Este doble CD con dos horas justas de música reúne el reducido corpus pianístico de Otto Nicolai: once obras que incluyen desde páginas de carácter libre, fantasías, transcripciones hasta piezas de orientación académica o pedagógica, así como dos sonatas que, a una más que considerable distancia, vislumbran los grandes ejemplos del género. El programa se completa con dos recreaciones basadas en motivos de Las alegres comadres de Windsor también en la estela de las transcripciones pianísticas: una debida a Alfred Jaëll (1832-1882) y otra a Alessandro Longo (1864-1945). Mientras la primera reelabora la obertura con ciertas libertades de fraseo y tempo, aunque perfectamente reconocible, la segunda se caracteriza por la transparencia de la textura y el predominio de una línea melódica de aire casi bagatelístico, muy próxima a los ambientes de salón. En esta misma esfera se sitúan las breves Albumblatt en Fa mayor y Capriccioso en Re mayor (1842), piezas sin desarrollo, construidas a partir de células motívicas sencillas y concebidas casi como ejercicios de digitación para principiantes, con protagonismo de la mano derecha y una participación muy limitada de la izquierda.
Formado en el ambiente berlinés posterior a Beethoven y contemporáneo de Mendelssohn y Schumann, Nicolai desarrolló un lenguaje situado entre el clasicismo tardío y el primer Romanticismo alemán. Su prolongada estancia en Italia dejó, sin embargo, una profunda huella en su escritura, perceptible en la predilección por la melodía cantabile y en una concepción casi operística del discurso instrumental. Ello se aprecia con claridad en la transcripción del aria “Ah quel guardo” de su ópera Il templario, en Mondwalzer y en los Tres estudios op. 40, dedicados a Liszt. De notable diversidad estilística, el primer de estos últimos, parte de un dúo de Le retour du Proscrit y despliega extensos pasajes para la mano izquierda, cadenas de trinos ascendentes alternados entre ambas manos (CD 1, pista 1, 4:54-5:31), amplias figuraciones arpegiadas, grandes extensiones del teclado y acusados contrastes dinámicos. Su escritura, exigente pero siempre musical, revela un equilibrio entre virtuosismo y refinamiento expresivo, en sintonía con la evolución del género en Chopin, Liszt o Moscheles, aunque sin alcanzar ni el radicalismo armónico del primero ni la espectacularidad trascendental del segundo. Por su parte, Mondwalzer, ya se estructura según el modelo que Johann Strauss hijo popularizaría más tarde, en la década de los 60: introducción, cinco valses y coda. Nicolai, plenamente familiarizado con el lenguaje elegante de la música vienesa de salón, construye aquí una atmósfera de evocación nocturna acorde con el imaginario romántico sugerido por el título en el que no es el brillo virtuoso, si no la gracia melódica, la flexibilidad del fraseo y la variedad de color los principales recursos de seducción sonora.
Otras piezas, en cambio, poseen un perfil marcadamente más virtuosístico como el prácticamente desconocido Rondo capriccioso en Fa mayor, publicado póstumamente. Concebido como un auténtico perpetuum mobile, exige agilidad digital, precisión articulatoria y un constante control del movimiento de muñeca y brazo. La melodía del ritornello ocupa de manera permanente el primer plano y uno de sus episodios contrastantes adopta forma fugada (CD 1, pista 4, 2:30). Sin alcanzar el virtuosismo trascendental de Liszt ni la densidad poética de Schumann, se aproxima al estilo brillante cultivado por Mendelssohn y otros representantes del piano de salón, aunque con una factura compositiva sólida y refinada. Por su parte, Bühnenmusik für Klavier ocupa un lugar singular dentro del escueto catálogo pianístico de Nicolai. Se trata de una pieza de circunstancias construida como una sucesión de episodios heterogéneos, algunos de ellos basados en citas apenas desarrolladas de La Marsellesa, el Himno del Emperador de Haydn y la Marcha Rákóczi, emblemas musicales ampliamente difundidos en la Europa del siglo XIX, con los que el compositor parece aproximarse a la tradición del potpourri, de la fantasía sobre aires conocidos y de la música ceremonial tan característica de la primera mitad de la centuria.
Por otro lado, la relación de Nicolai con Bellini queda reflejada en dos obras de naturaleza muy distinta. La Gran Marcia Funebre fue concebida como homenaje tras la muerte del compositor siciliano en 1835, mientras que la Fantaisie et variations brillantes sur des motifs de l’opéra Norma, op. 25, se inscribe en la tradición de las fantasías de concierto sobre temas operísticos cultivada por Liszt, Thalberg o Kalkbrenner. La primera se abre con trémolos en el registro grave y desarrolla los rasgos característicos de la marcha fúnebre —ritmo procesional binario, súbitas irrupciones de acordes en forte a manera de exclamación y una atmósfera solemne de resonancias beethovenianas—. La segunda, por el contrario, despliega un brillante exhibicionismo pianístico a partir de diversos motivos de Norma, sometidos a un proceso continuo de transformación y ornamentación entre los que destacan “Casta Diva” como núcleo lírico principal, “Ah! bello a me ritorna” por su impulso rítmico y algunos temas asociados al mundo de los druidas. En conjunto, si en la marcha predomina la gravedad expresiva y una escritura contenida a la manera de homenaje, en la Fantasía se celebre directamente el genio melódico de Bellini.
En último lugar, las dos sonatas para piano permiten seguir la evolución del lenguaje instrumental del compositor desde una estética todavía vinculada al clasicismo vienés y a planteamientos plenamente románticos. La Sonata en Mi bemol mayor, estructurada en un Allegro y un Rondó, destaca por la claridad formal, la elegancia melódica y el equilibrio de proporciones, rasgos que la acercan a la tradición de Haydn, Mozart y el primer Beethoven. Distinta resulta la Sonata en re menor, op. 27 por sus mayores dimensiones y ambiciones, articulada en cuatro movimientos y concebida según el modelo de la gran sonata romántica en la que bajo la influencia de Beethoven (La Tempestad, Waldstein) Nicolai juega con fuertes contrastes de carácter y una escritura más exigente y un tratamiento dramático que alcanza uno de sus puntos culminantes en el Adagio con molta serietà. También merece destacarse el episodio fugado en el centro del breve scherzo sobre un ritmo de danza campestre (CD 2, track 3, a 1:05 a 1:58).
Cuanto se expone aquí debería hallarse en las notas de carpeta que, si bien se agradece sean más escuetas de lo que habitualmente ofrece CPO en sus tupidos libretos, resultan demasiado escuetas desde el punto de vista musical y musicológico como guía de audición. Se echan en falta datos básicos como las fechas de composición, estreno o publicación de las obras. Aun así, las impresiones redactadas por el propio Christof Keymer ofrecen algunas claves útiles para aproximarse a este repertorio. El pianista firma además una interpretación sólida tanto en lo técnico como en lo estilístico, respaldada por otra excelente toma sonora del sello alemán que vuelve a ofrecer una lectura encomiable como primera opción para acercarse a este repertorio que, sin desmerecerlo, revela más oficio que destellos de verdadera inspiración, con más cercanía a lo genérico y formulista que a lo idiosincráticamente singular.
Albert Ferrer Flamarich
Otto Nicolai: Complete Works for piano
Alfred Jaëll: Dies Lustigen Weiber von Windsor, Caprice Op. 137
Alessandro Longo: Melodia di Otto Nicolai dall’opera Le Vispe Comari di Windsor.
Christof Keymer, piano.
CPO 555 780-2. 121 minutos.