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Opinión / ARIA, sorprendente apuesta por la ópera en prime-time - por Darío Fernández Ruiz

22/01/2026

Han pasado unos cuantos días desde la emisión del cuarto y último programa de ARIA en TVE y no logro salir de mi estupor, pues resulta verdaderamente sorprendente que un programa semejante no solo haya logrado llegar a la televisión generalista, sino que se haya emitido en prime time a través de La 1 y RTVE Play.

Contribuye a mi perplejidad el paradójico hecho de que los medios especializados en música culta, que lamentamos frecuentemente la falta de presencia del género lírico en las grandes plataformas de difusión, apenas se hayan (nos hayamos) hecho eco de una propuesta que buscaba democratizar la ópera y, al mismo tiempo, presentarla como un arte vibrante y accesible para todos los públicos.

Creo que el esfuerzo ha merecido la pena. Este talent show, basado en un exitoso formato internacional, ha resultado ser una pequeña joya visual y musical, con ritmo ágil, presentación visual muy atractiva, comentarios atinados y, al tiempo, desenfadados y un claro valor de servicio público, como se ha podido apreciar en el eco que, esta vez sí, ha tenido en las redes sociales.

El concurso se ha desarrollado a través de cuatro episodios diseñados con una estética contemporánea y un despliegue técnico de más de 900 m² de plató. En las dos primeras galas, los diez concursantes se dividieron en dos grupos de cinco. Así, en cada programa, tras actuar acompañados por los cuarenta y cinco músicos de la Franz Schubert Filharmonia dirigida por Tomàs Grau, el jurado profesional seleccionaba a los mejores y dejaba a dos “en la cuerda floja”. Los concursantes en peligro debían cantar una pieza a cappella para que el “Juez Secreto” decidiera quién era eliminado. La identidad de este juez se mantuvo incógnita hasta la gala final, al término de la cual se supo que se trataba del tenor Javier Camarena. Ocho concursantes compitieron en la semifinal (cantando duetos) para conseguir una de las seis plazas de la Gran Final, donde se eligió al ganador.

El jurado profesional estuvo compuesto por tres reputadas figuras: la soprano Isabel Rey, el divulgador musical Tenor Zapata y la directora de orquesta Virginia Martínez. La conducción del programa corrió a cargo de Ruth Lorenzo y un impagable Mario Marzo. Creo que la experiencia de ambos y su pasión por el género aportaron la cercanía necesaria para conectar con el espectador joven.

A lo largo del concurso, pudimos descubrir perfiles muy diversos que rompen con los estereotipos del mundo de la lírica, como Ginés Vargas, un contratenor que descubrió su registro por casualidad, Esaú Pérez, un joven tenor de veintidós años con raíces en el rock, Jorge Pazó, un prometedor bajo profundo de solo veinte años que compagina el canto con los estudios de Física, Carmen Bosó, soprano valenciana de gran vis cómica, Marina Cuesta, soprano lírico-ligera con mucho talento dramático... Sin embargo, el certamen se definió entre sus tres finalistas, cuyas trayectorias vitales y artísticas resultaron conmovedoras. Hablamos de Guillem Batllori, Aseel Massoud y Klaudya Teruel, tres jóvenes que se encuentran en condiciones de debutar sobre el escenario de cualquier teatro y ver así cumplidos sus sueños.

Guillem Batllori, barítono catalán, llegó al programa con bagaje internacional tras haber trabajado en teatros de Alemania y en su paso por el concurso mostró un bello timbre y una notable solidez vocal, tanto en Non più andrai como en el dúo con Papagena y, claro está, en el aria de Escamillo que eligió para la final, donde quizás pudo mostrarse menos estático. Por su parte, Aseel Massoud, médico, musicoterapeuta y soprano siria residente en Barcelona que fusiona sonidos árabes, catalanes y flamencos en sus proyectos, fue una simpática Papagena junto a Batllori y cantó un meritorio Sempre libera de La Traviata en la final.

Queda, en fin, la justa ganadora del programa: la soprano malagueña Klaudya Teruel, que tras una carrera prometedora en el extranjero, al parecer tuvo que alejarse de la música por una depresión profunda. En su regreso a los escenarios a través de ARIA, tras años cantando en restaurantes y hoteles, Klaudya reveló una voz muy bien educada, homogénea, dotada de un timbre cálido, muy seductor que encandiló como Musetta en su primera aparición y que recordó a Maria Callas durante unos instantes del Casta Diva que le dio la victoria. Lo mencionó el jurado y así nos lo pareció. Además, a esa gran baza con que contaba de partida, sumó la nobleza de la emisión, igualdad de color en toda la tesitura y una gestualidad contenida. No sé muy bien a qué esperan los programadores para escucharla y, acto seguido, contratarla.

Al alzarse con el triunfo, ha obtenido un premio de quince mil euros y la oportunidad de actuar en el Festival de Música y Danza de Granada. Dicen que su victoria no es solo un éxito personal, sino la confirmación de que la ópera, cuando se presenta con respeto y modernidad, sigue teniendo el poder de emocionar a millones de personas.

Yo sólo sé que me gustaría escucharla algún día sobre el escenario de un teatro. Se lo merece.

por Darío Fernández Ruiz

 

Foto: la soprano malagueña Klaudya Teruel, ganadora de ARIA, talent show de TVE.

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