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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Bárbara bávara - por Darío Fernández Ruiz

Santander - 21/08/2022

La Camerata Salzburg y la violinista muniquesa Arabella Steinbacher fueron los protagonistas de una de las citas más esperadas de esta edición del Festival Internacional de Santander. La expectación se debía en buena parte a la anunciada presencia de Janine Jansen en el Palacio de Festivales, pero la celebrada intérprete holandesa causó baja a ultimísima hora por problemas de salud, lo que propició el imprevisto debut de Steinbacher en la veterana cita estival cántabra.

No resulta difícil imaginar el estrés que una situación así debe suponer para la organización, obligada a lidiar con un estresante cruce de llamadas y mensajes, súbitos cambios de programa y frenéticas gestiones que rara vez evitan la lógica decepción del público y a menudo resultan en la faena de aliño de un segundón desconocido. Por ello, urge destacar que éste no fue uno de esos casos y que el equilibrio, la armonía y esa contagiosa alegría que sólo emana de la música buena y bien interpretada se adueñaron de una Sala Argenta que premió el desempeño de orquesta y solista con merecidos y cálidos aplausos.

Para empezar, se pudo mantener el programa previsto, que proponía una embriagadora sucesión de melodías y emociones ante la cual incluso el oyente más insensible cae irremediablemente rendido: el Adagio del quinteto para cuerdas de Bruckner, el Concierto nº 4 para violín y orquesta de Mozart y la Serenata nº 2 de Brahms. Pero es que, además, la Camerata Salzburg, fervorosa guardiana del “sonido Mozart”, se mostró en un momento de forma espléndido, exhibiendo -particularmente en violonchelos y contrabajos- ese timbre limpio, carnoso y aterciopelado que tanto conviene a la música del genio de Salzburgo y dejando entrever, cuando fue necesario, las aristas que asoman en la armonía bruckneriana e incluso en ese curioso homenaje que Brahms hizo al divertimento dieciochesco. 

Y, hablando del siglo XVIII, qué decir del sonido poderoso y radiante que Arabella Steinbacher extrajo de su Guarnieri del Gesù. La interpretación plena de matices que hizo de la deslumbrante partitura mozartiana dejó claro que esta violinista alemana, discípula de Ana Chumachenco y profesora visitante de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, es dueña de una caudalosa musicalidad y una técnica admirable. Sin aparente esfuerzo ni aspavientos, con un brazo derecho permanentemente relajado, Steinbacher dibujaba unos movimientos elegantes y sutiles que acabaron por encandilar al espectador y hacerle caer una vez más en el eterno engaño de creer que tocar los pasajes más virtuosísticos está al alcance de cualquiera y que aquello no acabaría nunca. Un cuento de niños en el que, como deseaba Walter Donovan en Indiana Jones y la última cruzada, nos gustaría despertar.

Darío Fernández Ruiz

 

Arabella Steinbacher, violín

Camerata Salzburg, Gregory Ahss y Firmian Lermer, directores

71º Festival Internacional de Santander

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