Música clásica desde 1929

#Lecturasdeverano #Contrapunto / Entrevista con EMILIO DEL RÍO

14/08/2026

Como #lecturasdeverano, continuamos con la publicación en abierto de las distintas entrevistas realizadas en la sección “Contrapunto”, publicadas en nuestra revista RITMO en su edición de papel, a personalidades de la cultura, y que solo estaban disponibles en dicho formato.

En esta ocasión publicamos la realizada para la revista de octubre de 2025 (por Gonzalo Pérez Chamorro).

 

EMILIO DEL RÍO

Escritor, comunicador y profesor, entre otras muchas dedicaciones, Emilio del Río es colaborador de No es un día cualquiera y Las mañanas de RNE de Pepa Fernández en RNE con la sección "Verba Volant", dedicada al latín y a la cultura clásica, así como el director del podcast en RNE, Locos por los clásicos, Premio Ondas 2024.

por Gonzalo Pérez Chamorro

 

¿Recuerda cuál ha sido la última música que ha escuchado?

Al italiano Francesco de Gregori. Escuché hace unas semanas a un músico callejero cantar “Sempre per sempre” en la plaza Quattro Canti una de las plazas más bellas del planeta, de esa ciudad increíble que es Palermo. La tarareo en bucle, supongo que se me pasará. Siguiendo a Gil de Biedma: “Era un lunes de agosto /después de un año atroz, recién llegado / Me acuerdo que de pronto amé la vida”.

¿Y recuerda cuál pudo ser la primera?

No la recuerdo, pero quiero pensar en alguna de las nanas que me cantaron, seguro, mis padres. Me nacieron en 1963, entonces no se grababa todo en vídeo como ahora. Me gustaría poder ver un vídeo de mis padres cantándome en aquella época. Somos el olvido que seremos. De cuando tengo el recuerdo de que me atrapara una música, eso fue Mozart, en clase de música en el colegio.

Teatro, cine, pintura, poesía… ¿A qué nivel pondría la música con las demás artes? La música va directa al alma. Las otras artes te persuaden, la música te posee. Los clásicos lo tenían muy claro, desde Pitagoras a Séneca que escribió: “No hay cosa que tanto deleite al alma ni la incline a la virtud como la música.” La música te cambia el estado de ánimo, para bien o para mal, como dice Woody Allen en “Misterioso asesinato en Manhattan” al salir de la ópera: “Cada vez que escucho Wagner me dan ganas de invadir Polonia”.

Qué habría que hacer para que la música fuera pan de cada día…

Hay que educar que la música no es el ruido de fondo, sino el alimento del alma. Hay que enseñar que la música no es un lujo, sino una necesidad.

Porque no se trata solo de saber solfeo, sino de saber sentir.

¿Cómo suele escuchar música?

Depende del día… A veces como quien se toma un café: por rutina, para acompañar el ritmo. Otras, como quien lee un poema: con atención, con devoción. Y otras veces, simplemente la dejo entrar, como el sol por la ventana. Escucho música en los auriculares, pero también en la ducha, en el coche, al cocinar… como un hilo invisible que va cosiendo el día. Borges escribió que los libros nos eligen a nosotros, no nosotros a ellos, de la misma forma tengo cada vez tengo más claro que no elegimos nosotros las piezas musicales, nos eligen ellas. Hago mío “ni un día sin música”, adaptando la frase del escritor latino Plinio: nulla dies sine musica (el original es nulla dies sine linea).

¿Qué ópera (o cualquier obra musical, etc.) le hubiera gustado componer?

Como profesor de mitología clásica —y autor de una Historia de la Mitología Clásica— la ópera forma parte del aire que respiro. Sin la mitología, no se entiende la ópera. Porque la ópera nace de los grandes relatos, de los mitos que hemos contado desde siempre para explicar lo que sentimos y lo que tememos. La primera ópera es un mito, el Orfeo de Monteverdi. Dicho esto, me habría gustado componer “Turandot” de Puccini, aunque solo fuera por "Nessun dorma", y ser Calaf para cantarlo.

¿Qué personaje le hubiera gustado cantar o interpretar en el escenario?

El príncipe Calaf de “Turandot”, para cantar “Nessun dorma”, y Orfeo. El poeta que baja al infierno con una canción. ¿Qué más se puede pedir? Es el origen de la ópera y el mito más musical que existe. De Orfeo viene esa frase que todos conocemos: la música amansa a las fieras. Porque él lo hizo literal. Con su lira, calmó a las bestias, detuvo los ríos, hizo llorar a los árboles... y lo más increíble: conmovió al mismísimo Hades, dios del inframundo, que le permitió llevarse de vuelta a Eurídice. Aunque la historia no acabó bien. Pero ese instante en el que la emoción vence a la muerte, ese es el corazón de la música… ese es Orfeo.

¿Teatro o sala de conciertos favorita?

El Teatro Real de Madrid y La Fenice de Venecia. Me gustaría haber estado aquel 6 de marzo de 1853, cuando Verdi estrenó en La Fenice una de sus obras más queridas: La Traviata, que fue tan mal acogida por el público, para ser el único que la aplaudía ese día.

¿Un instrumento?

El que mejor imita la voz humana: el violonchelo.  El violonchelo piensa en voz baja, como quien habla solo en una habitación vacía. Y si lo toca alguien como Pau Casals, Jacqueline du Pré, Iris Azquinezer o Mstislav Rostropovich, entonces el instrumento ya no es un instrumento: es un amante que se acerca.

¿Y un intérprete?

Iris Azquinezer, una violonchelista que desde niña dialoga con Bach, con composiciones propias, que no solo interpreta maravillosamente, sino que crea. Es una de las grandes y la tenemos en España. Iris Azquinezer es obligatoria.

¿Un libro de música?

Uno no, tres. Hay tres libros de Fernando Sáez Aldana que me parecen básicos para cualquier amante de la música —o para quien quiera empezar a amarla de verdad—: Músicas con historia, Guía práctica para escuchar música e Historias de arte y música. Tres títulos que iluminan, emocionan y enseñan sin adoctrinar; que te hacen comprender la música desde dentro. Después de leerlos, no vuelves a escuchar igual. Y eso, para un libro sobre música, lo es todo. Imprescindibles.

Por cierto, qué libro o libros tiene abierto ahora en su mesa de lectura…

Como escribió Quevedo, “si no siempre entendidos, siempre abiertos”. En mi mesa ahora hay un pequeño caos feliz de 3 libros recientes: el último libro de poesía de uno de los grandes poetas de la literatura española, Luis Alberto de Cuenca, “Alas de cisne”, de 2025 (¿a qué espera este país para darle el Cervantes?); la edición reciente en la Biblioteca Castro de los artículos de Julio Camba, con su ironía que sigue siendo punzante un siglo después; y el poemario “El coraje” de José Luis Pérez Pastor -editado a comienzos de septiembre de 2025- un libro de poesía extraordinario de este magnífico escritor.

¿Y una película con o sobre música?

Lo último que he visto este agosto ha sido otra vez Ennio, el maravilloso documental de Giuseppe Tornatore sobre Ennio Morricone, donde la música de cine se convierte en biografía emocional; y Maria Callas, con Monica Bellucci, que está impresionante, espectacular, prestando voz y presencia a las cartas y memorias de la gran diva de la ópera, mucho mejor, por cierto, que la película de Larraín Maria Callas protagonizada por Angelina Jolie.

¿Una banda sonora?

La de “Memorias de África”, compuesta por John Barry. No describe un paisaje: lo crea. Uno escucha esos compases y ya está en África, en la nostalgia, en el amor imposible.

¿Cuál es el gran compositor de música española?

Manuel de Falla. Supo fundir como nadie la tradición popular con la música culta europea, creando un lenguaje propio, como los grandes, que es reconocible desde los primeros compases. El amor brujo, con su célebre Danza del fuego, El sombrero de tres picos, o esa otra joya Noches en los jardines de España, son fundamentales en nuestra historia musical.

¿Una melodía?

“Claro de luna” de Debussy.

¿Con qué música le gustaría despedirse de este mundo?

Con “Gracias a la vida” de Violeta Parra.

¿Un refrán?

“A quien canta, su mal espanta”.

¿Una ciudad?

Madrid. Madrid es la libertad. Nací en La Rioja, y cuando vine a estudiar a Madrid me di cuenta, como dice Trapiello, de que no era mi destino, sino mi origen.

Poca gente ha dado a conocer de forma más pedagógica los mitos clásicos como usted. ¿Qué hay en común con nuestra sociedad y los mitos?

Los mitos son la primera forma que tuvimos de contarnos a nosotros mismos. Antes de la historia, antes de la ciencia, los mitos explicaban por qué brillan las estrellas, por qué existe el dolor, qué significa amar, perder, morir. Y lo sorprendente es que, aunque hayan pasado miles de años, seguimos haciéndonos las mismas preguntas. Por eso los mitos nos siguen hablando: porque hablan de celos, de lealtad, de poder, de amor, de ambición, de bondad, de miedo, de generosidad… exactamente lo mismo que llena los periódicos y nuestras vidas hoy. El escenario cambia, pero la obra es la misma. Esa es la fuerza de los mitos: son eternos porque son humanos. Y sobre todo, son ficción. Y los humanos necesitamos la ficción para darle sentido a la realidad.

Elija un solo mito por el que tenga predilección, si puede...

Atenea. Es genial que la diosa de la sabiduría, del conocimiento, del diálogo, de la civilización que representa la ciudad…sea una mujer.

¿Qué cree que le sobra a este país? ¿O qué le falta?

Le sobra acentuar los desacuerdos, le sobra polarización, le sobran gritos. Nos falta querernos más.

Háblenos de un trance cultural o musical en su vida que se le haya quedado grabado…

Como dijo Vargas Llosa cuando recibió el Nobel, aprender a leer es una de las cosas más importantes de la vida. No recuerdo cuándo aprendí a leer, pero en ese momento se me abrió un mundo: los mitos, la historia, los poetas, las novelas, todo lo que soy viene de ahí. A pesar de lo que diga María Pombo, leer es una de las mejores cosas de la vida, nos desarrolla como personas, nos hace más independientes, más críticos, más libres, más cultos.

Si pudiera retroceder a un momento de la historia de la humanidad, ¿dónde iría Emilio del Río?

La Atenas de Pericles, en el siglo V a.C., la cuna de la democracia, del teatro de Sófocles y Eurípides, de los discursos de Pericles, de la escultura de Fidias y del Partenón recién levantado sobre la Acrópolis. Es el momento de esplendor de la cultura griega, que ha configurado, junto a la cultura latina, el mundo occidental.  La democracia, la filosofía, el teatro vienen de ahí, casi nada. Ser testigo de ese bullicio intelectual y ciudadano sería como ver en directo el origen de Europa.

Usted tiene un podcast en RNE, "Locos por los clásicos" que está entre los más escuchados de RNE, que además ha recibido un Premio Ondas 2024 y en el que pone música para recomendar la lectura de los textos grecolatinos, ¿por qué?

Locos por los clásicos es un podcast de RNE, que fue una iniciativa de Ignacio Elguero cuando era director de RNE (por cierto, además de periodista, gran poeta), y desde febrero de 2021 acerco la literatura clásica al gran público. Cada episodio toma un autor, una obra o un mito del mundo clásico y lo explico de forma clara y entretenida (bueno lo intento), con música moderna como hilo conductor. La idea es demostrar que los clásicos no son un asunto académico reservado a especialistas, sino que son divertidos, te lo pasas bien  leyéndolos y siguen siendo útiles y actuales para entender quiénes somos, para comprender la cultura occidental, y para afrontar nuestro futuro. Como digo en la presentación del podcast: “Como no hay nada más moderno que los clásicos grecolatinos, les ponemos música actual”. Y una música que esté relacionada con el contenido de la obra que cuento en el podcast.

En Locos por los clásicos cada texto antiguo dialoga con una canción moderna: Cicerón y su De amicitia se acompañan de Carole King, Bruno Mars o Joe Cocker cantando sobre la amistad; Esquilo y su Prometeo resuenan con Eternal Flame de The Bangles o Take This Waltz de Leonard Cohen; la Odisea de Homero, en el episodio de Calipso, se tiñe de Roberta Flack, Lewis Capaldi o Celine Dion; los epodos amorosos de Horacio se enlazan con James Blunt, Nino Rota, o Elton John; el Narciso y Eco de Ovidio con Jovanotti y Carly Simon; su Pigmalión y Galatea con Elvis Costello o Bryan Adams, Sting y Rod Stewart; y el mito de Píramo y Tisbe se cruza con Arabian Nights, Gainsbourg y Birkin, Beatles, Dire Straits y West Side Story. Una manera de mostrar que los clásicos siguen vivos cuando los escuchamos con la banda sonora de hoy. El podcast está en RNE en este enlace

¿Qué cosa le molesta en su vida diaria?

El desorden, el ruido y en las calles, las pintadas, que es una manifestación del feísmo. Recuerdo que Umberto Eco tiene una Historia de la Fealdad. Hay una exaltación del feísmo. Nos clásicos grecolatinos nos recuerdan que la belleza no era solo cuestión de proporción o armonía: tenía también una dimensión moral. Los griegos hablaban del ideal del kalós kágathós, donde lo bello y lo bueno iban de la mano, y Platón veía en la belleza un camino hacia lo divino, que empezaba en el cuerpo y acababa en el alma. Los romanos, más prácticos, coincidían: para Séneca la verdadera belleza estaba en la virtud, y para Cicerón en el decorum, la dignidad de la conducta. Así, en Grecia y Roma la auténtica belleza no se quedaba en la apariencia: era el reflejo de una vida buena y que merece la pena ser vivida. “Cosmos” no era, al principio, “universo”, como lo entendemos hoy, sino el orden bello de las cosas. De hecho, de ahí viene también la palabra cosmético, entendido como lo que “pone en orden” el rostro. Con los filósofos presocráticos, especialmente Pitágoras, el término pasó a designar el universo ordenado, en contraposición al caos, que es el desorden, el vacío primordial. Así, “cosmos” en griego reúne dos ideas inseparables: el orden y la belleza. Para los clásicos, el universo no era solo un conjunto de cosas, sino un conjunto armónico y bello.

Cómo es Emilio del Río, defínase en pocas palabras…

Mis padres dejaron la escuela en un pueblito de las Tierras Altas de Soria a los diez años para trabajar en el campo o pastorear ovejas, y me enseñaron lo esencial: la importancia del esfuerzo, la dignidad del trabajo, la humildad, la sencillez, el valor esencial de la familia y de la amistad, y la bondad. La bondad tiene premio.

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