Max Volbers & Il Pomo d’Oro.
Berlin Classics 0304656BC (CD)
Maravillas y curiosidades en el salón musical de Telemann
Naturalia, artificialia, exotica y scientifica son las cuatro grandes categorías de objetos que conformaban las colecciones de los cuartos de maravillas o gabinetes de curiosidades que atesoraban las familias nobles y burguesas a lo largo de la Edad Moderna. Contemplar, tocar, sentir y contener entre cuatro paredes la magnificencia y variedad del cosmos era el propósito de estos singulares espacios, manifestación de un capital simbólico que permitía a sus propietarios hacer gala de su poder y vestir, a través de lo extraordinario, su propia identidad ante los ojos del mundo.
Y, ante semejante variedad de objetos, cabría preguntarse: ¿acaso pudo la música ocupar también un lugar en estos espacios? Más allá de la materialidad de sus estancias y de los objetos que albergaban, es innegable que las artes de Euterpe formaron parte de los mecanismos de proyección del prestigio y el estatus social en tiempos pretéritos. La música, por su propia naturaleza efímera, escapaba a esa lógica material, pero podía contribuir igualmente a representar la variedad del cosmos mediante la imitación de la naturaleza, la evocación de territorios lejanos o la representación sonora de los afectos.
Rara era la residencia de las élites dieciochescas en la que no resonase algún instrumento musical, o en cuyos salones no se disfrutase de las composiciones de los grandes maestros de su tiempo. Entre ellos, Georg Philipp Telemann (1681-1767), cuya extraordinaria diversidad creativa cobra hoy nueva vida gracias a la exquisita selección de obras con la que nos obsequian Max Volbers e Il Pomo d'Oro, abriéndonos las puertas de un pequeño salón de maravillas sonoras para flauta de pico.
En él, obras de gran tradición discográfica, como la Sonata en fa menor o la Suite en la menor, conviven con verdaderas joyas que permiten al oyente adentrarse en un universo de sentimientos, personajes y paisajes. Los suspiros del ingenioso Don Quijote, el canto de un ruiseñor, las tribulaciones de un hipocondríaco, las extravagancias de Arlequín o las tragicómicas ancianas se suceden en un singular desfile de pequeñas escenas musicales. A este particular gabinete se incorporan también los ecos de tierras lejanas, presentes en las danzas polacas conservadas en el manuscrito de Rostock o en la vivacidad de la Danza Hanakiana, adaptación del Presto de la Fantasía n. 12 para flauta sola. Todo ello conforma una colección de curiosidades sonoras en la que la música, despojada de su materialidad, parece adquirir cuerpo propio, invitándonos a contemplar, esta vez a través del oído, la magnificencia y variedad del universo creativo de Telemann.
Poco cabe añadir a la excelente interpretación de Il Pomo d’Oro y, muy especialmente, de Max Volbers a la flauta de pico, quien además como evidente multinstrumentista, con una articulación impecable, conjuga la expresividad del vibrato con una ornamentación en clara sintonía con el lenguaje del Barroco tardío de Telemann. Una interpretación que deja entrever, en cada una de las obras, el sello de su personalidad artística y una visión fresca que va más allá del propio concepto del programa para dar vida al curioso y maravilloso cosmos musical del compositor.
Carlos Navarro Sáez