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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica - Conversaciones con Joyce (Liceo de Cámara - CNDM)

Madrid - 11/02/2019

El último concierto del Cuarteto Quiroga en el Liceo de Cámara XXI del Centro Nacional de Difusión Musical fue una jugada a tres bandas, con ellos como principal actor protagonista, pero con dos actores de reparto que podrían eclipsar a cualquiera que se pusiera frente a Peter Eötvös y Jörg Widmann, que elevaron el concierto a niveles de primicia y de categoría internacional. Esa tarde de sábado, pocos escenarios del mundo juntaban tanto genio en tan escaso espacio y tan poco tiempo. Ambos, además, son consolidados compositores y ambos reputados intérpretes. El primero, goza de su prestigio como continuador de una importante tradición húngara (de Bartók a Kurtag, pasando por Ligeti) y una dedicación a la vanguardia ejemplar, mientras que el segundo, más polifacético, es un clarinetista libre pero sólido y un compositor sorprendente (una de las mejores obras escritas en los últimos años es su Trauermarsch, para piano y orquesta), un verdadero genio, palabra que debe emplearse con cautela, pero que con Widmann se hace necesaria conjugar.

Ante tamaño reto y compañía, el Quiroga, ya instalado en un casi constante estado de gracia (recientemente han sido Premio Nacional de Música; en breve podrá leerse una entrevista al Cuarteto en la revista RITMO de marzo) no podía comenzar el concierto con una música que no estuviera a la altura de sus invitados, y que compartiera similar atención por la vanguardia y la originalidad: Bartók. Ese Segundo Cuarteto de cuerda que nace y muere en un silencio sobrecogedor, una música de un más allá expresivo que ellos mismos registraron en su grabación Terra y que, con el tiempo, arropan de matices y delicadeces, pero delicadeces sembradas de tensión e inquietud, la misma de una música colosal, puede que la más grande de todo un convulso siglo que se anuncia en estos pentagramas sombríos y tenebrosos como ellos solos (el Allegro central, que de “allegro” tiene poco, mostró la cada vez mayor perfección sonora como conjunto que el Quiroga ha ido desarrollando con los años, incluso en el volumen, de una considerable belleza y redondez).

Los vasos comunicantes se mantuvieron en la obra de Eötvös Joyce, que indudablemente bebe de la inagotable fuente literaria de James Joyce y su Ulises, dando voz el clarinete al personaje judío de Leopold Bloom. Joyce, que se instala como obra maestra de la música de cámara actual, se fundamenta en toda la gran música europea de finales del XIX y del XX, con algunos guiños evidentes y con otros más velados. Y con sentido del humor, algo poco habitual en la creación actual, que a veces fagocita la música a la elevada inteligencia de su autor y en la incomprensión del público. Desde la primera nota, público, intérpretes y compositor establecieron una unión que en muy pocos casos se da en la música actual culta, la que exige escuchar con atención para su disfrute. Estoy seguro que si hubieran repetido alguno de los siete movimientos, el público lo habría agradecido.

Si la interpretación de Widmann en Joyce mostraba al compositor tan dotado que toca la música de un colega vivo, al interpretar de manera tan impetuosa el precioso Quinteto de Weber, con más de doscientos años de vida, se nos apareció de una actualidad rabiosa, interpretada como si ellos dieran la primicia de la obra y su felicidad interpretativa fuera una acumulación de sensaciones, del mismo modo que habían hecho minutos antes con Joyce. Y el Quiroga, rodeado de estos genios y estas músicas, eran uno más entre ellos. Tan cómodos unos y otros.

Gonzalo Pérez Chamorro

+ Info en Programa de mano

Cuarteto Quiroga, Jörg Widmann, clarinete.
Obras de Bartók, Peter Eötvös, Weber.
CNDM, Liceo de Cámara.
Auditorio Nacional de Música (Sala de Cámara),
Madrid, 9 de febrero de 2019.

Foto: El Cuarteto Quiroga junto a Jörg Widmann, clarinete, interpretando Joyce, de Peter Eötvös (foto de Ben Vine).

 

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