Arditti Quartet.
Col legno COL20468 (CD)
Una anatomía sonora de Clemens Gadenstätter
En Paramyth 1–3 Clemens Gadenstätter nos arrastra hacia un territorio donde la música se convierte en una herida abierta, un espacio sonoro donde la piel (esa frontera entre el yo y el mundo) se tensa, se corta y finalmente se desgarra. No hay aquí melodías complacientes ni gestos narrativos; hay pura fisicidad, un combate entre materia y conciencia, entre el arco y la cuerda, entre la escucha y el estremecimiento.
El ciclo, compuesto entre 2010 y 2016 para tres cuartetos de cuerda (JACK, Mivos y Arditti), se erige como una trilogía sobre lo táctil y lo simbólico. Häuten (desollar), Schlitzen (cortar) y Reißen (rasgar). Cada verbo remite a un acto primario, cotidiano y a la vez brutal. El compositor austríaco no busca la mímesis del sonido (no “representa” el corte) sino que lo hace sentir. El arco deviene bisturí, la resonancia una cicatriz vibrante.
La referencia pictórica (Tiziano, Grünewald, Bacon) funciona como un espejo interdisciplinar del gesto musical. En Häuten, la textura se adhiere al silencio como una segunda piel que se desprende lentamente, en un proceso de revelación dolorosa. Schlitzen introduce una violencia microscópica: el sonido es diseccionado, sus frecuencias laceradas en un laboratorio acústico. Reißen culmina el tríptico con la urgencia de Bacon: el grito ahogado del Papa se transfigura en un estallido de fricción, una energía que muestra la crudeza del vacío.
Gadenstätter nos confronta con acciones que creemos conocer (cortar, rasgar, tocar), pero que al ser trasladadas al dominio del sonido, revelan su dimensión simbólica y corporal. Escuchar se vuelve una forma de reflexión perceptiva. En la interpretación del Arditti Quartet, cada roce adquiere peso existencial. No ejecutan un texto, lo habitan, como si el instrumento fuera una extensión de la carne. Se escucha la tensión del arco al borde de la ruptura, la cuerda al límite de su resistencia. Esa fragilidad es, precisamente, el núcleo del ciclo: la consciencia de la inminencia del dolor como posibilidad de belleza. Recordemos la famosa sentencia de Rilke de la primera de sus Elegías de Duino: “Porque lo bello no es sino el comienzo de lo terrible, que todavía podemos soportar”.
En tiempos donde la sobreproducción digital anestesia la percepción cegando el pensamiento, Paramyth 1–3 nos devuelve al vértigo de lo real. Su radicalidad reside en el modo en que redefine la relación entre sonido, escucha y cuerpo. La música deja de ser un objeto de contemplación para convertirse en una experiencia visceral, una cartografía del tacto, un recordatorio de que toda creación implica una herida.
Gadenstätter escribe en sus notas: “El arte transforma las experiencias humanas cotidianas para hacerlas únicas, sin perder el contacto con su origen”. Paramyth 1–3 es un tríptico que expone la violencia inherente a la materia sonora, y nos invita a reconocer, en cada corte y en cada silencio, la posibilidad de sentirnos más vivos. Una obra de anatomía musical y metafísica. Una escucha que sangra.
Joan Gómez Alemany