El perfil ensayístico de Cuando la música trasciende el tiempo se inscribe dentro de los estudios musicales en aquella familia de relatos que entiende la historia de la música como un entramado de prácticas culturales, tecnologías y formas de memoria. Con un tono accesible y una escritura ágil, el libro propone un recorrido amplio por diversos momentos y fenómenos que, a lo largo de los siglos, han condicionado la manera en que las sociedades producen, transmiten y escuchan la música. En ese sentido, el volumen resulta sugerente por su capacidad narrativa y por la voluntad de incorporar al relato elementos que durante mucho tiempo permanecieron en segundo plano dentro de las historias tradicionales.
La perspectiva adoptada remite, en buena medida, a ciertas corrientes de historia social de la música desarrolladas sobre todo en el ámbito anglosajón. Más que centrarse exclusivamente en la evolución estilística, Clara Rico Osés se interesa por los dispositivos culturales que hacen posible la permanencia de lo musical en el tiempo. Las preguntas implícitas en torno a cómo se ha conservado la música, de qué manera se transforma su significado o qué relación mantenemos con el pasado sonoro gracias a poder escribirla y grabar el sonido remiten en última instancia a una reflexión sobre la memoria cultural y sobre los mecanismos a través de los cuales una experiencia esencialmente efímera puede inscribirse en la historia.
El itinerario que se despliega a lo largo de los catorce capítulos podría describirse tangencialmente como de naturaleza rizomática. El término, tomado de la filosofía contemporánea, alude a un modelo de organización no jerárquico ni lineal –a pesar de una secuenciación cronológica de los temas-, basado en conexiones múltiples más que en una estructura estrictamente cronológica o teleológica sobre las innovaciones técnicas y prácticas culturales que se retroalimenten mutuamente. En este sentido el relato alcanza desde los neumas medievales a las plataformas de streaming sin que explícitamente se busque una concatenación estrictamente evolutiva. Más bien se propone una red de relaciones en la que cada innovación técnica o cultural altera las condiciones de escucha y, en consecuencia, las propias formas de creación musical.
Uno de los aciertos del libro precisamente yace en esta transversalidad que vincula elementos de organología, estética, antropología, sociología o semiótica musical evitando compartimentos estancos de las disciplinas académicas y con la que, la autora, demuestra una notable digestión conceptual de los debates historiográficos contemporáneos. De este modo, revisita cuestiones holgadamente conocidas para insertarlas en un relato más amplio sobre los sistemas de transmisión del sonido: el desarrollo de la tonalidad y los fundamentos de la escala temperada, el nacimiento de la ópera como negocio cultural o la estética barroca asociada a las voces agudas y al fenómeno de los castrati. En este último punto, por cierto, convendría matizar la afirmación de que las óperas barrocas carecían de subtítulos, pues en realidad era habitual la publicación de libretos impresos que permitían seguir el texto durante las representaciones (pág. 99).
Otros capítulos se adentran en el impacto de la fonografía y la evolución de las técnicas de grabación como factores decisivos para comprender la transformación de los estilos interpretativos. Por ejemplo, el origen del jazz, del ragtime y los primeros registros discográficos de Scott Joplin, mientras que el photoplayer —un curioso instrumento híbrido empleado en los cines de la época muda— se presenta como un ejemplo temprano de integración tecnológica en el espectáculo musical. Algunos pasajes destacan por la singularidad de los episodios abordados. Así ocurre, por ejemplo, en el capítulo dedicado a la difusión internacional de las normas de sociabilidad francesas en el siglo XVIII a través de los tratados de danza, donde aparece la figura del español Minguet e Yrol y su manual publicado en 1758.También resulta especialmente evocador el capítulo que recupera la figura de la pianista china Zhu Xiao-Mei, cuya relación con la música de Bach durante la Revolución Cultural maoísta ilustra hasta qué punto el pasado musical puede convertirse en un espacio de resistencia cultural.
En conjunto, Cuando la música trasciende el tiempo ofrece una síntesis divulgativa sólida y bien documentada, útil especialmente para estudiantes universitarios de historia, humanidades, historia del arte o musicología que busquen una primera aproximación a estos debates. Sin embargo, el lector especializado quizá perciba que algunas de sus líneas argumentales prolongan discusiones ya presentes en diversos ensayos recientes en lengua española dedicados a la dimensión social y cultural de la música. En ese sentido, el libro confirma más que renueva ciertas perspectivas que hoy forman parte del paisaje habitual de la reflexión musicológica.
Por otra parte, a pesar de su carácter ensayístico, se echa en falta una bibliografía final que permita rastrear con mayor claridad las fuentes y matrices discursivas que sustentan un texto que invita a reconsiderar la historia de la música como un proceso continuo de creación, destrucción y transformación, en el que las tecnologías del sonido y las prácticas sociales desempeñan un papel tan decisivo como los propios compositores.
Albert Ferrer Flamarich
Cuando la música trasciende el tiempo.
Clara Rico Osés.
Temporal Casa Editora, 2026. 187 págs.
ISBN: 978-84-129411-8-0