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Crítica / Cuarteto Quiroga: Haydn, Bartók y Brahms - por Ramón García Balado

Vilagarcía de Arousa - 04/07/2023

Impagable visita de nuevo del Cuarteto Quiroga al VI Festival Clasclâs de Vilagarcía de Arousa, para un programa en el que ofrecieron  obras de F.J.Haydn, B.Bartók y J.Brahms. Son ellos, como formación estable, los violinistas Aitor Hevia y Cibrán Sierra; el viola Josep Puchades y la chelista Helena Poggio. 

En su ideario bastará recurrir a los propios argumentos de su evolución y escuela. Aitor Hevia, nos pondrá  al tanto de quienes fueron sus maestros, en principio en la Escuela Reina Sofía con Rainer Schmidt, antes de seguir en la Hochschule  für Musik, de Basilea, con ese maestro y Walter Levin, reconociendo la labor de Hato Beyerle, con importante soporte, el músico que había sido viola fundador del Alban Berg Quartet, en la European Chamber Music Academy.

Para ampliar argumentos, Cibrán Sierra recordará las importantes influencias de Ferenc Rados, gran pianista y pedagogo húngaro; el compositor György Ligeti, András Keller, los eslabones de una cadena de cuartetos –Lasalle, Alban Berg, Hagen- de quienes sacarán su genealogía. Cibrán, justifica el nombre del grupo: du familia es de Pontevedra y su abuelo conoció mucho a Manuel Quiroga y a su hermano Emilio y él creció con la memoria de Quiroga. Para Helena Poggio, el hecho de un cuarteto requiere entrega y un sacrificio de intereses, refrendado por el paso del tiempo a través de las distintas escuelas. Para Josep Puchades, el cuarteto  goza de esa  inmensa fortuna por la suerte que les permite trasmitir lo recibido gracias a la docencia de sus maestros, avalada  por las escuelas que impregnarán una carrera reconocible.

F. Joseph Haydn con el Cuarteto para cuerdas Hob: III Op. 42, en Re m., obra perteneciente a breves cuartetos destinados a España, en 1784- en este caso al Marqués de Villafranca, obras que merecieron atención reciente en las actividades de la Fundación Juan March, en el ciclo Goya y el Haydn español-, datando su manuscrito autógrafo data del año siguiente, posiblemente una obra aislada. Composición que mostrará correcciones observables en el tipo de tinta diferente lo que asegura ese trabajo de revisión que constatamos especialmente en el Adagio.  Cuatro movimientos que no sobrepasan el cuarto de hora dejando una curiosidad  sobresaliente por sus resultados cargados de poderosa energía.

El Andante ed inocentemente, en Re m., se resolvía dentro de  la forma sonata sin excesos ni ostentaciones, a modo de una clara introducción, llegando al final con un detalle en pianissimo que preparaba el Minuetto (Allegretto), en Re M. de equilibradas proporciones que evocaban el conocido Op. 64, nº 5 (La alondra). El Adagio e cantabile, podía  tener familiaridad con Mozart, por su amplia melodía, serena y apacible, a lo largo de casi 50 compases. El Finale Presto, en Re m., destacó por su concisión remarcada por las técnicas de fugato, con la forma sonata. La segunda repetición, en ocho compases nos trasladaba del fortissimo al pianissimo, en su despedida.

Béla Bartók con el Cuarteto para cuerdas nº 3, Sz. 85, en Do sost. m., obra de 1927, estrenada en Londres por sus colegas el Cuarteto Waldbauer-Kerpely, en 1929, pocos días antes de que el histórico Cuarteto Kolisch lo ofreciese en una segunda audición, formación  que contribuyó a difundir la obra de los músicos de la Segunda Escuela Vienesa. Será el más breve de sus impresionantes seis cuartetos, siendo con ello el revelador de una densa escritura  muy elaborada a partir de cortos motivos melódicos que llegarán a considerarse como micromelodías, un anticipo de corrientes que tendrán vigencia en la actualidad –hablamos de Ligeti-, y cuyo personal resultado será una clara tensión dramática a consecuencia de su densidad, verdadero elemento conductor, gracias a una escritura contrapuntística y de tintes enmarañados, determinados por la diversidad de formas de ataque (armónicos, glissandi, martellato, sul ponticello, etc…). La idea conceptual del cuarteto, en lo tonal estará condicionada por el cromatismo. En definitiva, será el más audaz de los seis cuartetos.

Johannes Brahms y el Cuarteto para cuerdas Op. 51, nº 1, en Do m., obra que se desarrolla en los tiempos Allegro-Romanza (Poco Adagio)-Allegretto molto moderato e comodo y Allegro, perteneciente al grupo de dos cuartetos dedicados a Theodor Billeroch, ilustre cirujano vienés, además de dotado pianista, violista y violinista. Dos obras que materializan la fusión de ideas y que para Deiters, con respecto a la que tendremos, nos hallamos ante una paleta rica en colores maravillosos: tintas variadas, el más sombrío abatimiento en los  lances de pasión y que culmina en una tumultuosa energía en la coda. Un Brahms frisando la cuarentena, la noticia de estos dos cuartetos nos llegará por Clara Schumann.

Ya en el Allegro, a pesar de su continua tensión dramática, destaca por las diversas voces con la típica alternancia de la escritura polifónica de notable poderío de comunicación. La romanza, revela las cualidades del cuarteto, que se distancia de cualquier desmesura gracias a su voluntad expresiva que se mantiene con una entrega absoluta.

La emoción es siempre intensa y generosamente lírica. El Allegretto, presenta una singular forma tan de su estilo, a medias entre el intermezzo y el scherzo, sustentado por un espectro emotivo amplio y poco definido, impregnado en lo posible de un humor nórdico característico, al que se añade un trío de gracioso ritmo. El Allegro Final, observaba pues  un despliegue de riqueza melódica fuera de lo común y que para ciertos especialistas no deja de bascular dentro de un academicismo forzado, que logra fundir episodios excitantes con envolventes alientos de dulzura. Un cuarteto que se presentó el 29 de noviembre de 1873, en el Tonkunslerverein de Hamburgo en interpretación privada, casi al tiempo de la pública de los dos en el domicilio del doctor Billroth.

Soberbias lecturas tanto de Bartók como de Brahms y un detalle reseñable porque la velada lo exigía. El bis, mano de santo del Cuarteto Quiroga, el arreglo de la Panxoliña para Nadal de 1829, del m.c. José Pacheco, de la Catedral de Mondoñedo, cuyo legado fue estudiado por Carlos Villanueva en su tesis Los villancicos gallego de la Catedral de la Catedral de Mondoñedo. Esta pieza exultante, elegida para los bises levanta entusiasmos arrebatados entre los adicionados y como tal, está incorporada a su registro The London Music Nights. Corren a  otras latitudes divulgadas, interpretaciones como las de Efraim Díaz o Bandas tradicionales. Siempre los cancioneros y las herencias legadas por los maestro de capilla, son fuente inagotable de fecundas sorpresas.  

Ramón García Balado        

    

Festival Clasclâs, Vilagarcía de Arousa

Cuarteto Quiroga

Obras de F.J. Haydn, Béla Bartók y J. Brahms

Auditorio de Vilagarcía de Arousa

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