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Discos recomendados de Ritmo

En esta sección encontrará los 10 discos que la revista RITMO recomienda cada mes, clasificados por meses y por su orden de recomendación del 1 al 10. Se archivan los recomendados desde junio 2011, para ver anteriores ir a "Ritmo Histórico".
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Ritmo NOVIEMBRE 2016 - Núm. 901

R. STRAUSS: Elektra

Herlitzius, Meier, Pieczonka.  Coro Gulbenkian. Orchestre de Paris / Esa-Pekka Salonen. Escena: Patrice Chéreau. Un film de Stéphane Metge (Festival d’Aix-en-Provence, 7-2013).
BelAir, BAC110 ( DVD)



La crítica

Testamento

Ideada en 2007, la Elektra de Patrice Chéreau se estrenó en el Festival d’Aix-en-Provence en julio de 2013. El cineasta y hombre de teatro fallecería muy pocos meses después, ni siquiera pudo tomarse las uvas del Año Nuevo. Pero si brindaría con el vino que tanto le gustaba por esta excepcional Elektra, su testamento teatral, una visión naturalista del mito, basado en la obra homónima de Sófocles.

Para Chéreau, a ciencia cierta, en la misma ópera no se saben las razones que ha tenido Clitemnestra para asesinar a Agamenon, junto al siempre excitado Egisto (una prolongación del Herodes de Salome), acción que a Elektra la ha dejado huérfana de quien, siendo niña (en Sófocles no es más que una adolescente), estaba enamorada: su padre. Todas las acciones van encaminadas, en base al odio por la pérdida irreparable, hacia la venganza. Hasta aquí, el espectador siente empatía por quien deambula como un muerto viviente por una casa medio vacía, sin recibir una sola muestra de afecto por los sirvientes, más preocupados en que su señora y su fogoso amante tengan los caprichos que necesiten en el momento más inesperado.

Chéreau consigue quitar credibilidad al discurso de Elektra, hace que no nos creamos todo lo que sale (canta) por su boca. El escenario que plantea es un palacio sin lujos, pero no decadente (un austero búnker con departamentos, recuerda a las estancias griegas y a su Tristan en la Scala), a modo de prisión emocional: Elektra no tiene escapatoria, las acciones de su pensamiento ya están decididas como su cuerpo está encerrado bajo las puertas con llave que una y otra vez abren y cierran los sirvientes de la casa. Atrapada en su venganza.

Decía Norman del Mar que “Elektra es un poema sinfónico con voces”. El propio Strauss aseguró que se conformaba con escuchar el 40% de estas, estando la poderosa orquesta siempre en primer plano. Son muchos los que se quejan, tras una Elektra, del desajuste sonoro y balance entre música instrumental y vocal. Las grabaciones discográficas (Solti o Sinopoli, por ejemplo, que usaron la orquesta pisando a fondo) nos mostraron que los balances, a pesar del temporal orquestal, podrían equilibrarse, gracias a los ingenieros de sonido, pero en directo, sin trabajo de laboratorio, las decisiones sonoras de volumen acaban por decantar la balanza hacia la decisión de Strauss, un 40%... Un inteligente Barenboim buscó el aspecto camerístico de la orquestación, pidiendo a gritos un director de escena como Chéreau, con el que no pudo hacer esta obra (en Madrid se la escuchamos con escena de Dieter Dorn, interesante y relativamente embrionaria de esta de Chéreau, empleando al unísono música y acción para captar al oyente desde la primera nota, o más bien desde los cuatro primeros acordes, contundente motivo de Agamenon).

Salonen, que en los últimos años ha dirigido asiduamente Elektra, suaviza su abrupta modernidad, destaca especialmente por un amplio legato orquestal y un sonido muy hermoso de la Orquesta de París, poco straussiana, descubriendo similitudes sonoras con Oedipux Rex de Stravinsky, mitos griegos encontrados. La excelente filmación, dirigida por Stéphane Metge, con movimientos de cámara a lo  Lars von Trier, nos deja ver primeros planos y descubrir a cantantes recuperados para la ocasión, inmensos en escena, con breves intervenciones vocales, como Roberta Alexander, Sir Donald McIntyre y Franz Mazura como preceptor de Orestes, que es quien asesina por la espalda a Egisto. Es este el papel más ingrato y que menos poso interpretativo deja (correcto Tom Randle), pero el resto es de primera fila, desde una Crisotemis excepcional, Adrianne Pieczonka, a la que Chéreau otorga mayor personalidad que de costumbre; suele ser un personaje cándido y asustado ante la tensión constante de su vengativa hermana.

La naturalidad escénica, como si estuviera cada uno en su propia casa (vestuario, peluquería y maquillaje), convierte la Elektra de Evelyn Herlitzius en un logro teatral y un mérito vocal, sin llegar a aquellas que nos desgarraban el alma. Petrenko luce su espectacular registro grave como un grandísimo Orestes, mientras Waltraud Meier domina desde cualquier punto de vista el personaje de Clitemnestra, más humana que nunca, más razonable en su deleznable acción en off: cuando recibe el consejo de Elektra de realizar un sacrificio para aliviar sus dolores, transmite compasión, un logro solo que el tándem Chéreau-Meier (eran grandísimos amigos) podría lograr.

“Los perros del patio me reconocen y me hermana no es capaz de hacerlo”, esta referencia Ulisiana de Orestes es el ejemplo del arte de un director teatral irrepetible. Logra ir por delante de la acción, lo que Elektra no sabe, el espectador ya sí, ha hecho que los sirvientes se postren ante él mientras su hermana sufre en el suelo. Es decir, una Elektra para postrarse.

Gonzalo Pérez Chamorro

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