Falstaff es la última de las 24 óperas de Verdi, su fabulosa despedida tras más de 50 años de trayectoria. Se estrenó a principios de 1893 en Milán, cuando Verdi estaba a punto de cumplir 80 años. Se trata de una comedia y de la segunda colaboración de Verdi con el libretista Arrigo Boito, quien se basó en Las alegres comadres de Windsor y Enrique IV , de William Shakespeare, para escribir la obra.
El reparto está encabezado por los mejores Falstaff de su generación: los barítonos italianos Luca Salsi y Ambrogio Maestri. Serán ocho funciones, del 9 al 19 de julio, con dirección musical de Josep Pons, que esta temporada se despide del cargo de director musical del Liceu tras 14 años. Se trata de una coproducción original del Teatro Real de Madrid, en colaboración con el Théâtre Royal de La Monnaie de Bruselas, la Opéra National de Bordeaux y la Tokyo Nikikai Opera Foundation.
Con Falstaff, Verdi alcanzó la síntesis total entre música y teatro. Son muchas las obras verdianas que logran la excelencia en la unión entre texto, música y fuerza dramática —La traviata, Don Carlos, Aida u Otello (1887), la ópera que hizo posible que también existiera Falstaff , con libreto de Arrigo Boito—. Pero con su último título, Verdi se permitió salir de las convenciones y darse el capricho de poner fin a su carrera, después de una vida dedicada a la tragedia, con una comedia: una obra de enredos y buen humor.
Tras el triunfo de Otello (1887), Verdi recuperó un entusiasmo por la ópera que parecía haber dejado atrás. Después del estreno de Aida (1871), el compositor había abandonado el género durante más de quince años, pero decidió regresar al descubrir el excepcional libreto de Arrigo Boito, basado en la obra de William Shakespeare, el autor que Verdi consideraba la cumbre del teatro. El éxito de Otello consolidó la complicidad entre ambos, y Boito lo convenció para afrontar un nuevo proyecto inspirado también en Shakespeare. Esta vez eligió a Falstaff, un personaje que aparece en Las alegres comadres de Windsor y en las dos partes de Enrique IV.
Argumento
Sir John Falstaff, un caballero envejecido, arruinado y convencido de que aún conserva un gran poder de seducción, idea un plan para resolver sus problemas económicos: conquistar al mismo tiempo a dos acomodadas damas de Windsor, Alice Ford y Meg Page. Pero las dos amigas descubren que han recibido cartas de amor idénticas y deciden unir fuerzas para darle una lección.
Mientras Falstaff cae de lleno en la trampa, el celoso Ford sospecha de la fidelidad de su esposa y alimenta una cadena de malentendidos. Los engaños se multiplican hasta que Falstaff acaba escondido dentro de un cesto de ropa sucia y es arrojado al río.
La broma culmina en un encuentro nocturno en el bosque de Windsor, donde los habitantes del pueblo, disfrazados de hadas y espíritus, hacen creer a Falstaff que está rodeado de seres sobrenaturales. Paralelamente, la joven Nannetta consigue casarse con su amado, Fenton, a pesar de los planes de su padre de prometerla al doctor Caius.
Cuando todos los engaños salen a la luz, Falstaff acepta con buen humor que ha sido víctima de sus propias ilusiones. La ópera concluye con una memorable fuga coral en la que Verdi culmina su carrera operística con una celebración del humor y de la condición humana: «Tutto nel mondo è burla» («Todo en el mundo es una broma»).
La alegre despedida de Josep Pons con un magnífico elenco
En estas funciones en el Liceu, el papel protagonista —reservado tradicionalmente a bajos-barítonos de larga experiencia y gran presencia escénica— estará interpretado por dos especialistas: los italianos Luca Salsi y Ambrogio Maestri. Junto a ellos, las sopranos Carolina López Moreno y Roberta Mantegna darán vida a la señora Ford; las mezzosopranos Gemma Coma-Alabert y Laura Vila interpretarán a la señora Meg Page; y las también mezzosopranos Daniela Barcellona y Marianna Pizzolato encarnarán a la señora Quickly. El cuarto papel femenino, Nannetta, para soprano lírica, será interpretado por Serena Sáenz y Maria Miró. En los roles masculinos, el barítono Lucas Meachem será el señor Ford, mientras que los tenores Santiago Ballerini y César Cortés interpretarán a Fenton. El tenor Josep Fadó dará vida al doctor Cajus, y los criados de Falstaff, Bardolfo y Pistola, estarán interpretados, respectivamente, por Pablo García-López y Alessio Cacciamani.
En cualquier caso, dentro del equipo artístico hay una figura que, de manera excepcional, concentra buena parte del protagonismo en estas funciones. Josep Pons, director musical del Liceu desde 2013, se despide del cargo con una ópera hecha a su medida: exigente para la orquesta, capaz de equilibrar a la perfección los lenguajes del Romanticismo y del primer Modernismo, y con un especial valor simbólico.
La producción de Laurent Pelly
En las próximas ocho funciones de Falstaff de Verdi, el Liceu presenta la propuesta firmada por Laurent Pelly, una producción original del Teatro Real de Madrid que se mantiene fiel al deseo de Verdi: ser teatro en su máxima expresión. Pelly es un gran especialista en comedias y, en Falstaff, sitúa a los personajes en entornos realistas que potencian todas las situaciones teatrales y provocan los efectos que busca la obra: la vergüenza ajena que sentimos por Falstaff, la admiración que despierta la inteligencia de las comadres, la sensación de un enredo imposible de resolver o la atmósfera mágica del final del tercer acto.
La taberna donde vive Falstaff se convierte en esta producción en un bar restaurante de estilo clásico, barroco y recargado de botellas y espejos, mientras que las escenas en Windsor transcurren en un espacio interior con forma de laberinto o de escalera de Escher. Las situaciones se complican en ese entorno hasta resolverse finalmente en el exterior, en el bosque del tercer acto. Es allí donde Pelly alcanza el momento de mayor belleza estética y se permite un brillante detalle conceptual: al final de la ópera, cuando Falstaff pronuncia sus célebres últimas palabras —«todo en el mundo es una burla»—, el escenario muestra un espejo gigante en el que se refleja todo el patio de butacas. Shakespeare decía que el mundo es un gran escenario, y esta producción recoge esa idea: Falstaff lleva la música y el teatro a una fusión llena de humanidad y emoción que trasciende el escenario. Verdi logra así una obra de extraordinaria solidez que, más allá de la popularidad de sus arias, confirma la madurez y la grandeza de su último periodo creativo.
Momentos musicales clave
Falstaff no es una ópera de grandes arias en solitario, sino de un tejido musical continuo en el que los momentos individuales son escasos, aunque muy significativos. Al final del primer acto, en el monólogo «L'onore! Ladri!» , Falstaff reprocha a sus criados su falta de sentido del honor. Se trata de un pasaje que Arrigo Boito adapta directamente de Enrique IV de Shakespeare y que amplía el argumento de Las alegres comadres de Windsor. Sirve para perfilar con gran profundidad al personaje: cínico, pero no malvado; fanfarrón, pero con una cierta nobleza. Al mismo tiempo, exige al intérprete una gran implicación dramática más allá del canto.
Tras los múltiples engaños y humillaciones, Falstaff asume la situación con humor y comprende la naturaleza engañosa del mundo. Este momento culmina en el tercer acto con «Tutto nel mondo è burla», una fuga coral que Verdi construye con gran maestría, utilizando una forma antigua para cerrar su ópera más innovadora. El resultado es una escena enérgica y luminosa en la que todos los personajes se unen al coro final para celebrar una mirada irónica y optimista sobre la condición humana.