Música clásica desde 1929

Crítica Libros / Los mundos posibles de la heterofonía - por Joan Gómez Alemany

14/03/2026

En 2023 se apagó la voz del compositor valenciano, pero afincado en Montreal, José Evangelista (1943–2023). Apenas un año después, vio la luz un libro gestado por él a lo largo de mucho tiempo. Una obra que, sin duda, se alza hoy como su testamento intelectual y su legado teórico más perdurable. Con el título de Heterofonía. Antología de textos y editado por el mismo compositor y Jonathan Goldman, este libro ha sido publicado por el Institut Valencià de Cultura. Como podemos leer las notas iniciales, la elaboración del libro fue un proceso complejo: «La preparación editorial del libro resultó seriamente afectada por la crisis económica que se extendió por todo el mundo a partir de 2007. […] Tiempo después pudo retomarse, pero la salud de Evangelista comenzaba ya a resentirse; fue entonces cuando él mismo decidió incorporar como coeditor al musicólogo Jonathan Goldman, antiguo alumno suyo» (pp. 9-10). Todo esto da más valor a la vitalidad del libro, ya que metafóricamente casi adquiere un perfil “biográfico” (recordemos que la palabra “bio” significa vida y “grafos” escritura).

El libro, con un prólogo de los editores y veinte textos de diferentes autores, suma un total de más de cuatrocientas páginas, por eso, puede perfectamente calificarse de “magna” publicación sobre el concepto de la heterofonía. Este término musical es una textura en la que dos o más intérpretes ejecutan simultáneamente una misma melodía, pero cada uno la interpreta con pequeñas variaciones en el ritmo, la ornamentación, el tempo o algunos detalles melódicos, de modo que, aunque todos comparten la misma base, el resultado sonoro es más rico y complejo; a diferencia de la monofonía (una sola línea melódica sin acompañamiento), la homofonía (melodía principal con acompañamiento armónico) o la polifonía (varias melodías independientes), la heterofonía mantiene una única melodía común que se modifica colectivamente durante la interpretación.

 El concepto de heterofonía fue acuñado por Platón y reactivado por la musicología del siglo XX, apareciendo en Heterofonía. Antología de textos como una palabra frontera, una categoría “menor” (como dicen los propios editores retomando un concepto de Deleuze aplicado a Kafka), pero capaz por eso mismo de iluminar zonas enteras del hecho musical. Si la polifonía y la armonía han sido el gran relato legitimador de la música occidental escrita, la heterofonía y su cualidad liminar es su sombra productiva. Además, su fenómeno ubicuo en tantas músicas del mundo y, especialmente no occidentales, ocasionan la necesaria desconolizanción y descanonización del pensamiento eurocéntrico. Como apunta Žanna Pärtlas, la heterofonía puede encontrarse en «tradiciones musicales como el Gagaku japonés, el gamelán indonesio, el kulintang filipino, la música tradicional tailandesa, etc. El término “heterofonía” también se utiliza para describir muchas prácticas de música vocal acompañada de oriente Medio y Asia Oriental» (p. 369).

La publicación, como ya se apuntó, es también un libro-testamento. José Evangelista, valenciano universal, compositor profundamente marcado por el gamelán indonesio, por las músicas populares y por una idea de la melodía como principio generador, dedicó sus últimos años a este proyecto. La heterofonía no era para él una curiosidad académica, sino una poética. Su propia escritura compositiva basada en un sonido original y particular, nos ayuda a entender que la música no se reduce al violín que interpreta el mismo vals del concierto de año nuevo, la melodía generada por IA de un anuncio de televisión o la voz del último hit del verano. La “esclerosis del tópico” y su monotonía dictatorial, no tiene cabida en el mundo de Evangelista.  Su interés por la heterofonía, en estrecha conexión con su respetuoso y profundo estudio de las músicas no occidentales, rompe con la norma y con lo previsible. Por ello, en un libro previo a Heterofonía. Antología de textos, que también reseñé para la Revista Ritmo (José Evangelista. Un latido común. Las músicas tradicionales en su obra para percusión, Edicions 96), su autor, Joan Pons Carrascosa, subrayaba la importancia de cómo el sonido de un instrumento y su manera de entenderlo son capaces de generar una compleja cosmovisión que quiebra los paradigmas heredados y los transforma.

Lo que Evangelista y Goldman ofrecen en su libro es una antología, sí, pero también una cartografía intelectual, un credo político y cultural. Su recorrido organizado de manera cronológica (un primer texto de 1897 y un último de 2016) atraviesa más de un siglo de pensamiento musical y etnomusicológico, desde Carl Stumpf y Guido Adler hasta Žanna Pärtlas, pasando por otras figuras como Curt Sachs, Pierre Boulez, Mantle Hood o Stefan Niculescu. De manera sumamente inteligente, los editores permiten seguir la evolución del concepto y, casi a la manera de la deconstrucción derridiana, exploran sus capas sucesivas, su sedimentación histórica. La heterofonía aparece en sus primeros usos a menudo filtrada por un prisma todavía “exótico” o incluso primitivista, hasta transformarse progresivamente en una herramienta analítica más rigurosa, radical y plenamente contemporánea.

La heterofonía no aparece aquí como un concepto cerrado, sino como una noción inestable, liminal, siempre en proceso de redefinición. Como bien escribe Pablo Fessel en su texto precisamente titulado El unísono impreciso. Contribución a una historia de la heterofonía (2010): «La heterofonía expresa una tensión, una dualidad suspendida entre identidad y alteridad» (p. 342). Y esa inestabilidad, lejos de ser un defecto, es su potencia: permite pensar la música no como arquitectura identitaria y conservadora, sino como proliferación orgánica y libre, como eco, como variación continua de estilos y culturas. Como escriben los editores del libro en su excelente y sistemático prólogo: «Su propia turbidez también puede resultar útil como herramienta heurística para comparaciones (claras) entre repertorios dispares. Como categoría, la heterofonía es una no categoría; un espacio entre dos categorías estables (la polifonía y la monodía), por su naturaleza móvil, flexible, susceptible de redefinición y políticamente poco propensa a capturar o dominar conceptos y categorías» (p. 17).

Hay en este libro una suerte de justicia conceptual. Durante demasiado tiempo, la teoría musical europea ha mirado hacia las músicas no occidentales con categorías insuficientes, como quien intenta describir un paisaje nuevo con el vocabulario de su ciudad natal. La heterofonía obliga a detenerse, a escuchar de otro modo. Nos recuerda que muchas tradiciones musicales no se construyen sobre la armonía ni sobre la polifonía en sentido estricto y occidental, sino sobre la coexistencia de líneas similares que se desvían levemente, como si cada intérprete respirara la melodía a su manera. En este sentido, la selección de textos tiene algo de gesto político-cultural, al desplazar el centro y revalorizar lo periférico. Por eso se abre una grieta en el canon (occidental) cuando Erich Moritz von Hornbostel escribe su texto Sobre la multifonía en la música no europea (1910), o cuando Stephen Blum redacta La terminología musical europea y la música de África (1991), cuestionando el uso indebido y colonial de los conceptos musicales europeos aplicados a África. Un canon que busca ser una entidad piramidal y colonial, como el Führerprinzip, que subyuga caprichosamente para negar la pluralidad y diversidad del mundo. Al romper lo canónico aparece la heterofonía, como una forma de pensar la música de manera diferente y mucho más horizontal e igualitaria. Como expresa Rudolf M. Brandl en el mismo inicio de su texto: «Algunos conceptos y términos musicales como multifonía (armonía), polifonía y heterofonía, incluidas sus “protoformas” con bordón y los “acompañamientos” ostinato, fueron exhaustivamente estudiados y sistematizados en los inicios de la musicología comparada sistémica, acentuando repetidamente de manera explícita e implícita -sobre todo por su alta valoración estética en Occidente- su supremacía sobre otras culturas musicales en este campo en particular. Esto nos ha llevado incluso a que musicólogos de otras culturas (en un autodesprecio rayano en lo absurdo) no lo hayan cuestionado en voz alta a día de hoy y busquen en su música conceptos “equivalentes”» (p. 221).

Un destacado texto de este libro redactado por el mismo Evangelista es Por qué componer música monódica (1991). Así se inicia: «¿Por qué después de la extraordinaria evolución de la armonía en la música occidental de los últimos siglos, un compositor de hoy decide escribir música monódica abandonando la armonía, el contrapunto, los acordes, etc.?» (p. 153). El texto describe la evolución del pensamiento del compositor, que partiendo de la “escolástica” de la armonía, por medio de diversas influencias llega a producir en Evangelista «un giro drástico en mi percepción» (p. 155), como el mismo compositor confiesa. El artículo también incluye ejemplos de sus propias obras, en los que la heterofonía se manifiesta a través de partituras y esquemas melódicos de gran belleza.

Otro texto que también nos ha parecido muy interesante es el que realiza el compositor y director Pierre Boulez, procedente de Pensar la música, hoy (1963), y en donde explica con mucho detalle el concepto de heterofonía. En el texto encontramos reveladoras ideas como que: “Las formas de la organización sintáctica son simples: monodía, heterofonía, polifonía; pero tales formas pueden recurrir también a nociones complejas: polifonía de polifonías, heterofonía de heterofonías, heterofonía de polifonías, etc., gracias a las cuales se combinan las formas simples” (p. 70). Ideas que en cierta manera podemos escuchar en su obra, muy influenciada en algunas de sus piezas por las músicas no occidentales, como en Le Marteau sans Maître o Sur incises, donde se pueden escuchar aires del gamelán, tan apreciado por Evangelista.

Desde el punto de vista editorial, el Institut Valencià de Cultura ofrece un volumen cuidado, coherente, con un trabajo notable de unificación bibliográfica y adaptación textual. Encontramos también delicados y sutiles detalles, como en la última página, que se comenta que la publicación de este libro se finalizó justo “24 días después de que una grave riada causara enormes daños materiales y más de 200 víctimas en tierras valencianas. Nuestro recuerdo está con ellos” (415 p.).

En definitiva, Heterofonía. Antología de textos, libro editado por José Evangelista y Jonathan Goldman, es una obra necesaria, no solo para especialistas en musicología o composición contemporánea, sino para cualquier lector interesado en cómo se construyen las categorías con las que entendemos el arte. Este libro nos recuerda que la música no es solo armonía o contrapunto, también es desviación, ornamentación, sombra, eco, variación espontánea... Y que en esas zonas “marginales” y poco valoradas por el canon y la convención, se esconden a veces las preguntas más esenciales y bellas. Evangelista lo sabía. Por eso este volumen tan interesante y necesario es una invitación a escuchar y construir mundos de otra manera.

Last but not least, muchas gracias al Departamento de Documentación y Patrimonio Musical del IVC, por habernos facilitado un ejemplar de este libro muy recomendable.  

Joan Gómez Alemany

 

Título: Heterofonía. Antología de textos

Autor: José Evangelista, Jonathan Goldman (eds.)

Editorial: Institut Valencià de Cultura - Generalitat Valenciana

Número de páginas: 415

49
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