Una estilizada técnica pianística con pose ciertamente impecable, casi fílmica, puesta al servicio de una prodigiosa partitura por parte de Jaeden Izik Dzurko, dio con una lúcidamente articulada versión del Cuarto concierto para piano y orquesta de Ludwig van Beethoven con la Orquesta de la Comunidad de Madrid dirigida por Joana Carneiro en el Auditorio Nacional de Música.
Un Concierto, éste de Beethoven, de pujanza, inspiración y contraste estético extraordinarios, y donde la técnica se percibe siempre al servicio de la música. Más aún en las manos del estilizado solista del día de hoy.
Preciso sonido al teclado, plasticidad en el discurso, brillantez cuando es menester siempre entendida en su contexto, todo, en apariencia, consecuencia de una estampa al piano, como dije, realmente ejemplar. Dije impecable, y no puedo encontrar otro adjetivo más adecuado. Posición de brazos, manos, talle, sobriedad, movimientos de conjunto… que me recordaron otros momentos y baluartes ya desaparecidos de la técnica pianística. A años luz de “fenómenos” actuales de eterna juventud. Lo celebro, más aún refiriéndome, como es el caso, al reciente Primer premio del Concurso Paloma O’Shea de mi tierra natal.
Las dos propinas encendieron al público, especialmente la segunda de ellas donde se mostró un pianista espectacular. Todo un acicate y exhibición.
Tras el descanso, la Misa en do mayor de Beethoven respondió a esta limpia tonalidad y armadura. Bellas voces, bella conjunción en una pieza que presenta ingredientes clásicos de la tradición heredada combinados con la plena y germinal identidad romántica.
— “Lumen de lumine.”
Una versión envolvente tanto por su presencia acústica como por la virtual simetría del compacto gesto directorial de Carneiro que la inspira.
— “Qui propter nos homines…”
Un Credo pleno de contrastes en cada una de sus diversas e inspiradoras secciones que propician su letra, hasta alcanzar la celeridad de unos fugados a los que respondió un coro especialmente preparado, antes del correspondiente Amén.
— “Et vitam venturi.”
El Sanctus, junto al Benedictus, conjugó la potencialidad coral demostrada antes y mostrada aquí en todo su esplendor, con los compromisos y dificultades solventadas (de menos a más) por el cuarteto solista, hoy conformado por: Emöke Baráth, soprano; Teresa Iervolino, mezzosoprano; Filip Filipović, tenor; y Jan Antem, barítono.
El Agnus conjuró todas aquellas fuerzas, manteniendo la tensión hasta alcanzar sus últimas y, no por consabidas, menos acuciantes palabras:
— “Dona nobis pacem.”
Una petición… siempre oportuna.
Luis Mazorra Incera
Jaeden Izik Dzurko, piano.
Emöke Baráth, soprano; Teresa Iervolino, mezzosoprano; Filip Filipović, tenor; y Jan Antem, barítono.
Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid / Joana Carneiro.
Obras de Beethoven.
ORCAM. Auditorio Nacional de Música. Madrid.