Como #lecturasdeverano, continuamos con la publicación en abierto de las distintas entrevistas realizadas en la sección “Contrapunto”, publicadas en nuestra revista RITMO en su edición de papel, a personalidades de la cultura, y que solo estaban disponibles en dicho formato.
En esta ocasión publicamos la realizada para la revista de junio de 2025 (por Gonzalo Pérez Chamorro).
Este mes de junio puede verse en el Centro Dramático Nacional (Teatro Valle-Inclán) La Patética, montaje teatral del dramaturgo y director de escena Miguel del Arco, una comedia con un protagonista trágico decidido a que el final de su vida tenga como banda sonora el sublime arrebato emocional de la famosa Sinfonía de Tchaikovsky. Damos la bienvenida a nuestro contrapunto de junio a Miguel del Arco.
por Gonzalo Pérez Chamorro
¿Recuerda cuál ha sido la última música que ha escuchado?
Un fragmento de un musical que está componiendo Arnau Vilà con libreto mío.
¿Y recuerda cuál pudo ser la primera?
Seguramente no fue la primera, pero sí la primera que veía un musical en pantalla grande en el cine de mi colegio, West Side Story. Quién sabe si fue el principio de todo.
Teatro, cine, pintura, poesía… ¿A qué nivel pondría la música con las demás artes?
Creo que es la más directa de todas. No necesita ningún tipo de explicación. Basta un acorde para hacerte volar. Como dijo Shakespeare, “cuántas veces el oído nos malea el corazón”.
Qué habría que hacer para que la música fuera pan de cada día…
Que en este país nos tomáramos en serio la educación (el respeto por la cultura vendría como lógica consecuencia).
¿Cómo suele escuchar música?
Cuando camino por la calle, cuando hago ejercicio, cuando cocino, cuando estudio o cuando me siento única y exclusivamente a escuchar música.
¿Qué ópera (o cualquier obra musical, etc.) le hubiera gustado componer?
West Side Story.
¿Qué personaje le hubiera gustado cantar o interpretar en el escenario?
Aaron Burr en Hamilton. Acabo de verlo en Londres y es una barbaridad.
¿Teatro o sala de conciertos favorita?
El Teatro Real.
¿Un instrumento?
La voz humana.
¿Y un intérprete?
La Callas.
¿Un libro de música?
Últimamente todo lo que tuviera que ver con Tchaikovsky. Vida y cartas del propio compositor, por supuesto, y la biografía de Alexander Poznanski.
Por cierto, qué libro o libros tiene abierto ahora en su mesa de lectura…
Imposible decir adiós, de Han Kang, y El laberinto español, de Gerald Brenan.
¿Y una película con o sobre música?
Cantando bajo la lluvia, la película que contiene el secreto de la felicidad.
¿Una banda sonora?
Las horas.
¿Cuál es el gran compositor de música española?
Seguramente Falla o Albéniz, pero creo que al qué más puedo tararear es a Manuel Alejandro. Mi naturaleza es profunda y orgullosamente mestiza.
¿Una melodía?
Tengo la Sexta Sinfonía de Tchaikovsky grabada a fuego… Me voy al campo a ver si me la quito un poco de encima.
¿Con qué música le gustaría despedirse de este mundo?
Como dice Tchaikovsky, con la que comienza en la nota grave que sale de la tierra.
¿Un refrán?
“De perdidos al río…”. Soy kamikaze.
¿Una ciudad?
Roma.
Como director teatral, ¿cómo definiría la ópera y que límites le impone?
Es la combinación perfecta entre música y teatro.
Hasta el 22 de junio se puede ver su obra sobre Tchaikovsky, La Patética, en el Teatro Valle-Inclán, del Centro Dramático Nacional. ¿Por qué Tchaikovsky?
Porque me fascina su música. Y su vida me venía bien para contar la del protagonista Pedro Berriel, un director de orquesta obsesionado (al igual que el compositor) por su actividad creativa, por su legado artístico y su condición sexual.
¿Qué cree que le sobra a este país? ¿O qué le falta?
Le sobra lo que Emil Cioran definió como nuestra trágica falta de seriedad. Le falta amor por la cultura para poder imaginarse realmente como un país moderno.
Háblenos de un trance cultural o musical en su vida que se le haya quedado grabado…
Teodor Currentzis dirigiendo la Sinfonía Patética de Tchaikovsky en el Auditorio Nacional de Música.
Si pudiera retroceder a un momento de la historia de la humanidad, ¿dónde iría Miguel del Arco?
A Canarias en julio de 1936 para matar a Franco antes de que volara a Tetuán. Y así tendría casi un mes para llegar después a Granada para poner a salvo a Federico García Lorca.
¿Qué cosa le molesta en su vida diaria?
La falta de empatía.
Cómo es Miguel del Arco, defínase en pocas palabras…
Creo que soy intenso, amoroso y preparado siempre para el humor. Lo que afortunadamente me salva (a ratos) de mi propia intensidad.
Foto © Vanessa Rabade