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Discos recomendados de Ritmo

En esta sección encontrará los 10 discos que la revista RITMO recomienda cada mes, clasificados por meses y por su orden de recomendación del 1 al 10. Se archivan los recomendados desde junio 2011, para ver anteriores ir a "Ritmo Histórico".
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Ritmo Noviembre 2026 - Núm. 1010

SHOSTAKOVICH: Sinfonías 5, 7, 8 y 9

Shanghai Symphony Orchestra / Long Yu.
Deutsche Grammophon (CD)



La crítica

Shostakovich en Shanghai: vitalidad sorprendente

La filial china de DG publica las primeras cuatro grabaciones de un futuro ciclo completo de Sinfonías de Dmitri Shostakovich interpretadas por la Shanghai Symphony Orchestra bajo la dirección de Long Yu. Los primeros registros datan de 2025. El plan es que la integral concluya en 2029, año en el que se conmemora el 150 aniversario de la Shanghai Symphony Orchestra (SSO). Para esa fecha, está previsto que las 15 Sinfonías de DSCH se comercialicen en CD. Hasta que llegue 2029 y para aquellos shostakovichianos amantes del formato físico que no se conformen con disponer de estas versiones en plataformas digitales, existe la posibilidad de conseguir una próxima edición con estas 4 primeras entregas (Sinfonías ns. 5, 7, 8 y 9) en una caja de vinilos.

Antes de que algunos aficionados se pregunten qué se le ha perdido a la SSO en este repertorio, habría que aclarar que en la década de los 30 del siglo XX tuvieron lugar interpretaciones de, por ejemplo, la Primera de Shostakovich gracias a una comunidad de músicos rusos exiliados, que introdujo a los intérpretes y al público oriental en la entonces música soviética moderna. Tras la Revolución Comunista de 1949, obras como la Quinta y la monumental Séptima de Shostakovich se convirtieron en referentes tanto a nivel cultural como, sobre todo, político. En 1956, la SSO adopta el nombre actual y la figura de Shostakovich se consolida como parte de su repertorio. Obras como la Undécima fueron muy bien valoradas, debido a la alineación de China con el Realismo Socialista (enfocando a Shostakovich de una manera oficialista: en el caso de la Sinfonía n. 11, sin segundas lecturas). En 1966, tiene lugar la Revolución Cultural y una ruptura ideológica con la entonces llamada URSS, lo que provoca que la SSO se aleje de Shostakovich.

Tras estos vaivenes políticos de ida y vuelta (ahora te quiero y ahora te odio), llegamos a un presente en el que la SSO aspira a recuperar el vínculo histórico y reconstruir ese puente que unía a Shanghai con el gran sinfonista ruso del XX. La ciudad china ocupa actualmente el primer lugar en el ranking de ciudades portuarias comerciales, con transacciones de bienes y servicios que incluyen una mayor proyección cultural. China es un gran consumidor de cultura y también un gran exportador, al igual que Japón y Corea. No sólo ofrece arte escénico tradicional (jīngjù, la ópera de Pekín), sino también sus orquestas (Beijing Symphony Orchestra, China National Symphony Orchestra o Shanghai Symphony Orchestra).

Ahora bien, este rescate del legado sinfónico de Shostakovich por parte de la SSO se aleja por completo de la política y de la escuela interpretativa rusa. No queda nada de la hermenéutica estalinista ni de la antiestalinista. La actual SSO renuncia a convertir el sinfonismo de Dmitri Dmitrievich en un campo de batalla ideológico. Lo que prima en estas grabaciones discográficas de la SSO es la objetividad, la disciplina, el análisis, la precisión y el esplendor sonoro.

En ese sentido, estos nuevos registros de DG podrían rivalizar no con los comprometidos Kondrashin, Barshai, Rozhdestvensky o Sanderling, sino con la apuesta centelleante y despolitizada de Haitink, la opción más famosa entre los discófilos en el subapartado “Interpretaciones Objetivistas de Shostakovich”. La SSO suena con una brillantez que, en una escucha a ciegas, podría pasar por ese sonido espectacular que se asocia de manera habitual con las formaciones sinfónicas estadounidenses.

La articulación es impecable en estas interpretaciones de las Sinfonías 5 y 7 a 9, llevadas a cabo por la SSO. Destaca una construcción arquitectónica muy medida. Sonido robusto y denso en la cuerda (para esta sección orquestal, se podría utilizar el título de un famoso cómic de Daniel Clowes: Como un guante de seda forjado en hierro). Metales esplendorosos y afilados (tremendos en la Quinta y en la Séptima). Maderas con personalidad, sobresalientes en los pasajes solistas (destacaría el solo de fagot en el primer movimiento de la Séptima, el de clarinete en el segundo también en la Séptima o ambos instrumentos en el quinto de la Octava). En el apartado técnico, y sin salirnos del sello amarillo, el rango dinámico es mejor que el del reciente ciclo Shostakovich de Andris Nelsons.

En cuanto al director, Long Yu tira de épica para construir una Séptima que desde luego no es la más ácida, pero nunca pierde la claridad y rivaliza con las versiones que destacan lo ciclópeo de la partitura. Para lo bueno y lo malo, Long Yu es una batuta de las que se echa a un lado y deja que hable el compositor. La Octava, como se menciona, no busca el barro, pero es sorprendentemente cristalina y (a su manera precisa e implacable) se asoma al abismo. La Novena, en cambio, tiene más veneno de lo que cabría esperar con este enfoque neoclásico o imparcial. La Quinta tampoco es una versión descarnada, pero, de nuevo, apabulla en los pasajes masivos y transmite una vitalidad que no se escucha todos los días en una obra tan de repertorio.

Daniel Pérez Navarro

9
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