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Crítica / Sólido instrumento orquestal - por José Antonio Cantón

Alicante - 29/11/2023

Con el título dado al concierto de presentación de la Orquesta Nacional de Lyon (ONL) en el Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA), “Carte Blanche Zukerman”, se ha querido enfatizar sobre la importancia de Pinchas Zukerman como uno de los violistas más singulares en el planteamiento de la obra que abría el programa; el Concierto para violín y orquesta en Si menor, Op. 61 de Edward Elgar, instalado en el repertorio con apreciada significación que, por su longitud cercana a los cincuenta minutos, tratamientos armónicos y enormes dificultades técnicas, es poco frecuente en las salas de conciertos.

Estas características venían a reforzar el interés por escuchar cómo ha podido evolucionar la interpretación de este solista, que en el año 1976 realizó una grabación junto a Daniel Barenboim al frente de la London Philharmonic Orchestra, que adquirió cierta relevancia por el expansivo planteamiento estético que adoptaron ambos intérpretes ante los míticos registros de Albert Sammons y Henry J. Wood, dirigiendo a la New Queen´s Hall Orchestra, que se puede encontrar en el sello discográfico NAXOS-Records, y de Yehudi Menuhin con el autor en el pódium frente a la London Symphony Orchestra en una grabación histórica de EMI, diferentes referencias de la fidelidad al mensaje que contiene esta obra.

Con una adopción de tempo más sereno y pausado, Zukerman ha abordado este concierto con la intención de asegurar su complicada ejecución que le permitiera facilitar su lectura y así llegar con más profundidad a sus esencias. Este planteamiento ya se pudo percibir en la forma de conducir de Nikolaj Szeps-Znaider, director titular de la ONL, la extensa introducción orquestal de esta obra que sirvió para apreciar la solidez de sonido de esta orquesta y su adecuada afinidad de respuesta ante las indicaciones que surgían desde el pódium. El solista entró en acción resolviendo con definida intención tan largo tránsito, adueñándose de la situación temática del discurso que le permitía fijar su protagonismo, que se acentuó con la aparición del segundo tema de este primer movimiento, Allegro. Fue aumentando su prestancia conforme se acercaba su terminación, llegando a dar la sensación de que se despegaba de la orquesta adelantándose a ella en una apasionada búsqueda del final de este movimiento.

Con emocional elocuencia expuso el Andante central realzando su función de contracanto ante el desarrollo orquestal que imprimía el director produciendo un sonido de noble expresividad. Ambos, solista y director, se identificaron con esta página de manera elocuente, logrando el momento más significativo estéticamente de su intervención. El Allegro molto que cierra el concierto lo afrontaron como un concentrado epílogo al sortear sus distintos motivos con un marcado sentido evocativo antes de afrontar la curiosa cadencia que plantea Elgar, donde quedó de manifiesto la agilidad de la sección de cuerda de la ONL, generando una misteriosa atmósfera con sus tremolados pizzicatos de inquietante consecuencia sensitiva en el escuchante. La coda final la expusieron con gran determinación en su función resolutiva, realzando el equilibrio concertante manifestado a lo largo de toda la interpretación. Hasta cuatro salidas al escenario de Zukerman ante el prolongado aplauso no terminaron de llevarle a ofrecer bis alguno, lo que provocó quedara cierto grado de frustración en el auditorio.

La monumental Primera Sinfonía en Do menor, Op. 68 de Brahms ocupó la segunda parte del programa, lo que permitió pudiera disfrutarse de la calidad de la orquesta y todas las posibilidades recreadoras de su director titular. Éste impulsó el inicio del primer movimiento con más amplia proyección eufónica a la empleada en el concierto de Elgar, lo que favoreció la impactante grandiosidad de su presentación para ir derivando a cierta plasticidad sonora en el tratamiento de su primer tema, que se convertía en melancólica expresividad en el segundo, superando este estado con el sentido rítmico dado al tercero y el equilibrio combinatorio alcanzado en los tres en la parte del desarrollo, hecho que dejaba claro su profundo conocimiento estructural de este tiempo. Implementó de lirismo la exposición del Andante sostenuto, sin caer en el más mínimo decaimiento, lo que favorecía la intencionalidad reflexiva que comporta su escucha.

Con gentileza y afabilidad condujo el tercer tiempo, dejando la sensación de apacible serenidad favorecido por el timbre de los clarinetes, punteros instrumentos de la sección de cuerda de la ONL, para terminar la sinfonía con un perfecto dominio de la complejidad temática y aires del último movimiento con los que sobradamente quedó de manifiesto la solvencia técnica y la musicalidad de Nikolaj Szeps-Znaider, intérprete de amplio horizonte conceptual fomentado también por su enorme calidad de violinista, demostrada en los inicios de su carrera como instrumentista con la obtención de varios premios internacionales de gran prestigio como el Concurso Reina Isabel de Bruselas en 1997, formación y experiencia que significan siempre un plus añadido a la dirección.

Queriendo cerrar el círculo de su actuación, dirigió como bis la novena de las Variaciones Enigma, (“Nimrod”) de Edward Elgar con emocionante tensión de concepto y forma que hacía que la orquesta entrara en una plenitud expresiva de primer nivel para beneplácito del público que llenaba la sala sinfónica del ADDA.

José Antonio Cantón

 

Orchestra National de Lyon

Solista: Pinchas Zukerman (violín)

Director: Nikolaj Szeps-Znaider

Obras de Johannes Brahms y Edward Elgar

Sala Sinfónica del Auditorio de la Diputación de Alicante (ADDA) / 23-XI-202

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