La Orquesta Nacional de España con los excelentes solistas: Vida Miknevičiūtė en el papel de Sieglinde, soprano; el tenor Nicky Spence en el también comprometido y relativamente extenso de esta guisa (atril en ristre, por cierto) de Siegmund; y la impactante voz de bajo de Jongmin Park como Hunding, todos dirigidos por David Afkham, fueron los indudables protagonistas de un nuevo programa en la intensa temporada de dicha institución. Última del director titular citado que volvió a mostrar hoy sus cualidades, atentas, flexibles y detallistas, sobre un denso repertorio.
Un programa en un solo acto, sin descanso para el público, que se centraba en la puesta en atriles, en versión de concierto, del, también primer acto de La valquiria de Richard Wagner.
Un programa que tenía, sin embargo, un aliciente añadido… quizás oculto… ¿furtivo…? Una obra que habrá quien piense que hacía de “telonera” de la citada, tan celebrada y salida de la mano del genio de Leipzig, pero que, como muchos de los teloneros que en este mundo han sido, son y serán, se elevó muy por encima de este (supuesto) papel de “actor secundario” (“de reparto” dicen ahora en ámbitos fílmicos… o sea… los premiados “sólo” porque “saben-hacer” excelentemente lo suyo… su profesión… ¡nada más y nada menos!).
Más aún (digo lo de telonero de antes) cuando se iba a escuchar después la introducción instrumental correspondiente que prepara este primer acto de facto (y la ópera por extensión/omisión…) creada por su propio autor e indisoluble con el acto citado (... y la ópera en su conjunto, si me apuran… Tetralogías aparte…).
Conrado del Campo sobre tema no menos trascendente de El Infierno de La Divina Comedia de Dante Alighieri, era el responsable de aquel primer plato (que no entrante, vaya) de este concierto de temporada de la Nacional en castizo día de San Isidro (el pase inaugural de la semana, al que asistimos).
Poema sinfónico de tomo y lomo en la tradición rica, progresiva y adelantada, de este fértil género que se extiende con muchos de sus epígonos más aplaudidos, a bien entrado el siglo XX, entre ellos, por qué no, este madrileño universal.
Interpretación intensa, bien articulada por todos, en andas de la “temperada” conducción del podio. Y es que la aspiración sublime, utópica, imposible quizás, al fin y al cabo romántica en estado puro, del poema sinfónico, fecunda esta música que a menudo se clasificade de wagneriana, no tanto por comparación con el propio Wagner (con el que teníamos ocasión hoy precisamente, de verificar/refutar/contrastar… esta frecuente tesis…) sino en la balanza de otros coetáneos, sus contextos y estéticas “canónicas”, círculos, taxonomías y declaraciones.
Y sí, esto sí que es un FOCUS-Festival o, al menos, el logro natural de esta iniciativa anual de la OCNE: la promoción de la música (sinfónica en este caso) española, con la afluencia de público que responde (corresponde) a su excelencia y atractivo, sin marginalidad (positiva o negativa, que tanto me da), con la relevancia que se merece.
Dante y Del Campo, Del Campo y Dante unieron fuerzas aquí, brillaron por presencia y ausencia, por expresión o impresión en esta primera pieza, al margen de otras prejuicios propios o ajenos.
La Valquiria de Richard Wagner, aún en su primer acto, es toda una apuesta de programación que, enlazada con todo el esfuerzo que le rodea, demuestra un compromiso mantenido en esta temporada de despedida de Afkham.
Tres solistas excepcionales, como apostillé de entrada, adornados por todas las cualidades que elevan este imponente repertorio. Entre ellas: una dicción impecable, coherencia estética con una poderosa proyección vocal expresiva y equilibrada, entre sí y con la orquesta (quizás algo superior en Sieglinde o Hunding, que en Siegmund).
Por su parte, una orquesta especialmente volcada en su rol. Arranque activo y estimulante desde un primer momento, con esa energía y determinación que exige la atmósfera inquietante que se trata de crear (al margen de los ingredientes dramáticos y teatrales sustraídos a la Gesamtkunstwerk…). Como en su final, especialmente resolutivo, esperanzado y, a su manera, seráfico.
Luis Mazorra Incera
Orquesta Nacional de España / David Afkham.
Vida Miknevičiūtė, soprano; Nicky Spence, tenor; y Jongmin Park, bajo.
Obras de Del Campo y Wagner.
OCNE. Auditorio Nacional de Música. Madrid.