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Crítica / Andrè Schuen: el heredero - por Francisco Villalba

Madrid - 29/03/2021

En 2019 ya nos visitaron el barítono Andrè Schuen y el pianista Daniel Heide en el ciclo de Lied en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Schuen, el mismo año, interpretó en el Teatro Real el papel de Olivier de la ópera Capriccio de Richard Strauss, en una fabulosa representación que perdurará por mucho tiempo en mi memoria. La impresión que me causo en aquellas ocasiones se ha confirmado en esta última. Con sus 37 años es ya un consumado intérprete de lied. Se diga lo que se diga, cuando un cantante es grande, generalmente, no es necesario que pasen los años para que lo demuestre. 

En esta ocasión se enfrentaba, junto a su habitual pianista, Daniel Heide, nada más y nada menos, a uno de los ciclos cima del arte liederista, Die Schöne Müllerin (La Bella Molinera) de Schubert, dentro del Ciclo Círculo de Cámara del Círculo de Bellas Artes, en Madrid.  

Es una obra de una exuberante primera parte y una melancolía segunda que se adapta a las mil maravillas a las condiciones vocales e interpretativas del barítono. Yo diría que incluso su juventud le favorece a la hora de interpretarla. Schuen, poseedor de una bellísima voz de barítono lirico, que discurre sin dificultad en todos los registros. 

No se puede cantar con más jovial energía la primera canción del ciclo “Das Wandern” Decía la inmensa Christa Ludwig que un recital de lieder había que comenzarlo ya con la voz caliente; pues Schuen así lo hizo, con arrojo y sin esperar a calentar motores. Desde esta primera intervención el barítono supo ofrecernos los innumerables matices de cada una de las canciones que integran el ciclo, con una inteligencia asombrosa y una variedad de matices caleidoscópica. 

Conmovedora su interpretación de Der Neugierige, (El curioso) cuya sublime estrofa O Bachlein meiner Liebe, cantada en un escalofriante piano fue algo para no olvidar.  Apabullante de arrojo al exclamar Dein ist mein Herz en Ungeduld (Impaciencia) con la pasión incontrolable de un joven enamorado. Escuchamos la emoción, el recogimiento y la melancólica tristeza de la obra, expresada con magistral dramatismo de la mejor ley.

Con el sosegado Des Baches Wiegenlied (La canción de cuna del arroyo) cantado con exquisito sosiego con una media voz acariciadora concluyó el concierto, dejándonos emocionados y conmovidos.

En todo momento Daniel Heide, al piano, fue el perfecto complemento del barítono.

Una velada para el recuerdo.

Francisco Villalba

Andrè Schuen, Daniel Heide

Die Schöne Müllerin (La Bella Molinera) de Schubert

Ciclo Círculo de Cámara del Círculo de Bellas Artes, Madrid

Foto: el barítono Andrè Schuen y el pianista Daniel Heide / © DG

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