fluido: Tres epitafios de Rodolfo Halffter, para  Don Quijote, para Dulcinea (de nuevo nuevo en bis) y para Sancho.

Chitón de Juan Alfonso García, con su gracia, nos dirigió a la obra final: Diana de Raúl Torrico, estreno y encargo de la Orquesta y Coro Nacionales de España. Una obra trazada sobre los lomos de El perro del Hortelano “lopesco”, en ocho episodios con el preciso y precioso añadido de la recitación en la cálida voz de la citada actriz, Mariel Peralta.

— “Discreto y necio has andado…”.

Comprometidas afinaciones donde la disonancia surge como correlato de la riqueza sonora e interpretativa que la hace saber.

— “Tú sinceridad desnuda mi alma”.

Un final en disposición cerrada de gran efecto y virtud encendió los aplausos que se vieron recompensados con la propina, de vuelta a aquellos Epitafios. Una obra incombustible.

— “La muerte, espantable y fea. Dulcinea, Dulcinea…”.

Luis Mazorra Incera

 

Caeremonia: Daniel Huerta, director/tenor; Delia Agúndez y Rosa Miranda, sopranos; Maria Morellà y Elena Sánchez, contraltos; Fernando Campo, tenor; y, Pedro Llarena y Alfonso Martín, bajos.

Mariel Peralta, actriz y dramaturga.

Obras de Morales, De Victoria, De Brito, Guerrero, Del Encina, Vásquez, Flecha “el Viejo”, (Rodolfo) Halffter, Alfonso García, Torrico.

Satélites-OCNE. Auditorio Nacional de Música. Madrid.

 

Fotos © Jose Luis Pindado

1
Anterior Crítica / Despedida sin cierre - por Justino Losada