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Discos recomendados de Ritmo

En esta sección encontrará los 10 discos que la revista RITMO recomienda cada mes, clasificados por meses y por su orden de recomendación del 1 al 10. Se archivan los recomendados desde junio 2011, para ver anteriores ir a "Ritmo Histórico".
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Ritmo JULIO-AGOSTO 2016 - Núm. 898

MAHLER: Sinfonía n. 5. 7 canciones de Des Knaben Wunderhorn.

Matthias Goerne, barítono. Orquesta del Festival de Lucerna / Andris Nelsons.
Accentus, ACC20354 (DVD)



La crítica

Por qué tantas veces Mahler

Por qué tanto Mahler en los conciertos y en los discos. Es una pregunta que está bien hacerse, aunque pueda parecer un tanto obvia; tan boba como cómo preguntarse por qué tanto Bruckner, tanto Shostakovich o, por extensión, tanto Tchaikovsky o tanta Sinfonía fantástica. Pero hay que hacérsela y tratar de contestarla: en principio, porque a la gente le gusta escuchar siempre lo mismo, porque lo nuevo siempre asusta, siempre exige pensar más, etc. Y también, por supuesto, porque Mahler engancha, a la gente le gusta. Así que al consumidor habitual no solo le gusta Mahler, cosa que se comprende muy bien, sino que no se harta de escucharlo, como, por ejemplo, sí me sucede a mí. Pero todo esto, solo en principio; con Mahler hay algo más, hay algo en sus Sinfonías (y un “algo” que en el caso de la Quinta es mucho) que emborracha, que convierte al receptor en una especie de socio privilegiado para compartir en secreto las múltiples, sufrientes, gloriosas  y muy cristianas culpabilidades humanas que Mahler despliega sobre las notas de sus obras de manera exuberante  y sobreexpuesta hasta el infinito.

Mahler vuela, y hace volar; aunque el mensaje de sus enseñanzas sea moralmente muy conservador y estéticamente esté lleno de trampas. Mahler fue un músico excepcional, único. Pero, a diferencia de otros cuyos nombres están en la mente de todos, que eran en su vida una cosa y en su música otra muy distinta, él trasladaba sin remilgos a sus frescos sonoros los conflictos sentimentales en los que anduvo  sumido toda su vida, siempre buscando la salvación, la redención, cuando no, como claramente sucede al final de su Quinta Sinfonía, el triunfo sobre un mundo del que solo es salvable la gloria de lo incomprensible, lo inexplicable, lo inescrutable, lo inaccesible… O sea, ¿Dios? ¿la Naturaleza? ¿el Amor? A mi entender: vaya usted a saber…

Tan cierto como que esto que digo, a más de uno le va a parecer una tontería especulativa, es que la realidad de todo ello más que en las partituras de Mahler hay que buscarlo en las versiones de sus intérpretes. La música de Mahler es tantas cosas al mismo tiempo que solo un trabajo de investigación exhaustivo sobre las  versiones que encaran cada uno de sus intérpretes puede dar luz acerca del universo “multipersonal” del autor; en sus intérpretes es donde están todas esas verdades, engaños o mentiras; definiciones morales o postureos baratos. Todo. Y quizá sea esa la verdadera razón por la que hay que intentar no sentir la fatiga que yo siento al escuchar Mahler; merece la pena seguir buscando, porque, efectivamente, Mahler es algo más que la magia maravillosa de sus orquestaciones o la impronta de su fabuloso mundo sinfónico: es todo un tratado de moral, una manera de entender la vida y mirar hacia el  mundo. E intentar dar a eso una explicación está muy bien, creo yo.

En su Mahler (Fundación Scherzo/Antonio Machado Libros, 2007), José Luis Pérez de Arteaga contabiliza 157 versiones de la Quinta Sinfonía de Mahler. Y como están clasificadas (de una a tres estrellas, con un sol para lo excepcional, que para él resulta ser solo una de ellas), se las ha escuchado todas. Vértigo me da solo pensarlo, a mí, que cada vez me cuesta más sentarme a escuchar la música de Mahler, y más concretamente su Quinta Sinfonía. Solo conozco unas pocas en disco, las que tengo en mi discoteca (Mitropoulos, Walter, Tennstedt, Kubelik, Barbirolli, Suitner, Solti, Haitink, Karajan, Mehta, Maazel, Bernstein, Abbado, Inbal, Sinopoli, Boulez, Chailly, Barenboim y Rattle), y alguna que otra vivida en la sala de conciertos, con pena casi siempre, con muy poquita gloria las más de las veces, salvo alguna excepción contada (Abbado, por ejemplo). Guardo, sin embargo, un gran recuerdo de la que hizo hace nada en Madrid Andris Nelsons, cuya idea de la obra ya había yo podido comprobar por su interpretación del Festival de Lucerna de 2015. O sea, la versión que aparece ahora en DVD.

Soy bastante incompatible con la mayor parte de casi todas las versiones antedichas, porque, por desgracia para mí, siento una gran incompatibilidad con los mensajes mahlerianos a los que antes me referí. Cada vez que vuelvo a escuchar la música de Mahler vuelvo a quedar fascinado por lo que escucho, pero muy fuera del drama que se me intenta contar. En la Quinta, como ya dije antes, desfilan todas y cada una de las vivencias expuestas con anterioridad, y muchas veces en un tono desafiantemente moralista. La mayor parte de los directores antes citados siguen esas pautas, en un acto de honradez extremo, y, en el mejor de los casos, consiguen  explicar bien las cosas. Pero muy pocos se atreven a enmendar la plana al compositor, interpretándolo no desde el mensaje moral sino, o bien desde una perspectiva nacionalista desinfectada de ideología (que alguno lo intenta, y con bastante fortuna), o bien desde la más pura inmoralidad. Para mí, el único que hizo este peligrosísimo ejercicio fue Sir John Barbirolli (1969), y es una verdadera pena que no la grabara Otto Klemperer, que una vez dijo algo que para mí ha sido y sigue siendo un manual de instrucciones en la interpretación mahleriana: “Bruno Walter hace un Mahler moralista; yo lo hago inmoralista”. Klemperer, en esto, es mi ídolo.

Así las cosas, a mí me parece que Andris Nelsons es el único que desde hace bastante tiempo se aproxima más a esa línea. Y por eso, a este humilde comentarista, su Quinta de Mahler es la que más le ha gustado años ha. Conclusión: en este DVD, que se completa con una selección de los Wunderhorn, magníficamente cantada por Matthias Goerne, hay una Quinta de Mahler que se aproxima bastante a mi ideal, que creo ya he explicado cuál es y por qué. Naturalmente hay muchos más Mahler que el mío.

Pedro González Mira           

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