Música clásica desde 1929

Discos recomendados de Ritmo

En esta sección encontrará los 10 discos que la revista RITMO recomienda cada mes, clasificados por meses y por su orden de recomendación del 1 al 10. Se archivan los recomendados desde junio 2011, para ver anteriores ir a "Ritmo Histórico".
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Ritmo JUNIO 2017 - Núm. 908

LISZT: Música completa para piano (Vol. 45: 12 Grandes estudios, S. 137).

Wenbin Jin, piano.
Naxos 8.573709 (CD)



La crítica

Música diabólica

Durante los años de Weimar, en la primavera de 1851, Liszt terminó su Doce Estudios Trascendentales S. 139, que conocieron una redacción inicial bajo el nombre de Doce Grandes Estudios S. 137, que es la que se registra en esta entrega 45 de la serie dedicada al compositor húngaro. En detalles de textura, voces, cuya ejecución se traslada de mano, cambios dinámicos y agógicos, indicaciones interpretativas ausentes posteriormente y, especialmente, un grado de dificultad muy superior en la ejecución, de los que son buena muestra las modificaciones en los estudios ns. 8, 10 y 12 (no se utilizó títulos literarios en la edición de 1837), son los elementos que marcan las diferencias con la versión definitiva. La adaptación final es sin duda muy superior a los 12 Grandes Etudes, más pulida musicalmente con la eliminación de exigencias técnicas innecesarias, pero hay en estos S. 137 algunos momentos del espectacular Liszt merecedores de escucha por todo amante del piano, y aunque la dificultad legendaria no sea el principal atractivo, mantienen siempre su encanto mágico.

La escasez de grabaciones de estos estudios (Janice Weber, Leslie Howard, Idil Biret y Massimo Gon) y la calidad interpretativa del joven Wenbin Jin (n. 1987), convierte al presente registro en uno de los más atractivos de la serie. El pianista chino transmite una gran sensación de control y aporta verdadero ímpetu juvenil, manteniendo tiempos similares a los que estamos habituados a escuchar en los Trascendentales, para lo que se sirve de una excepcional capacidad técnica, que le permite salvar las complejidades de los más brillantes, como acredita con el espectacular y detallado inicio del n. 8 o el grandioso clímax del n. 11 (posteriormente denominado Harmonies du soir), diseñado a base de acordes que luego fueron sustituidos por octavas.

Acompaña esta técnica con uso imaginativo y racional de los pedales, que se emplean en la consecución de los continuos efectos orquestales sin emborronar nunca el discurso bastante fluido, así como una paleta dinámica bastante amplia para destacar con belleza los rasgos melódicos y armónicos con un timbre cristalino. Buen ejemplo de ello son los resultados que consigue en los pasajes más poéticos, exhibiendo gran delicadeza en el n. 3 (Paysage) o una melancolía carente de sensiblería en el n. 9 (Ricordanza). Las posibles comparaciones no deberán buscarse en las extraordinarias versiones del S. 139, llámense Arrau, Ashkenazy, Berezovsky o la más reciente de Trifonov, sino en los pianistas antes mencionados a los que, cuando menos, iguala en calidad musical y técnica para superarlos en sentido diabólico.

José Luis Arévalo

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