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Crítica / Clara en Leipzig - por Ramón García Balado

A Coruña - 20/11/2021

En programa también Rakastava Op. 14 de Jan Sibelius y la Sinfonía nº 5 , en R M., de Sir Ralph Vaughan Williams. Clara Schumann queda pues como reflejo de una afinidad testimonial y el resultado fue este Concierto en La m. Op. 7, obra de una joven virtuosa en pleno estado de gracia, en un retorno a Leipzig y en medio de un ambiente familiar lleno de gratas noticias. Será para ella la ocasión de compartir momentos como el encuentro con los integrantes del Cuarteto Müller y otras giras que le darán la ocasión de disfrutar de una segura promoción social, en una joven a la que le llovían los elogios.

Los Wieck, vivieron meses de parabienes mundanos, en medio de enriquecedoras experiencias compartidas y las disputas a veces excesivas, sobre las primacías de los jóvenes talentos, entre los que ella se encontraba con opiniones a veces esquivas como la de Herz. Estamos en la llegada a Leipzig en la primavera de 1832 y Clara se había convertido en una virtuosa de absoluta aceptación social, que tocaba un tanto forzada, mientras crecía la consideración entre los grandes pianistas europeos. Habría que pensar en Liszt, Moscheles o Field, como obligados referentes. Su dominio entonces sobresalía por una interpretación de carácter, para una joven de su edad y por su apasionamiento elegante y gracioso.

La obra en cuestión resulta la culminación de días felices, para el otoño de 1832, sería un 9 de noviembre y en esa fecha, Felix Mendelssohn dirigió la prestigiosa orquesta de la Gewandhaus de Leipzig y la entrañable Clara actuó como solista, en un programa que incluía no solo el reciente Capricho en Si m., del mismo año (interpretándolo como un pequeño demonio y que al parecer agradó bastante), el Concierto en Re m. para tres pianos de J.Sebastian Bach que tocó con Mendelssohn y el joven pianista de Bremen, Louis Rakemann,  además del Concierto en La m. Op. 7, que resultará en su idea un claro homenaje al maestro, amigo y admirador Spohr, un músico que dejará una importante escuela de talentos.

La obra había sido concebida en el espacio de los meses recientes y será su padre quien confiese que el movimiento final, sería añadido posteriormente, o al menos revisado hasta quedar concluido. Clara, en este concierto sobrado de jovialidad, ofrece una composición de gratos perfiles para la opción de la solista con querencias lejanas tanto con la ciudad como con la propia orquesta.

Jan Sibelius, en una de esas obras aparentemente menores pero reconocibles por su estilo, Rakastaba O. 14 (El amante), un trabajo curioso por su tratamiento, ya que en un principio, venía de una composición para coro de hombres a capella, a partir de tres cantos de la tradición del Kantelar y que se dio a conocer gracias a un concurso celebrado en Helsinki, el 28 de abril de 1894.

La obra dará razones al autor, para transformarla años después, en 1911, en una curiosa y entretenida suite para orquesta de cuerda y percusión (triángulo y timbales) y definitivamente, se convertirá en pieza preferente en ese posible apartado de obras menores, gracias a las cualidades de su agradable melodismo, idea de una afortunada transcripción de lo que había sido una pieza coral sencilla, en lo que se recibe en forma camerística. Un aperitivo en una distendida aportación para prepara la entrada de Marianna Prjevalkaja.

Sir Vaughan Williams con la Sinfonía n 5, en Re M., composición de muy personal factura y que curiosamente, porque viene al caso, está dedicada a Jan Sibelius, para conocer su estreno el 24 de junio de 1943, año convulso por el  momento histórico. En ciertos aspecto, conserva el mensaje de esperanza de su obra A Pastoral Symphony nº 3, de comienzos de los años veinte y estrenada por Sir Adrian Boult. Para conformarla, no dudará en recurrir a temas procedentes de la ópera The Pilgrim´s Progress y que no terminará hasta 1949. Cuatro tiempos, en los cuales, el Scherzo se presenta en segunda posición, al igual que en la Octava.

El preludio Moderato, quedaba  anunciado por un tema de dos trompas, en Re Mayor, sostenido por un pedal de la cuerda sobre Do natural, al que respondía un tema de los violines y que trasluce un clima modal.  El Scherzo, vivo y animado, concedió a la Romanza, en la que asoman elementos de The Pilgrim´s Progress, con la melodía del corno inglés de la entrada y la Passacaglia (Moderato), nos concedió  un argumento sereno que más de un analista, encontrará próximo a Brahms. Un tema de los chelos, repetido diez veces (con variaciones), previo al trombón y la tuba, sirvió  como enérgica contramelodía, con  aspectos de un himno que anunciaban  la coda final.     

Ramón García Balado  

    

Marianna Prjevalskaja. Orquesta Sinfónica de Galicia / Rumon Gamba.

Obras de Clara Schumann, Jan Sibelius y Ralph Vaughan Williams.

Palacio de la Ópera, A Coruña

Foto: Marianna Prjevalskaja.

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