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Crítica - Aunamiento en torno a Chaikovski

Sevilla - 26/12/2019

La vuelta del maestro Axelrod (al que no veíamos hace casi dos meses) y de Juan Pérez Floristán en el 3º concierto de abono no podía habernos traído más disfrute, por cuanto al estado de gracia con el que se presentaban estos músicos se añadían sorpresas, como recuperar a la orquesta bajo la concha acústica, y ganar con ello un sonido más entroncado, menos disperso que cuando su colocación devora las primeras filas del patio de butacas. Desde luego con esta sensación de cohesión también está relacionada la batuta del maestro Axelrod, al presentarnos un programa Chaikovski con dos de las piezas icónicas del compositor ruso y otra apenas en repertorio, Hamlet, una “obertura-fantasía” que de hecho la orquesta la interpretaba por primera vez. Y con no ser muy oída y sin las apasionadas melodías de las obras que la seguían, Axelrod hizo una lectura imponente, acaso la mejor de las que habíamos escuchado antes en disco. Desde el inicio de la cuerda, compacta y luminosa, hasta la explosión de los metales en el Vivacissimo admiramos una algarabía de colores, de texturas y un muestrario de intensidades (que arrancó desde un Lento lúgubre) que el maestro de Tejas supo equilibrar, enlazar y contrastar.

La presencia anual de Juan Pérez Floristán nos asegura uno de esos momentos que el aficionado siempre espera, es decir, que el intérprete llene de música la sala y alcance de pleno a los espectadores. Y lo hacía con el que puede que sea para el público “el concierto” entre todos los conciertos de piano: el Primero de Chaikovski aunque, eso sí, con la particularidad de ofrecernos la versión original. Parece que pudo ser Alexander Siloti, factótum musical y editor del compositor, quien pudo hacer los cambios que han prevalecido hasta ahora -modelados por la tradición rusa-, de acuerdo con los criterios decimonónicos que buscaban obras impactantes.

El problema es que el concierto de Chaikovski no es tan hercúleo, fibroso, ciclópeo como habitualmente lo conocemos, sino más bien lírico, poético y emotivo, antes que heroico. Con estas trazas y con ese pellizco personal que siempre incluye el joven pianista sevillano se fue urdiendo el tejido que conformó la obra. Y si el contundente comienzo nos lo presentaba rebajado de bravura, en el Andantino alcanzaba el nivel intimismo y delicadeza en dosis muy elevadas, contando siempre con la complicidad de la orquesta. Y es que Axelrod se entrega en los acompañamientos, a la vez que ambos músicos consiguen un nivel de connivencia muy alto, de manera que podemos hablar de un gran vivacidad en el constante intercambio de protagonismo solista-tutti, cuya fluidez aparecía como natural. La orquesta estuvo muy a la altura, tanto en el encantamiento de ese segundo movimiento como lo había estado en el tercer tema del primero, destacando los violines liderados por Eric Crambes, especialmente sobre las sordinas del tema, junto con la flauta de Juan Ronda, el fagot de Javier Aragó o el oboe de José Manuel González.

Cuanto decimos para el concierto podemos firmarlo para la Cuarta sinfonía, que Axelrod dirigió de memoria, y no por puro lucimiento, sino por el denodado trabajo que evidenciaba con la orquesta, tanto en sus brillantes contrastes, como en el distingo de los planos sonoros o la corporeidad del conjunto. Podemos referirnos al poderoso primer movimiento, aunque si queremos disparidades complementarias quedémonos mejor con el oleaje envolvente del pizzicato del Scherzo, que chocaba con el Allegro central de maderas y metales fusionando con coherencia una canción popular con una marcha militar de desfile.

No solemos hacer mención a distinciones o nombramientos, pero queremos recoger la concesión del premio Paraíso, otorgado por la Asociación de Amigos de la ROSS a John Axelrod, haciéndonos ver su presidente que a Pérez Floristán también se le concedió, al igual que a su padre, el director, profesor y musicólogo Juan Luis Pérez. Acentuaba la idea de ilusión, de maravilla, de burbuja en una tarde de intensas lluvias y viento desconsiderado.

Carlos Tarín

Juan Pérez Floristán, piano. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla / John Axelrod.
Obras de Chaikovski.
Teatro de la Maestranza, Sevilla.

Foto © Guillermo Mendo

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