Música clásica desde 1929

Jordi Savall & Alia Vox
Diciembre 2022 - Núm. 967

Jordi Savall & Alia Vox

25 años creando sueños

Intentar resumir en un espacio con límite de caracteres la figura de Jordi Savall es una tarea harto difícil. Comenzó su carrera como docente en la Schola Cantorum Basiliensis. A lo largo de la década de los años setenta y ochenta fundó, junto a Monserrat Figueras, los grupos Hespèrion XXI, La Capella Reial de Catalunya y Le Concert des Nations, con los que ha realizado una intensa actividad de recuperación histórica de músicas que van desde los albores de la Edad Media hasta el siglo XIX. Ha recibido importantes distinciones, tanto como intérprete como por sus trabajos discográficos con Emi y Astrée Auvidis. En 1998 crea su propio sello, Alia Vox, con el que ha grabado más de un centenar de álbumes y ha alcanzado cifras millonarias de ventas. Con motivo del 25 aniversario del sello y los 151 trabajos discográficos realizados en Alia Vox hasta 2023, nos encontramos con el maestro, asomándonos de su mano al interior del sello discográfico. Y desdiciendo las primera líneas de esta entradilla, hemos observado que sí hay unas líneas maestras en la personalidad de Jordi Savall: como un hombre del Romanticismo, piensa que los sentimientos (en este caso el amor a la música y al trabajo bien hecho) son el motor de cualquier empresa, que la libertad es la base sobre la que se debe asentar cualquier creación artística y que la música es un lenguaje universal que une diversos pueblos, culturas y, en definitiva, las almas de los hombres.

Con sus tres grupos, Hespèrion XXI, La Capella Reial de Catalunya y Le Concert des Nations, ya consolidados y en pleno rendimiento musical, y después de más de más de 25 años grabando discos con Emi, Astrée Auvidis, en 1998 crea, junto a Monserrat Figueras, su propio sello discográfico, Alia Vox. ¿Qué motivó el embarcarse en esta nueva aventura?

Lo que pasaba en aquellos años es muy sencillo. A pesar del éxito y a pesar de todo lo que habíamos conseguido, con la casa con la que más trabajábamos, Astrée Auvidis, no había forma de concretar proyectos para el futuro. Lo mismo pasó con otras compañías. Presentaba proyectos como música de Tomás Luis de Victoria, músicas interesantes y lo primero que me decían es “no, antes haremos un disco de Folías de Marin Marais”. Las compañías discográficas tenían en mente repetir el primer éxito de Todas las mañanas del mundo y lo demás no les interesaba. Entonces, reflexioné con mi esposa y me dije: “tenemos cada año diferentes proyectos. Yo puedo hacer un disco solo cada año, Monserrat con Hespèrion XXI otro, La Capella Reial otro, Concert des Nations otro y con eso ya tendremos cuatro o cinco discos de nuestros programas que podemos crear fácilmente cada año”. Decidimos tomar la decisión. Lo único que necesité fue un poco de capital y tuve la suerte de tener un par de amigos que nos ayudaron para poder empezar a invertir. Esto fue magnífico. A los dos meses, a finales de 1997, ya estábamos fundando Alia Vox. A los tres meses Auvidis cambió de propietario y fue Naïve quien compró el catálogo de dicha discográfica. Entonces, el director de Naïve, el señor Patrick Zelnik, se quedó sorprendido al ver que había comprado la colección Astrée Auvidis y uno de sus principales artistas ya no estaba. Vino a verme a Barcelona y me hizo una propuesta muy interesante: nos permitiría reeditar el catálogo de Astrée Auvidis a cambio de que continuáramos con Naïve como distribuidora. Esto fue bueno, porque pudimos, por una parte, recuperar la grabación de Todas las mañanas del mundo de la que yo había sido productor. Así empezamos. Es realmente un esfuerzo que hasta ahora ha dado frutos gracias a que hemos ofrecido proyectos variados, novedosos, interesantes y siempre con máxima calidad de sonido, interpretación y presentación.

En un mercado discográfico complejo donde el CD físico parece estar en decadencia en detrimento de las plataformas digitales, Alia Vox está presente en 45 países y con una posición muy estable. ¿Qué distingue un CD de Alia Vox?

La primera diferencia es que hacemos las grabaciones con un máximo de calidad posible de interpretación y un máximo de calidad de toma de sonido. Colaboramos desde hace más de treinta años con Manuel Mohino, uno de los mejores maestros de grabación (somos pocas discográficas que editamos en SACD) e intentamos grabar siempre que podemos en la Colegiata de San Vicente de Cardona, que es un espacio maravilloso, con una acústica única que va bien tanto para una voz como para una orquesta interpretando la Novena de Beethoven. Por otro lado, respetamos las diferentes culturas y ¡editamos los textos en más de seis lenguas! A veces, cuando tenemos proyectos multiculturales, consideramos muy importante que toda la información del libreto esté traducida también a las lenguas de los países que han participado. Siempre las 6 principales lenguas europeas (castellano, inglés, francés, alemán, italiano y catalán), y en los proyectos multiculturales hemos incluido también otras lenguas como el árabe, turco, griego o hebreo, armenio, serbio…

A lo largo de su polifacética trayectoria artística, primero profesor en la Schola Cantorum Basiliensis, después intérprete de viola de gamba y director de tres ensembles distintos, ¿qué representa la grabación de discos en su carrera?

Bueno, pienso que soy uno de los músicos actuales que más conciencia ha tenido desde el principio de la importancia de grabar discos. Justo cuando empecé trabajar en el mundo discográfico en 1975, había una corriente de directores e intérpretes, como por ejemplo el maestro Celibidache, que no era partidaria de la grabación de discos. Yo siempre he sido consciente, ya que de la música que escuchamos en un concierto nos queda solamente el recuerdo, que era muy importante grabar un programa antes de que desaparezca. Veo los proyectos musicales como una relación amorosa: te enamoras de la música, la estudias, la conoces, estableces un diálogo… y llega un momento, cuando empiezas a trabajarla con los músicos, que se crea una relación casi amorosa, un crescendo de emoción y de belleza. Este es el momento que busco para grabar el disco. Cuando estamos en plena efervescencia, cuando nos amamos aun intensamente, cuando no hay aún problemas y estamos todavía frescos pero con la suficiente madurez y la rutina no ha aparecido todavía. La suerte de tener que grabar en una iglesia (Saint Lambert des Bois, cerca de Orly) en la que sólo podíamos trabajar desde las 21 hs hasta las 7 de la mañana, por el ruido de los aviones, de mis primeros proyectos en 1975, hasta cuando grabamos Todas las mañana del mundo, me permitió descubrir un secreto muy importante: que es que cuando estás cansado, en medio de la noche, en la profundidad del silencio y agotado, es entonces cuando se crean unas circunstancias ideales para que la música devenga mucho más espiritual y mucho más expresiva que cuando estás en plena forma durante la tarde y disperso en mil cosas. Y es esta concentración, esta emoción especial que encuentras a las 3 o las 4 de la madrugada, la que me hizo descubrir que a estas horas se tiene una sensibilidad mucho mayor que la que tienes en una hora normal durante el día. Hay una frase francesa muy bonita que dice que cuando estas agotado y tienes que terminar algo, necesitas un supplément d’âme (un suplemento de alma). En este momento tienes que poner toda tu alma para que lo que está pasando sea sublime e irrepetible.

Con Alia Vox ha realizado grabaciones en espacios tan singulares como el Salón del Tinell en Barcelona, la Chapelle Royale de Versalles o el Palacio de Carlos V en la Alhambra, pero siempre prefiere la Iglesia de San Vicente en el Castillo de Cardona. ¿Qué hace tan especial esta localización para grabar?

Es un sitio de una gran belleza, yo diría rústica y muy sobria, pero el sonido se expande con una maravillosa riqueza de armónicos y con una gran claridad. Allí hemos grabado los Cantos para la Sibila, piezas de viola pequeña y grande, música polifónica profana y religiosa, proyectos multiculturales y últimamente la Novena Sinfonía de Beethoven, las Sinfonías de Schubert o La Creación de Haydn. Escuche los discos y verá que suenan realmente espectaculares.

Desde el Orfeo de Monteverdi hasta su último registro, las Sinfonías ns. 8 y 9 de Schubert, ¿podría trazar las líneas de evolución de Alia Vox a lo largo de estos 25 años? ¿Ha sufrido alguna transformación?

No. Prácticamente es la misma filosofía que llevamos desde el inicio, que es producir con toda libertad los mejores programas que podamos hacer sin pensar en su rendimiento económico; esta es la línea que continúa igual. Y por esta razón me liberé de las empresas discográficas. Cualquier casa discográfica tiene que ser por fuerza un negocio. Si no, no puedes sobrevivir. En Alia Vox tampoco nos gusta perder dinero. La filosofía de Alia Vox es “menos es más”. Nuestra empresa está formada por un pequeño equipo; nuestro Export manager y consejero de producción y difusión internacional, Éric Guillemaud (situado en París), Agnès Prunés como directora editorial, un representante en España para la distribución, un responsable financiero, mi hijo Ferran como administrador y yo mismo como director artístico.

Alia Vox es entonces una empresa familiar…

Es una empresa familiar en el sentido en el que estamos cuatro; esto me permite mantener un equilibrio económico. Los salarios son razonables y todos trabajamos porque nos gusta lo que hacemos. Yo no cobro un salario por mi trabajo como director artístico, porque Alia Vox es mi proyecto estrella y pienso que lo que se hace es necesario e importante. No es una empresa con muchos trabajadores que obligue a tener ingresos altos para mantener la plantilla, tal y como está el nivel de venta de discos físicos. Ahora tenemos más gente que escucha nuestra música que hace diez años. Pero hace diez años nuestros ingresos eran 90% por ventas físicas y 10% por digitales y ahora estamos llegando al 35% digitales y el 65% físicas. Pero lo que se gana con la difusión digital es miserable, propiamente la palabra miserable porque son absolutamente insuficientes con relación al trabajo que se invierte. Pero es importante que estemos también en estas plataformas, porque es aquí donde hoy en día escucha música la juventud. Si nos vamos de ellas perderemos el contacto con la generación joven. Soy consciente de esto, pero también es importante el soporte físico, porque a veces pasa que personas que escuchan Spotify se compran después el disco, ya que quieren tenerlo en casa.

¿El disco de Alia Vox es un producto de lujo?

Yo no diría que es de lujo. Es un producto digno. Es simplemente dar al contenido musical un contenido gráfico y editorial que tenga la misma calidad y la misma dignidad que la música.

¿Cómo es su proceso de grabación, desde que la idea gesta en su interior hasta que el disco sale finalmente a la venta?

Hay proyectos que se gestan muy atrás en el tiempo. Después puedes hacerlos en conciertos y tras esto encontrar la forma de grabarlos. Otras veces el proceso es muy diferente: por ejemplo, hay proyectos como el disco que acaba de salir ahora, el Codex las Huelgas, que es un repertorio que lo grabamos en directo en 2021, cuando ya lo habíamos interpretado muchas veces desde 2011. En enero del año pasado se anuló un concierto que teníamos de hacer con las tres últimas Sinfonías de Mozart en Salzburgo. De pronto nos encontramos que teníamos toda la orquesta disponible y una semana libre. Entonces decidimos grabar los ballets pantomimas Don Juan y Semiramis de Gluck, que teníamos bien trabajados y presentados en conciertos. La grabación de la integral de las Sinfonías de Beethoven ha requerido un trabajo muy intenso, porque han sido el resultado de ocho “Academias” (de seis días, con masterclass, lectura de los originales, etc.) realizadas en dos años. Fue un trabajo de larga factura, en el que se ha estudiado e invertido en la grabación de cada CD seis días y seis horas diarias de duro trabajo. Academias que parten de una combinación muy novedosa de un equipo compuesto por un 60% de nuestros mejores maestros músicos y un 40% de jóvenes profesionales provenientes de toda Europa, seleccionados en audiciones realizadas en diferentes ciudades de Europa.

¿Cuáles son los discos de Alia Vox que marcaría como imprescindibles?

Hay tantos… Pero si tengo que elegir, por ejemplo, escogería de Hespèrion XXI instrumental, El Arte de la Fuga; es un disco único. De música vocal, las Sibilas que cantó Monserrat Figueras. De discos corales, las Vísperas de Monteverdi, la Misa en si menor de Bach y, más recientemente, el Officium Hebdomadœ Sanct y La Creación de Haydn. De discos orquestales, Las Siete Últimas Palabras en la primera o segunda versión, da igual, o la integral de las Sinfonías de Beethoven. Esta integral ha sido un punto muy importante en mi carrera como director, resultado de un trabajo muy exigente y profundo, con el cual estoy muy contento. Y de “música sola”, yo diría Les Voix Humaines o las Pièces de Viole de F. Couperin, que fue mi primer disco.

¿Cómo se pueden llevar a cabo diferentes viajes discográficos como los que cita en el espacio y en el tiempo, desde el Burgos del siglo XIV a la Viena del siglo XIX, desde el punto de vista técnico, musical y espiritual?

Bueno, viajar en el espacio y el tiempo ha sido desde el principio mi especialidad. Y cabe recordar que antes de pasarme a la viola de gamba, estuve tocando durante diez años el violonchelo, escuchando y trabajando las músicas de Beethoven, de Schubert, de forma que cuando comencé con la Música Antigua, ya tenía todo este bagaje.

Pero esa capacidad para llevar simultáneamente repertorios muy distintos…

Me gusta y me fascina combinar siempre proyectos muy diversos. Este pasado mes de octubre grabé la Sinfonía Italiana de Mendelssohn, después de haber hecho con la Academia las Sinfonías de Beethoven en agosto. Después ensayamos las Sinfonías de Schubert y fuimos de tournée con ellas. Tras esto, he hecho recitales con el conjunto de violas en Estados Unidos y el Codex las Huelgas en París. Este mes haremos el Oratorio de Navidad de Bach en Toulouse, las músicas para Navidad y el Te Deum de Charpentier en Barcelona y después me tomo vacaciones. Pero todo este ritmo tan intenso no sería posible sin tener una vida personal bien equilibrada, de una parte gracias al soporte y la ayuda de mi esposa, la filósofa Maria Bartels, que en muchos aspectos esenciales es también mi consejera personal, artística y literaria y, de otra, al privilegio de tener en nuestra Fundación CIMA (Centro Internacional de Música Antigua) un equipo fantástico de 15 colaboradores que lo hacen posible. En realidad se trata simplemente de combinar las cosas para que funcionen bien, dejando siempre tiempo entre una producción y otra para poderse adaptar. Intento conservarme en forma, pues siempre que voy de tournée me llevo mi pequeña viola soprano y cada día trabajo este instrumento durante una o dos horas. Me gusta mantener el control de mi sonido. Después utilizo ese trabajo cuando estoy con la orquesta. Cuando, por ejemplo, estoy trabajando una Sinfonía de Schubert y el sonido no me gusta, sé perfectamente qué hay que modificar. Cojo el violín y les digo “no, aquí el arco no es así, sino de esta forma”. He vivido el sonido desde pequeño como cantante y después como instrumentista, y tengo muy claro cuáles son los medios que hacen que un sonido sea de una forma y no de otra. Incluso cuando interpretamos Beethoven, mis músicos se sorprenden que les explique que en la época aún se acordaban de la viola de gamba y había una expresión, alla gamba. Quería decir sul ponticello, pero no un ponticello agresivo, sino un ponticello con la máxima intensidad, yendo lo más cerca posible del puente. La viola de gamba tenía siete cuerdas. Si querías tocar con mucha intensidad una cuerda, sin tocar las restantes, tenías que acercarte mucho al puente. Así se consigue un sonido que es muy adecuado para ciertos pasajes de Beethoven o Schubert, en los que hay arcadas muy largas y por las que hoy en día se pasa el arco de manera muy rápida. Si se hacen esta arcadas alla gamba, entonces se pueden hacer de una forma maravillosa consiguiendo un sonido totalmente diferente. La gran fuerza que tenemos es el control de la articulación y del sonido que hay en la época barroca y que prosigue exactamente en la época clásica. Se mejora, se enriquece, pero no se pierde. Cuando llegas a este periodo clásico con el concepto moderno de arco, estás llegando con unas concepciones que no encajan con unas músicas que ya tienen más de 250 años de antigüedad. Esta es la gran ventaja de ir en el sentido de la historia.

Aunque hay que vivir y disfrutar el presente, ¿nos puede esbozar algún proyecto futuro de Alia Vox?

Entre los próximos trabajos que vamos a presentar están el Requiem de Mozart, las dos versiones de la Sinfonía Italiana de Mendelssohn, las músicas de Navidad y el Te Deum de Charpentier. Durante 2023 hay otros proyectos que están en preparación, como la Missa Solemnis de Beethoven o El sueño de una noche de verano de Mendelssohn. Esperamos mantener el ritmo de salida de todos estos últimos años y la gran riqueza de repertorio que hemos tenido hasta ahora. Siempre pienso que aunque exista el libro electrónico, siempre hay alguien que prefiere tener un libro en las manos y que con nuestros cedés puede pasar igual: siempre habrá personas con ganas de tener en las manos un cedé con la calidad de un pequeño libro en las manos. Estamos muy felices de celebrar estos veinticinco años de Alia Vox, junto con todos nuestros fans de todo el mundo y aún con tanta ilusión y muchas ganas de seguir ofreciéndoles belleza y emoción.

por Mercedes García Molina

www.alia-vox.com

www.fundaciocima.org

560
Anterior VALENTÍ OVIEDO
Siguiente Maurizio Benini