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Discos recomendados de Ritmo

En esta sección encontrará los 10 discos que la revista RITMO recomienda cada mes, clasificados por meses y por su orden de recomendación del 1 al 10. Se archivan los recomendados desde junio 2011, para ver anteriores ir a "Ritmo Histórico".
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Ritmo Julio-Agosto 2022 - Núm. 963

R. STRAUSS: Obras orquestales.

Latry, Ma, Wang. Orquestas de la Gewandhaus y Sinfónica de Boston / Andris Nelsons.
DG 4862040 (7 CD)



La crítica

EL MÁS GRANDE STRAUSSIANO VIVO

Desde los inicios de su carrera, Andris Nelsons ha mostrado una afinidad especial hacia la música de Richard Strauss. Se puede comprobar acudiendo a sus grabaciones al frente de la Orquesta de la Ciudad de Birmingham para Orfeo, o en sus trabajos en el podio de la Royal Concertgebouw publicados por CMajor y Bis, además de los testimonios vía Internet. El pasado 6 de mayo DG lanzó el álbum que nos ocupa, donde el letón, al frente de las dos orquestas que regenta actualmente, muestra una vez más que la música del bávaro guarda pocos secretos para él.

Sinfónica de Boston

El contenido de los siete CD que incluye la publicación se encuentra distribuido de forma que los tres primeros se dedican a la Sinfónica de Boston, los tres siguientes a la Gewandhaus, y el último a ambas orquestas, incluyendo la interpretación del Preludio Sinfónico con el concurso de los integrantes de ambas formaciones y Olivier Latry al órgano, en una espectacular interpretación que también puede ser vista en imágenes a través de YouTube. No es extraña para la Sinfónica de Boston la música del bávaro, el mismo Strauss la dirigió por primera vez en 1907 a lo largo de una gira por los Estados Unidos.

Si hay algo que define la labor del letón como director es, sin duda, su capacidad para transmitir a la orquesta sus propios pensamientos e intenciones, lo que pretende obtener de ella, algo esencial en una música como la de Strauss; se puede apreciar ya desde los primeros acordes de la Sinfonía Alpina que da inicio al primer CD, una obra en la que parece haber profundizado enormemente desde su registro de Birmingham (2010) para Orfeo. En realidad, no solo ocurre con esta obra, sino con el resto de las que aparecen en estos discos, pues de ellos se desprende que el letón nunca ha dejado nada por definitivo en el estudio de estos pentagramas, sino que su concepto de los mismos evoluciona con el paso del tiempo. Desde el punto de vista técnico, desentraña el valor de las diferentes texturas orquestales, de forma que hace presentes en cada momento los diferentes estratos que intervienen; un ejemplo muy claro de lo que decimos se puede apreciar en la sección titulada “visión” de la obra.

La capacidad para narrar a través de la música es otra de las características que atesora la dirección de Nelsons. Los fragmentos sinfónicos de las óperas que se incluyen son una muestra inmejorable de lo que decimos, tanto en Intermezzo como en la Fantasía sobre temas de la Mujer sin sombra, o en la Escena de amor de Feuersnot. Pero también esta capacidad se hace presente en obras como Don Quijote, en esta ocasión con un Yo-Yo Ma estratosférico que recrea la personalidad del caballero de la triste figura con una imaginación musical sin precedentes, como ya había demostrado junto a Jansons en enero de 2016; posiblemente, hoy por hoy, junto a Rostropovich-Karajan, Tortelier-Kempe y Sharp-Barenboim, incluso por encima de ellos en ocasiones, se erija como la versión más impresionante de la obra. O también en Muerte y transfiguración, donde consigue un último clímax de infarto; quizás, hasta pueda hacer congraciarse con Strauss a los detractores de la obra por su forma de hacer la Sinfonía Doméstica. También en un Till Eulenspiegel de una frescura inaudita, donde el letón deja que la música fluya por sí misma y cuente lo que hay detrás de las notas. Muy pocos, de una forma tan simple, han logrado explicar estos pentagramas con tal claridad.

Gewandhaus de Leipzig

El letón tiene en su cabeza lo que quiere para su orquesta, u orquestas, dependiendo de las características y posibilidades de las mismas. Por ejemplo, en los cuatro años que Nelsons lleva al frente de la Gewandhaus, ha hecho sonar a la formación como nunca; lo hemos podido venir apreciando en sus grabaciones de Bruckner, Tchaikovsky, Wagner, etc., pero se hace aún mucho más evidente en este Strauss. Es difícil escuchar un empaste de las cuerdas igual en la sección de “los retrógrados” de Así habló Zaratustra; o un Don Juan de este poderío instrumental, voluptuoso, pero también meditado y reflexivo cuando ha de serlo, para lo cual se apoya en el perfecto trabajo orquestal de adaptación que, según se desprende de estas versiones, está realizando con la formación. Un Don Juan que en concepto no se encuentra muy alejado de la versión de Sinopoli con la Staatskapelle Dresden (también DG).

Como ocurría con Boston, Strauss dirigió a la Gewandhaus en diferentes ocasiones a lo largo de su vida (en este caso con mayor frecuencia, por razones de cercanía), la primera en 1883 cuando aún no había cumplido los veinte años de edad; es decir, que ambas orquestas poseen no poca tradición straussiana, aunque sobre el papel no lo parezca tanto. A tenor de estas grabaciones protagonizadas por Nelsons, y otras muchas, cada vez encontramos más inexplicable la determinación de la Filarmónica de Berlín (una orquesta para la que el letón parece estar hecho a medida) de preferir a Kirill Petrenko para relevar a Rattle, un director notable, sin duda, pero a bastante distancia de lo que aquí venimos describiendo; desde luego, las razones no debieron ser musicales, sino de otra índole que, como no puede ser de otra manera, a los berlineses se les hizo difícil explicar en su día.

El monumental trabajo que el letón está llevando a cabo en la Gewandhaus se aprecia una vez más en el arrebatador (y arrebatado) Macbeth incluido en este álbum; pero también en los contrastes que ofrece Una vida de héroe, donde de nuevo hay que rendirse ante la capacidad narrativa del director, sin duda, consecuencia de su facilidad para transmitir a la orquesta el efecto que necesita en cada momento. También, en la frescura de Aus Italien, esa temprana partitura que ya contiene no pocos de los elementos que caracterizarán la obra del bávaro.

Ni siquiera en la Suite de Der Rosenkavalier, ni en la matizada Danza de los siete velos de Salomé, el letón deja nada al azar, ni se abandona a la exuberancia orquestal de estas músicas; ni en la Burleske, donde lleva por su misma senda a una Yuja Wang que le sigue como si de un acólito se tratase.

Su versión de Metamorfosis es una lección de cómo se debe dirigir una orquesta de cuerda. En sus manos, esta reflexión musical en torno a la Marcha fúnebre de la Heroica de Beethoven queda perfectamente explicada; él mismo entiende así la obra, de forma estrictamente musical. Se aleja un poco de la idea que el autor quiere transmitir del significado de esta música, compuesta no sólo al final de una vida, sino de los últimos compases de toda una época. Queda relegado a un segundo plano, por tanto, ese pathos que sí encontramos en otras versiones como las de Klemperer, Barbirolli, Previn, Karajan o Sinopoli. Es una lectura que seguramente el letón ampliará en posteriores acercamientos a estos pentagramas. En definitiva, unas versiones actuales de un Strauss muy actual que, hoy por hoy, serán difíciles de superar. Hay que conocer estos discos, sería volver la espalda a la historia no hacerlo.

Rafael-Juan Poveda Jabonero               

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