Tras un primer y exitoso concierto navideño a finales de 2024, llamaba la atención el regreso de la directora de orquesta polaca, Barbara Dragan, para comparecer ante la Orquesta Sinfónica RTVE y el escasísimo público que el pasado viernes visitaba el Teatro Monumental en el II concierto del ciclo de Jóvenes Músicos de la misma formación en la actual temporada 25/26. Con un programa de sumo interés, tanto por inhabitual como por estimulante, se escucharon la muy desconocida Muerte de Pan del holandés-danés Leopold Van der Pals, el esquivo y opacado Concierto para piano de Jules Massenet, que contó con la pianista francesa Eloïse Bella Kohn como solista y la revolucionaria, y más frecuente, Sinfonía en Re menor, del belga César Franck.
Las coordenadas estéticas que acotan la música del cosmopolita Leopold Van der Pals (1884-1966), nacido en la Rusia zarista de familia con ascendencia danesa y neerlandesa y formado en Suiza, país en el que residirá de por vida tras cosechar éxitos en la Alemania imperial, como el estreno en 1909 de su Sinfonía No.1 a cargo de la Orquesta Filarmónica de Berlín, jalonan una personal perspectiva en la que la gestualidad romántica se entrevera de giros modernistas al servicio de una voluntariosa factura lírica. A ello llega mediante un depurado lenguaje de clara ambigüedad tonal que se impregna de oscuras texturas impresionistas desde una nutrida orquesta como ocurre en Pan’s Tod o Muerte de Pan de 1913, cuyo fúnebre carácter mitológico parece preludiar la Gran Guerra. Con moderada garra dramática y correcto manejo de las tensiones internas, construyó este poema sinfónico Barbara Dragan ante una muy atenta Orquesta Sinfónica RTVE que desplegó la amplia gama de colores y el sonido diáfano, denso por superposición de capas sonoras, que está obra requería.
Mucho antes de que llegara el éxito de sus óperas, Jules Massenet, tras marchar a pensionado a Villa Medici, sede de la Academia francesa en Roma al ganar el conocido premio homónimo en 1863, comenzó los bocetos de un concierto para piano que, posiblemente por diversos proyectos de ópera cómica una vez retorna a París en 1866, quedó relegado hasta casi cuatro décadas después cuando lo concluye rápidamente, siendo ya sexagenario, durante tres meses de 1902. Resultado y acogida fueron, al igual que la obra, de otro tiempo. El público no perdonó esa rara hibridación que recoge cierto aura beethoveniana –son evidentes los gestos al quinto concierto, incluida la tonalidad inicial- extravagancias y arrebatos lisztianos, como los del rústico final de aires eslovacos y, también, un pianismo rapsódico, de salón, muy periclitado para el comienzo del siglo. Sentido hoy y, más allá del interés por exhumar una partitura tan poco transitada, queda uno con la sensación de escuchar música de buena factura, si bien exenta de redondez, de quien pretende conciliar un juvenil torrente de ideas, muy bien desgranadas por la parisina Eloïse Bella Kohn con los medios de un paisaje creativo de madurez. Ligera, ingeniosa y directa, Kohn afrontó con acierto y muy buena articulación una lectura jubilosa, juvenil, con una garbosa Orquesta Sinfónica RTVE que dio lo mejor de sí comandada por una servicial Barbara Dragan que sumaba con su acompañamiento. Tras los aplausos y como bis, la pianista francesa ofreció una interpretación algo apresurada pero bien construida de Clair de Lune de Claude Debussy con la que cerraba la primera parte.
Un también sexagenario César Franck sería quien nos legase una de sus obras maestras al concluir en 1888 su única Sinfonía. Escrita en la tonalidad de re menor y dividida en tres movimientos, esta música cataliza el novedoso despliegue de motivos cíclicos que, desde las tres notas iniciales, edifica una obra de sonido monolítico, de color bruckneriano –que recoge, además, el gusto del compositor por la escritura para órgano- y cierta ampulosidad wagneriana sobre un motor rítmico de herencia clásica. Con tempi cómodos, la directora polaca enfiló una versión repleta de didactismo, bien detallada y excelente balance orquestal que permitió escuchar los motivos simétricos en la cuerda, habitualmente tapada por maderas y metales en esta obra. Pese a algún pasaje emborronado que requirió más precisión, como el arranque del Allegro non troppo final, la interpretación, correcta de por sí, y pese a su diáfano criterio se quedó, quizás, algo corta en incisividad, lo que hubiera mejorado un concierto que, siendo no especialmente brillante, estuvo bien servido.
Justino Losada
Eloïse Bella Kohn, piano
Orquesta Sinfónica RTVE / Barbara Dragan
Obras de Van der Pals, Massenet y Franck
II Concierto Jóvenes Músicos
Temporada de la Orquesta Sinfónica y Coro RTVE 2025/2026
Teatro Monumental, Madrid