Retz es una pequeña localidad austríaca situada a unos noventa kilómetros al norte de Viena, muy cerca de la frontera checa y a solo ocho kilómetros de la ciudad de Znojmo. Allí se fundó, en 2005, un festival cuya idea inicial era establecer un puente cultural entre Austria y la República Checa, especialmente entre Retz y Znojmo, y reunir en su programación música, ópera de cámara y literatura. Con el paso del tiempo, el festival fue modificando tanto su orientación artística como su dirección. Actualmente se encuentra a cargo de Christian Baier, quien ha nombrado a Luca De Marchi director musical del Festival. De Marchi es un distinguido músico italiano especializado en la música del Barroco, experto clavecinista que dirige las óperas y los oratorios desde el teclado de su instrumento.
Este verano, el festival, único en Europa dedicado al oratorio y a la ópera sacra, presentó en versión escénica La Giuditta —Judith & Holofernes en su denominación alemana— de Alessandro Scarlatti (1660-1725), padre de Domenico. Alessandro Scarlatti fue un compositor de óperas y oratorios tan prolífico como su hijo lo sería posteriormente como compositor de sonatas para clave. De su producción operística se conservan 114 óperas, compuestas entre 1679 y 1721, entre ellas dos versiones de La Giuditta: una para cinco voces solistas y otra posterior para tres. Esta segunda ópera-oratorio, compuesta sobre un libreto del príncipe Antonio Ottoboni, no constituye una revisión de la primera, sino una obra completamente nueva. Su título alemán hace referencia al tema bíblico tratado en el libreto.
Judith und Holofernes (La Giuditta) se presentó, al igual que muchos espectáculos anteriores, en la iglesia parroquial de St. Stephan zu Retz (San Esteban, en Retz). Montar un espectáculo escénico en una iglesia no es tarea fácil, ya que no se dispone de foso para la orquesta, escenario, telones ni de muchos de los elementos que facilitan una representación teatral convencional. No obstante, con mucho ingenio, el director y escenógrafo austríaco Hartmut Schörghofer logró crear un espacio teatral virtual más que convincente. La orquesta, en este caso el Ensemble Continuum Wien, se encontraba situada en la nave del crucero izquierdo —vista desde el público—, de modo que los instrumentistas solo eran parcialmente visibles, aunque disponían de una excelente visión del espacio donde normalmente se encuentra el altar y que, en este montaje, se convirtió en el ámbito escénico.
La historia de Judith —Judit en español— y Holofernes, ampliamente aprovechada tanto por libretistas y compositores como por pintores, relata la historia de una viuda que, ante el sitio de la ciudad de Betulia por los ejércitos asirios bajo el mando de Holofernes, decide actuar frente a la inminente rendición de la ciudad. Acompañada por su anciana nodriza, sale al encuentro del poderoso general enemigo. Holofernes, embelesado por esta mujer, termina literalmente perdiendo la cabeza: después de seducirlo, Judit lo decapita de un sablazo. Regresa luego a Betulia con la cabeza del enemigo y el ejército asirio, desorientado ante la pérdida de su jefe, se dispersa.
La producción de Hartmut Schörghofer consigue que el episodio bíblico deje de ser una historia distante para convertirse en una reflexión sobre el poder, la manipulación, la violencia y la responsabilidad individual.
La acción comienza con una procesión de figuras encapuchadas que ingresan en la iglesia por su entrada principal para dirigirse hacia el lugar donde debería encontrarse el altar y donde ahora se sitúa el espacio escénico. Mediante el empleo de proyecciones, Schörghofer consigue que lo que acontece en este espacio pueda contemplarse simultáneamente desde distintas perspectivas. Uno de los mayores desafíos de una representación de estas características consiste precisamente en evitar que el espacio religioso se convierta en un escenario convencional. Schörghofer lo consigue sin desvirtuar la naturaleza del lugar, integrando el espacio sacro en la acción dramática.
En lo referente a la dirección musical, Luca De Marchi reconstruyó para esta representación la versión original de la obra, utilizando para ello el manuscrito conservado en la biblioteca de música de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido.
La parte de Judit estuvo en manos de Carolina Lippo, soprano italiana especializada en la música vocal del Barroco. Su Judit fue, en un comienzo, una mujer desgarrada entre el horror de lo que debe hacer y la determinación de llevarlo a cabo. Lippo consiguió transmitir este conflicto mediante una expresividad vocal de gran nobleza, demostrando además una notable capacidad para hacer perceptible la complejidad psicológica del personaje. Hubo momentos en que Judit parecía quedar petrificada ante Holofernes, mientras que en otros la sensualidad calculada sustituía al horror que le provocaba el acto que sabía que debía perpetrar.
La actuación de Lippo alcanzó una gran intensidad precisamente porque evitó convertir a Judit en una figura unidimensional. La futura asesina se presentó como una mujer sometida a una situación extrema, y su decisión de seducir a Holofernes no nació de una frivolidad erótica, sino de una estrategia necesaria para salvar a su pueblo.
Frente a ella, Luigi Morassi presentó un adversario de considerable presencia escénica. La aparición inicial de Holofernes, en lo alto del púlpito y revestido de una dorada cota de malla, lo muestra como la encarnación misma del poder. Él es el vencedor, el hombre que domina militarmente la situación. Sin embargo, poco a poco, la seguridad del general comienza a desmoronarse. Su autoridad se transforma en complacencia y el conquistador acaba convirtiéndose en la víctima dócil de la mujer a la que creía haber conquistado.
El contraste constituye uno de los grandes aciertos de la puesta en escena: el hombre armado resulta finalmente indefenso, mientras que la mujer aparentemente desarmada posee un arma decisiva: su capacidad de seducción.
Chiara Brunello completó el triángulo dramático en el papel de la nodriza de Judit. Su participación no fue meramente funcional. Aportó seguridad vocal e intensidad contenida, con un timbre cálido y aterciopelado que contrastó adecuadamente con la tensión extrema a la que se encontraba sometida Judit.
De Marchi dirigió al Ensemble Continuum Wien con una concepción estilística contenida y transparente, alejada de cualquier exuberancia innecesaria. La interpretación históricamente informada, con un uso reducido del vibrato, permitió descubrir la riqueza de la escritura de Scarlatti y, sobre todo, su extraordinaria capacidad para caracterizar musicalmente a los personajes.
La música no se limita a ilustrar la acción: penetra en la psicología de los protagonistas. Las líneas vocales revelan dudas, seducción, temor y decisión. La aparente sencillez de determinados momentos esconde una refinada construcción dramática.
El Ensemble Continuum Wien respondió con flexibilidad y sensibilidad a las exigencias de De Marchi. Hay energía cuando la acción lo reclama, pero también una atención constante a la palabra y a la línea vocal. El resultado es una sonoridad que permite respirar a las voces y que el texto conserve su protagonismo.
Lejos del ruido de los grandes festivales internacionales, el Festival de Retz demuestra así que un acontecimiento de dimensiones relativamente reducidas puede ofrecer propuestas artísticas de considerable interés. La combinación de una obra poco frecuentada, una interpretación musical rigurosa y una puesta en escena concebida específicamente para el espacio de la iglesia de marras, convierte esta Giuditta en una experiencia que trasciende la mera recuperación de una partitura barroca. Retz confirma, una vez más, que también lejos de los grandes centros operísticos es posible encontrar un teatro musical vivo, exigente y capaz de dialogar con el presente.
Gerardo Leyser
Carolina Lippo, Chiara Brunello, Luigi Morassi.
Ensemble Continuum Wien / Luca De Marchi.
Escena : Hartmut Schörghofer.
Judith & Holofernes (La Giuditta) de Alessandro Scarlatti.
Iglesia Parroquial St. Stephan zu Retz
Festival de Retz 2026
Foto © Wolfgang Hanousek