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Maximilian Hornung

La voz humana del violonchelo visita España

Marzo 2026

Considerado uno de los violonchelistas más destacados de su generación, Maximilian Hornung (Augsburgo, 1986) vive una temporada especialmente significativa. Tras su reciente debut con la Berliner Philharmoniker y colaboraciones con orquestas mundiales de primer nivel, el músico alemán llega a España con una agenda que lo ha llevado a interpretar con gran éxito el Concierto de Elgar con la Orquesta Sinfónica de Galicia y que continuará con un recital de cámara en Salamanca junto a Hisako Kawamura y una nueva actuación sinfónica en el Palau de la Música Catalana de Barcelona con la Franz Schubert Philharmonia. Coincidiendo con esta intensa presencia en nuestro país, RITMO conversa con Maximilian Hornung.

 

Desde febrero ha estado trabajando en España de manera muy destacada y en diferentes contextos musicales. ¿Qué le atrae de la escena musical española y cómo ha dado forma a esta gira para conectar con formatos tan variados?

¡Me encanta el espíritu y la mentalidad del público y de la gente en España! Las orquestas son excelentes y la actitud hacia la creación musical en este país es simplemente fabulosa y encaja perfectamente con mi manera de hacer música.

Recientemente hizo su debut con la Berliner Philharmoniker, un hito importante en cualquier carrera. ¿Cómo afrontó ese encuentro y qué representa dentro de su trayectoria artística?

Por supuesto, debutar con la Filarmónica de Berlín ha sido uno de los momentos más destacados de mi carrera hasta ahora y una experiencia realmente emocionante. Mi planteamiento fue como el de cualquier otro concierto: estar lo mejor preparado posible y confiar activamente en mí mismo, lo cual es siempre muy importante y aporta tranquilidad.

Sus programas muestran un equilibrio entre el gran repertorio y obras menos frecuentes. ¿Cómo decide qué música quiere tocar en cada etapa de tu carrera?

Creo que es independiente de la etapa de mi carrera; lo que más cuenta para mí es qué obras me atraen y en qué contexto programático puedo presentarlas. Siempre busco los elementos que unan las piezas a la hora de crear programas y también debo decir que siento una gran curiosidad por los repertorios que de alguna manera no forman parte de lo convencional. Hay verdaderas obras maestras ocultas.

A menudo ha dicho que la “voz” del violonchelo es casi una extensión de la voz humana. ¿Cómo describiría la evolución de esa voz (su sonido) en los últimos años?

Bueno, eso quizá deban valorarlo los demás. Siempre he tenido un ideal de sonido que intento crear e intento alcanzar. Desde mi punto de vista mi sonido no ha cambiado a lo largo de los años pero, por supuesto, cambiamos como personas, envejecemos, adquirimos más experiencia y, en el mejor de los casos, también nos volvemos más sabios, y esas cosas influyen naturalmente en la manera en que toco y produzco sonido, aunque mis intenciones generales siempre han sido las mismas o al menos muy similares.

Ha trabajado con una amplia variedad de directores y orquestas. ¿Qué espera de un director y de un conjunto para que un concierto se convierta en una experiencia verdaderamente vibrante?

Creo que el escenario debería ser una zona libre de ego. Debe ser un lugar de alegría y de libertad compartidas. Cuando todos avanzan en la misma dirección, con una mentalidad abierta, apoyándose mutuamente en cada momento y estando plenamente presentes y activos al mismo tiempo, suceden cosas extraordinarias.

El 30 de marzo ofrecerá en el Teatro Liceo de Salamanca un programa camerístico junto a Hisako Kawamura con obras de Dvořák, Brahms y César Franck. ¿Qué le diría al público sobre lo atractivo de este repertorio?

El programa consiste únicamente en obras originalmente escritas para violín y piano, pero todas ellas tienen, de algún modo, un aire de violonchelo en su mundo sonoro y en sus expresiones, por lo que también resultan especialmente bellas en el violonchelo y casi podrían considerarse parte oficial del repertorio para este instrumento. Por ejemplo, la conocida Sonata de Franck fue incluso concebida originalmente como sonata para violonchelo, pero de repente Franck necesitó un regalo de bodas para su amigo cercano, el violinista Eugène Ysaÿe, y la convirtió en una sonata para violín.

por Lucas Quirós

www.maximilianhornung.com

 

Foto: El violonchelista Maximilian Hornung debutó recientemente con la Berliner Philharmoniker.
© Marco Borggreve

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