Tornaba el Cuarteto Casals por quinta vez al Auditorio Nacional el pasado 9 de abril para responder ante la última convocatoria del ciclo Universo Shostakovich que el Centro Nacional de Difusión Musical ha diseñado para ofrecer el ciclo de cuartetos del compositor soviético en colaboración con La Filarmónica. De esta manera, se ofrecieron sus Cuartetos Nos. 13, 14, y 15, afligidas partituras que dejaban entrever el conflicto vital de un músico consciente de un tiempo que se terminaba al reducirse su calidad de vida, de la asunción de su inevitable destino al asumir la muerte y lejanía de sus amigos y, también, de los recovecos de una psicología que continuaba proyectando sus destellos de ironía alternada con cándidos remansos de autoindulgencia.
Escrito en verano de 1970 mientras Shostakovich estaba internado en el Centro médico de traumatología en Kurgan, el Cuarteto No.13, creado en tres secciones interpretadas sin solución de continuidad, está dedicado al viola Vadim Borisovsky, miembro del Cuarteto Beethoven, agrupación con la que el compositor había trabajado durante más de treinta años y que estrenó buena parte de su música de cámara. Articulado sobre un tema inicial de doce notas a cargo de la viola –instrumento cuyo rol será clave en el cuarteto- la obra estriba su condensada intensidad en su estructura tripartita, con un scherzo central, obsesivo, que cuenta con toques de percusión al emplearse el arco para golpear la caja del instrumento. Con un balance sensacional y una poderosa definición sonora, el Cuarteto Casals, muy apegado a la cartografía sentimental del compositor, desentrañó los estáticos y sombríos adagios extremos en los que la viola de Cristina Cordero extrajo todo su poder expresivo como, por ejemplo, en el crescendo conclusivo hasta el muy medido unísono final, servido con extraordinaria pulcritud y rango dinámico por los violinistas Vera Martínez–Mehner y Abel Tomàs.
De un talante algo menos taciturno, el Cuarteto No.14, también dedicado a otro miembro del Cuarteto Beethoven, en este caso, el violonchelista Serguéi Shirinski, nos indica también sobre el papel preponderante de su instrumento. Fechado en marzo de 1973 y con una estructura alejada del canon al eludir la reexposición formal en el primer movimiento, Shostakovich vuelve a experimentar con un lírico tema dodecafónico de funcionalidad tonal en el Adagio que fragua una introspectiva serenidad perfilando una atmósfera de profunda introspección, que se extiende al Allegretto conclusivo. El Cuarteto Casals y, especialmente el violonchelo de Arnau Tomàs, dieron todo lo necesario para estar al servicio de la música en todo momento y optaron por una interpretación austera, parca de vibrato, de corte abiertamente clásico que, con seguridad y lucidez, presentaba la música con toda su lógica interna.
Algo más de un año posterior, el Cuarteto de cuerda No.15 de mayo de 1974, es último jalón del ciclo. Estructurado en seis tiempos lentos enlazados entre sí, el cuarteto ostenta un carácter lamentoso cantable –y, en general, elegíaco- que, desde el primer tema modal, el Cuarteto Casals desgranó con tensión discursiva, en equilibradísima proyección de efectivos. Trazando un arco de modélica gradación dinámica entre diversos y muy disciplinados largos pasajes en pianísimo, los integrantes del Casals no solo evidencian una convincente disciplina de conjunto, sino un estilo sobrio que deja hablar al compositor a través de su música. Así, esta creación crepuscular, por momentos de un estatismo trascendental, se entrevera con lapsos melódicos que el compositor se permite tras asumir con resignación su precaria existencia, que, como apunta Luis Suñén en sus notas, presencia la muerte de sus amigos como el violinista David Oistrakh, el chelista Vasili Shirinski o el exilio de Mstislav Rostropovich. Estas coordenadas psicológicas, bien aprehendidas por el Cuarteto Casals, permitieron una intensa interpretación de extraordinario nivel cuyo tenso silencio final –de no ser por un inoportuno teléfono móvil- hizo que el público tardara varios segundos en reaccionar con una cerrada ovación. Sin lugar a dudas fue la mejor señal de lo que había ocurrido.
Justino Losada
Cuarteto Casals
Obras de Shostakovich
Liceo de Cámara - Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM)
Temporada 25/26
Auditorio Nacional, Madrid
Foto © Elvira Megías