Entre los conciertos en los que el ADDA invita a formaciones musicales de prestigio destacó el celebrado con el protagonismo de la Orquesta Filarmónica de Eslovaquia bajo la dirección de Daniel Raiskin cerrando la gira de seis conciertos que esta formación ha realizado por España a lo largo de la primera semana del presente mes de marzo. Dos solistas de reconocido palmarés artístico se han dado cita en esta ocasión, el bajo-barítono Marko Mimica, nacido en Zagreb y la violinista moldava Alexandra Conunova, interpretando los Cantos y danzas de la muerte de Modest Mussorgsky, en la versión de Dmitri Shostakovich, y el Concierto para violín y orquesta en Re menor, Op.46 de Aram Khachaturian, respectivamente.
Desde una conducción eminentemente académica del director se inició el concierto con Las variaciones sinfónicas en Do, Op. 78 de Antonín Dvořák, obra de mucho éxito en su momento pero que no deja de ser un ejercicio orquestal de cierta pretensión. La orquesta mantuvo su buen talente artístico en su transcurso, destacando el buen hacer de su anunciado en el programa Director Principal que conoce bien al instrumento y sabe sacar partido de cada una de sus secciones instrumentales. La interpretación fue de menos a más, destacando las dos últimas variaciones y el allegro final, en cuyos pentagramas los músicos crearon un mejor clima de dialogada conjunción entre ellos.
Seguidamente abordaron la interpretación de una pieza en la que se puede percibir hasta qué grado Mussorgsky y Shostakovich hacen que la voz exprese un sentimiento de respeto ante la muerte, dejándola en un estado de soledad expresiva realmente sobrecogedor. El bajo Marko Mimica asumió esta responsabilidad destacando su canto sobre los oscuros colores de los vientos en la nana que abre esta colección de cantos de poética realista sobre el final de la vida, después de adaptarse a los registros graves que en ella se proponen y a la extensión de algunos intervalos que obligan al cantante a cuidar la emisión haciendo un esfuerzo de colocación y activación de sus resonadores, ante la aterradora quietud de la inminente muerte de un hijo. En la Serenata, orquesta y solista entraron en la distorsionada melodía de una seducción macabra que destila esta canción, en la que el arpa imitaba el sonido subyugante de una mandolina. En la tercera, Trepak, la tensión interpretativa fue incrementándose conforme se acercaba su final en el que el cantante pudo expresar su registro en toda su amplitud facilitándose la oportunidad lírica que permite la partitura hasta presentarse la muerte del ebrio campesino que describe el contenido de su cantado poema. En la última, que refleja el trágico final de una batalla, la interpretación llegó a su punto más destacado lográndose la mejor conjunción entre los dos elementos intervinientes dejando una sensación de impactante efecto emocional. Surgió así la primera respuesta complaciente de un público que aplaudió la profunda y bien impostada voz del croata Marko Mimica en una obra de gran virtuosismo canoro.
Con el único concierto para violín que compuso el armenio Aram Khachaturian en 1940 se presentaba en el escenario del ADDA la violinista moldava Alexandra Conunova con su nuevo instrumento, terminado de construir el pasado mes de diciembre por el lutier alemán Martin Schleske, un verdadero gurú de esta profesión en la que con un sentido musical por encima de toda consideración respecto de su cometido ha sabido fundir un profundo conocimiento artesano con la ciencia de la micro-acústica logrando así un violín asombroso, yendo más allá incluso al orientarlo en su sonoridad a la personalidad artística y técnica de esta violinista, con el que ha dado toda una lección magistral de cómo un instrumento se convierte así en una consustancial proyección material de su ser musical.
Entendida de este modo la sonoridad surgida en el escenario del auditorio alicantino, hay que centrar su valoración comentando que el primer movimiento lo inició con enérgica ferocidad tocando al unísono con la orquesta, que se sentía impelida a través del maestro Daniel Raiskin a una tensión colectiva de mayor nivel, antes de evolucionar hacia un tema de cierta rudeza lírica que inició con una figura feroz y enérgica que eventualmente evolucionaba hacia el segundo tema, que interpretó enfatizando su rústico lirismo. El embriagador segundo movimiento, Andante sostenuto, que evoca el estilo ondulante y de desarrollo gradual de los sones de los trovadores armenios, lo manifestó la solista dejando una sensación fluida de cierto carácter improvisado que le daba un aire de ensimismada espontaneidad. Siguiendo en gran medida el material del tema secundario del primer movimiento, el Allegro vivace final lo tocó haciendo valer su inspiración popular, destacándola como factor predominante desde un virtuosismo implacable y ardiente. El director se dejó llevar en todo momento ante el tremendo temperamento emocional de esta sensacional intérprete, que vino a serenar las intensidades musicales experimentadas en esta espectacular obra de Khachaturian con un bis en homenaje a su patria, Moldavia, tocando un estudio de Ştefan Neaga, uno de los compositores más valorados de dicha nación durante la primera mitad del siglo XX.
Para terminar la velada Raiskin escogió dos pasajes de las Danzas polovtsianas de Alexander Borodin contando con la participación del Coro Amici Musicae de Zaragoza dirigido por Ígor Tantos Sevillano, que cumplió con amplitud los postulados de esta famosa escena de coros con la que se cierra el segundo acto de la ópera El Príncipe Ígor que puso un toque final espectacular a un concierto con un muy interesante programa, que tuvo un plus de excelencia en la portentosa actuación de la violinista Alexandra Conunova.
José Antonio Cantón
SLOVAK PHILHARMONIC
Coro Amici Musicae. Director: Ígor Tantos Sevillano
Solistas: Alexandra Conunova (violín) y Marko Mimica (bajo-barítono)
Director: DANIEL RAISKIN
Obras de Dvořák, Mussorgsky/Shostakovich, Khachaturian y Borodin
Sala sinfónica de Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA). 8-III-2026