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Crítica / Audaz construcción mahleriana - por José Antonio Cantón

Alicante - 04/11/2026

La tercera visita del maestro húngaro Ádám Fischer al Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA), la primera fue en febrero del año 2016 con la Orquesta Sinfónica de Viena logrando una Quinta Sinfonía de Beethoven memorable, ha posibilitado que los aficionados de esta ciudad disfruten del arte de uno de los mejores mahlerianos de su generación dirigiendo la Düsseldorfer Symphoniker, orquesta de la que es director principal, interpretando la Tercera Sinfonía en Re menor de Gustav Mahler, obra con la que el compositor quiso hacer un inmenso y a su vez místico homenaje a la naturaleza, entendida esta como manifiesta creación de todo lo que existe desde el sustento y materialización de sus propias reglas que la llevan a ser posible.

La herencia artística y musical que Fischer recibió de la objetividad técnica del mítico fenomenólogo del arte de la dirección musical, su compatriota Hans Swarowsky, se hizo patente en su interpretación de esta trascendente sinfonía desde su primer movimiento que, aglutinando su enorme extensión, expuso como si fuera un vasto paisaje sonoro de imágenes que se sucedían desde proclamaciones audaces y asertivas hasta pasajes fugados ásperos y grotescos, pasando por gritos de desesperación y una melodía de marcha alegre y popular que venía a normalizar de algún modo las tensiones que se vienen sucediendo en su discurso, variedades expresivas fruto de un análisis exhaustivo de la partitura que se apreciaba por la naturalidad de la indicación del director y por la inmediata respuesta orquestal de una formación que conoce como titular en detalle, aspecto que favorecía la exposición de la sustancia indicación de carácter del compositor, Con fuerza y decisión, comprometiendo a todos los músicos a una organización de las tensiones que presenta la obra liderada por la percusión, que se manifestaba densa en sonido y, a la vez, ágil y poderosa en precisión rítmica.

En el segundo tiempo, Fischer hizo gala de una capacidad expresiva desde su muñeca realmente prodigiosa, contrastando con la solemnidad del movimiento anterior a partir de su humorístico contenido de tempo de danza folclórica, que supo asumir con especial delectación y gracia la sección de viento-madera, consiguiendo que los gestos del director tuvieran sentido cinético en la clarificación de su música como si fuera un tupido encaje de sonidos producto de la mejor ejecución camerística imaginable, factor sorprendente en su determinación en una plantilla orquestal de enorme tamaño como la que se presentaba.

Acomodándose al aire estival que propone Mahler, Ádám Fischer condujo el tercer tiempo haciendo un ejercicio de evocación plástica enormemente sugestivo acentuado por el sonido ausente, fuera del escenario en el fondo de la sala, del curioso timbre cálido, dulce y a la vez penetrante del fiscorno, que se situaba a medio camino entre la trompa y la trompeta, consiguiendo que pudiera recordar al característico sonar de la corneta de postas.

Con el advenimiento del cuarto movimiento, muy lento, misterioso y de suave dinámica se pudo disfrutar del emocionante arte vocal de la mezzo-soprano escocesa Catriona Morison, situada fuera del escenario en un palco , hecho que servía para singularizar su actuación al realzarse la proyección de su voz. Así quedó de manifiesto la nobleza y aterciopelada profundidad de su timbre producto de sus redondos resonadores que le permitían conseguir un legato y fiato prolongados y le posibilitaban mantener suspendidas la líneas melódicas de esta página de alto grado contemplativo, todo ello desde una afinación verdaderamente impecable que facilitaba la expresividad dramática que requiere este momento de la sinfonía, favorecida por su precisa y clara dicción de las consonantes impulsando el sentido de su canto, que la cantante expuso con una sobriedad y destacada emotividad mística. Su actuación fue determinante en el lucimiento de las indicaciones del maestro Fischer, que dejaba constancia de su arte de director de voces, como quedó reflejado también en el tratamiento dado al Coro de Niños de la Coral Juan Bautista Comes de Valencia y al Orfeón Universitario de Valencia dirigidos por Cristina Contreras y Francesc Villadecabres respectivamente, bajo la dirección conjunta de la coordinadora coral Mireia Barrera, que posibilitó de manera casi plástica la imitación del sonido de campanas de iglesia con un encantador efecto edificante de vital inocencia en el inicio del penúltimo tiempo con el resonante y descriptivo pasaje “Bim, bamm!” con el que se inicia el quinto tiempo sobre algunos motivos de la famosa colección poética titulada Des Knaben Wunderhorn.

Haciendo toda una declaración técnica de la forma de conducir la música, Ádám Fischer planteó todo un ejercicio de la morfología del compás, especialmente en el tratamiento de la anacrusa y de la síncopa, en la exposición del tiempo lento que cierra la sinfonía, llevando al máximo de valor expresivo su ejecución, combinando tensiones y oscilaciones cinéticas con tal fuerza y tensión que justificaban la bondad, verdad y belleza interminables de una interpretación que le acreditaba como uno de los mahlerianos más relevantes de la actualidad,  fiel seguidor de los postulados orquestales innovadores del gran sinfonista bohemio, como ya quedó constatado fehacientemente en su visita anterior al ADDA con la Primera Sinfonía “Titán” en el mes de abril del pasado año 2022.

José Antonio Cantón

 

Düsseldorfer Symphoniker

Solista: Catriona Morison (mezzo-soprano)

Coro de Niños de la Coral Juan Bautista Comes. Directora: Cristina Contreras

Orfeón Universitario de Valencia. Director: Francesc Valldecabres

Directora preparadora coral: Mireia Barrera

Director: Ádám Fischer

Tercera Sinfonía en Re menor de Gustav Mahler

Sala sinfónica del Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA) / 26-X-2026

 

Foto © Susanne Diesner

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