Daniel Levy hace del piano un territorio de revelación, donde cada nota parece surgir de un silencio fecundo y regresar a él transformada en luz. Desde la gran forma de la sonata o las variaciones, a la pequeña forma, que ahora surge en “Instantes”, un modelo de concierto “que realiza programas completos con series muy selectas de piezas breves que exaltan nuestra intuición al escucharlas”.
Conocemos al maestro Levy porque sus interpretaciones rehúyen el virtuosismo entendido como mero despliegue técnico para adentrarse en una búsqueda de lo esencial: la respiración íntima de la música, su dimensión contemplativa y su poder de convocar la belleza, en un acto que busca la redención de la Escucha.
Escuchar a Daniel Levy es asistir a un diálogo entre el tiempo y el espíritu, donde la música se convierte en un puente hacia la interioridad y el asombro, que ahora, con Instantes, como él mismo revela en esta entrevista, “no se trata de reducir los formatos, sino de entender más profundamente las leyes naturales de la percepción humana y poder trascender la idea del tiempo y las duraciones”.
“La simplicidad es el logro final. Después de tocar multitud de notas y más notas, es la simplicidad que emerge como la recompensa suprema del arte” (Chopin)
Nos encontramos para hablar de “Instantes”, la nueva experiencia de concierto de Daniel Levy.... ¿Nos amplía más el concepto?
El concepto es muy simple y en mi vida musical no es un tema completamente nuevo, ya que siempre he tenido a mi lado la compañía de composiciones de una belleza inmensa que podríamos considerar miniaturas en medio del repertorio constituido por grandes sonatas, conciertos y otras obras monumentales. Lo que ahora sucede como una novedad es que ha llegado el momento justo, por muchos motivos, siempre musicales y humanos, de realizar en concierto programas completos con series muy selectas de piezas breves que exaltan nuestra intuición al escucharlas, del mismo modo como sucede con una frase o un aforismo, que por su brevedad y síntesis provoca una reflexión profunda superando grandemente razonamientos o disquisiciones mentales limitadas. Más aún, el efecto conjunto al interpretarlas y escucharlas es tan potente, que hace resonar fibras íntimas, cosa que no sucede a menudo necesariamente con una obra extensa, sino en algunos momentos particulares.
¿Cómo ha llegado como pianista Daniel Levy a 2026 y a “Instantes”?
He llegado enriquecido y enormemente agradecido por haber tenido el privilegio y el instinto de no limitarme al solitarismo en el que los pianistas estamos usualmente encerrados, complementándolo con una vasta cantidad de obras de música de cámara en dúo con instrumentos diversos, con partners de alto prestigio y musicalidad en extensos ciclos de tríos, cuartetos y quintetos con piano, además del exquisito mundo del Lied, donde se halla el ápice de lo breve y del instante intenso. Gracias a todo ello y a una filosofía práctica del sonido, indagando sin cesar, encontré que los instantes que estas miniaturas nos brindan son algo central y único para todos los que amamos la música, así como lo fueron para la mayor parte de los grandes compositores. Todos ellos les dieron mucha importancia y nosotros debiéramos intuir porqué.
¿Necesitamos reducir los formatos para concentrar mayor atención?
No se trata de reducir los formatos, sino de entender más profundamente las leyes naturales de la percepción humana y poder trascender la idea del tiempo y las duraciones. Cuando algo nos atrae y magnetiza, dejamos de sentir el tiempo como un dictador que nos somete. Dejamos de mirar el reloj, de pesar la duración que mide y entramos sin darnos cuenta en aquello que llamamos instante. La fuerza de estas obras radica en la atención del momento presente gozando de la belleza que nos transmite. Se dice que el instante es “aquello en que estamos”, una característica de la consciencia.
¿Cómo definiría el proceso o protocolo habitual de un concierto “clásico”? ¿Necesita cambios?
El protocolo habitual de un concierto clásico, desde los tiempos en que Franz Liszt impuso con su genio algo que antes no existía, el recital, no solo no ha cambiado, sino que ha perdido gran parte de su original significado y fuerza, y lo que proseguimos repitiendo es una forma rígida de encuentro-espectáculo con sus parámetros fijos conocidos, como un cliché siempre idéntico de principio al fin según reglas de duración, en dos partes, con un ritual inmutable que culmina en aplausos, entradas y salidas, después de interpretar en todo el mundo las mismas obras de repertorio que conduzcan con certeza a un final apoteósico en lo técnico que suscite posibles “standing ovations” y el éxito del “sold out” que poco tienen que ver con la música. Siendo muy sintético, sea en la dinámica del concierto, en la atmósfera de la sala, en el ánimo de los músicos y también en el público que llega a su asiento proveniente de la agitación del trabajo y del día, sin tener un momento previo de silencio preparatorio antes de escuchar, afirmo que hay necesidad de grandes cambios esenciales, no simplemente de vestimenta como se ha intentado en algunas orquestas. Es un tema para considerar seriamente.
Frente a titanes necesarios como una gran Sonata de Beethoven, de duración amplia, pensemos en la Hammerklavier, podemos encontrar en la pieza breve tanta belleza y profundidad pese a la mucha menor duración, pensemos en un Impromptu de Schubert, por ejemplo...
Mucho antes que en las grandes sonatas y conciertos, vemos cómo el mismo Bach crea los fragmentos o partes con vida original propia, frecuentemente presentes en las danzas que constituyen las Partitas, las Suites Inglesas y Francesas, las Invenciones y los mismos Preludios y Fugas, que son en general obras breves, reunidas para constituir una serie o suite. Sea a él y a Domenico Scarlatti, con sus más de 500 Sonatas, los vemos cultivar lo que sería posteriormente el “stück”, “il brano”, la pieza, la hoja de álbum que cultivarían el mismo Beethoven, Schubert, Mendelssohn, Schumann, Brahms, Liszt y muchos otros. Al piano confiaron inspiradísimas melodías y obras maestras, tan sublimes como sus obras de gran duración, con un contenido ejemplar sirviéndose de pocas notas y mucho significado emocional y espiritual. Instantes de la vida que hoy adquieren otro significado más justo que el de formar parte de meros “encores” o bises fuera de programa. Además de ser efusiones de elevadísima calidad artística, poseen un aire rapsódico, que para mí representan una síntesis creativa de grado mayor, que en la actualidad puedan escucharse con nuevos oídos, sin los usuales preconceptos de “obras mayores y obras menores”. Allí está el sentido profundo del instante que parece fugaz pero que, en verdad, perdura en la memoria emocional e intuitiva.
¿Hay un contenido mayor de poesía y de narración en la obra breve que en la grande? En otras palabras, la gran obra nos remite a una novela, mientras la miniatura nos remite a un poema...
En parte es así, y eso es muy nítido en un Lied que, aparte de ser breve, entrelaza magistralmente un poema con la música. Pero algo más sucede cuando la obra es para piano solo y que muy frecuentemente carece de un título o un programa, como puede ser un preludio o una hoja de álbum, quedando librado a la imaginación creativa del intérprete intuir qué impulsó al compositor a crear una obra maestra pequeña y breve pero grandiosa y plena. Cuando se da un título, como puede suceder con las Piezas Líricas de Grieg, este representa un estado de ánimo, la descripción musical de un paisaje, la improvisación inspirada. La obra pianística de Schumann, así como sus ciclos de Lieder, son un gran ejemplo de series de páginas que, aunque aunadas en una sola obra, como el Carnaval, Kreisleriana, Escenas Infantiles, Piezas de Fantasía, Escenas del Bosque y tantas otras, son en verdad piezas autónomas, para ser escuchadas también separadas, con un hilo que las reúne. El Álbum para la Juventud, el Albumblätter o las Hojas Multicolores pueden tranquilamente ser tocadas sin necesidad de hacer toda la serie. Cada una posee una fuerza eléctrica y colores que merecen ser apreciados, como cuando se contempla una sola flor pequeña, perfecta y de proporciones naturales. En pocas notas dicen mucho, contrariamente a que a veces en muchas notas hay poco contenido.
¿Una recopilación de intensas miniaturas sin interrupción no tiene por qué tener menor concentración que un programa con tres obras de larga duración?
La atención cambia en este tipo de escucha. La concentración que es exigida por una obra de larga duración dividida en movimientos es a menudo irregular, presentándose muchos momentos de distracción y de retorno a la escucha atenta. La diferencia en este tipo de programa o serie, es como lo que sucede en un viaje fascinante a mundos expresivos variados, cada uno con un tono y sentimiento particular que en su secuencia favorece el crecimiento del interés y la curiosidad natural por el próximo instante, ya que ninguno es igual al otro, aunque pertenezcan al mismo compositor. En mi experiencia veo claramente que en la escucha se produce un efecto acumulativo único que maravilla a todo aquel que nunca prestó demasiada atención a estas miniaturas, creyendo que eran menores por su duración o por su síntesis compositiva.
¿Qué espera de la reacción del público?
La propuesta es un desafío a los hábitos corrientes. He tocado infinidad de veces en concierto el repertorio habitual de sonatas, conciertos con orquesta, variaciones, con programas construidos según las reglas corrientes que se repiten en todo el mundo con pocas diferencias, entre lo íntimo y lo espectacular. En mis propuestas trato de hacer resaltar simplemente lo que estos mismos compositores confiaron al piano. Lo único que espero es poder hacer partícipe de esa magia y del encanto tan particular que emanan estas grandes miniaturas.
¿Y qué cree que puede esperar el público del intérprete y de “Instantes”?
Imagino solamente que pueda sentirse esa conexión con una visión algo diferente entre la atención necesaria para penetrar en las obras monumentales y la necesidad de acercarse, inclinarse, o mirar arriba algo muy bello y pequeño que vive y pulsa alrededor de las catedrales sinfónicas, esencial y único, que antes no estaba puesto en relieve: el descubrir instantes de vida que parecían de menor importancia, pero que arrojan nueva luz.
por Gonzalo Pérez Chamorro
INSTANTES
Miniaturas de Gran Música para piano
Un álbum discográfico y varios ciclos de conciertos en Suiza e Italia inauguran
Instantes - Miniaturas de Gran Música para piano a partir de octubre de 2026,
con obras de Bach, Schubert, Mendelssohn, Schumann, Brahms, Liszt, Wagner, Grieg y Scriabin.
Los ciclos de conciertos son con obras seleccionadas de Bach / Scarlatti, Mendelssohn / Brahms, Chopin / Scriabin, Schumann / Grieg y un último programa que incluye Beethoven, Schubert, Liszt, Dvorak, Wagner, Tchaikovsky, Mussorgsky y Sibelius.
Info: info@daniellevypiano.com
Web: https://daniellevypiano.com
Foto: Daniel Levy, cuyo arte rehúye del virtuosismo entendido como mero despliegue técnico para adentrarse en una búsqueda de lo esencial. © Noah Shaye