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Crítica / Shunske Sato y su lección magistral del mejor clasicismo - por Simón Andueza

Madrid - 26/06/2024

La presente temporada del Ciclo ‘Universo Barroco’ del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) en la sala de cámara del Auditorio Nacional ha concluido con un formidable recital de nuestra querida Orquesta Barroca de la Universidad de Salamanca (USAL), uno de los proyectos pedagógicos de excelencia más singulares y sobresalientes de toda Europa, con un excepcional violinista como director y solista, Shunske Sato, que encarnó todo aquello que el proyecto promulga y que demostró una arrebatadora y contagiosa pasión por la interpretación históricamente informada, ejerciendo de absoluto líder carismático de la orquesta, ejecutando él mismo como solista dos conciertos de violín de un modo absolutamente soberbio.

Es ya el segundo año consecutivo en que la Orquesta Barroca de la Universidad de Salamanca clausura este ciclo de la simpar sala de cámara madrileña, y nos ha vuelto a dejar, otra vez, un inmejorable sabor de boca, no solo por su entusiasmo y compromiso musical, sino por el excelente estado de forma en que se encuentra actualmente en un período musical que a priori pueda parecer sencillo, el clasicismo, pero que resulta de una transparencia total que resulta absolutamente clarificadora para comprobar el nivel musical de quien se enfrenta a él.

La orquesta se presentó como un numeroso grupo instrumental para el reducido y generoso recinto que acogió el concierto, con una formación de 5-6-5-2-1 en la cuerda, a la que se sumaba casi siempre el maestro japonés, más dos trompas, dos oboes, fagot y clave.

La primera de las piezas que integraban el programa, la Sinfonía nº 10 en sol mayor, K 74 de Wolfang Amadeus Mozart (1756-1791) mostró desde su comienzo a la orquesta como un auténtico vendaval de arrolladora energía que sería una cualidad constante a lo largo del resto de la velada, con Shunske Sato como inspirador director tocando simultáneamente el violín de espaldas al público, sumándose a la sonoridad lujuriosa de las armonías de la orquesta.

El primero de los dos conciertos para violín y orquesta de la noche, el Concierto para violín en fa mayor de Thomas Linley jr. (1756-1778), nos desveló una partitura admirable y a un solista excepcional. La belleza de la partitura del amigo de adolescencia de Mozart prematuramente desaparecido es incontestable, y posee una belleza melódica tan hermosa que debiera ser una pieza asiduamente visitada. Las introducciones del primer y tercer movimiento, que cualquier director hubiera ejecutado como meros pasajes de paso, se convirtieron en bellísimas páginas a las que Sato otorgó una musicalidad e intencionalidad formidables que evidenciaron que cada compás de cualquier partitura puede albergar el más sublime arte si lo interpretan las manos apropiadas. En cuanto a la ejecución propiamente violinística como solista Shunske Sato nos dejó boquiabiertos primeramente con el fastuoso sonido que arrancaba a cualquier pasaje, con un arco que muchos denominarían como arcaico por su más que patente sencillez, pero que el brazo derecho del maestro japonés convertía en un asombroso mecanismo de alta precisión capaz de extraer a las cuerdas de tripa de su instrumento el sonido más bello que un violín pueda albergar. La afinación de los agudísimos pasajes ideados para el lucimiento del solista por el compositor londinense, gran conocedor de las posibilidades del instrumento como buen violinista virtuoso, fueron de una limpieza, afinación y precisión absolutas.

Las cadencias de los dos movimientos impares, seguramente de cosecha propia, nos hicieron recordar a los grandes maestros del violín ya desaparecidos que reinaban en las grabaciones discográficas de referencia de la primera mitad del siglo XX, tanto por complejidad técnica y musical como por estilo, personalidad y sonoridad, y que resultaron absolutamente magistrales y de una rareza exquisita para los acostumbrados oídos a una aproximación historicista de este período de la historia de la música.

Tras la pausa escuchamos la Sinfonía en mi bemol mayor del compositor checo Josef Mysliveček (1737-1781), querido y admirado colega de Mozart, tan influyente en sus primeros trabajos y quien fue un afamado compositor de óperas y sinfonista. La obra que felizmente degustamos nos volvió a mostrar a una excelente orquesta de cámara en estado de gracia totalmente entregada a la partitura, claramente excitada por quien en aquella ocasión les comandó. La obra exhibió en todo momento una musicalidad espléndida de sus bellos temas, con unas trompas que sonaron siempre rotundas, precisas y exuberantes, dotando de una rica sonoridad al tutti en los fragmentos más resonantes, al que los delicados oboes pusieron un aterciopelado contrapunto.

El programa finalizó con el Concierto para violín en si bemol mayor nº 1 de Wolfang Amadeus Mozart, que posee un constante diálogo musical entre el solista y el grupo orquestal, y que fue el mejor ejemplo para comprobar los excelentes resultados obtenidos por el trabajo efectivo de Shunske Sato con la Orquesta Barroca de la Universidad de Salamanca. Así, pudimos comprobar que cada frase, cada motivo, o cada sección de la temprana composición mozartiana eran de una articulación absolutamente idéntica entre solista y tutti, y que discurrió de un modo de una naturalidad formidable. La destreza y virtuosismo de Sato fueron, claro está, del más alto nivel en todo el discurrir de la pieza, de complejidad mayor a lo que cabe esperar para una primera aproximación a un género por parte de un autor tan joven como el genio salzburgués de aquel momento. No puedo expresar más que mi total admiración por Shunske Sato por la interpretación referencial de la obra, de parejas cualidades ya señaladas más arriba.

Tras el brillante Presto que cierra la obra el público respondió con una clamorosa ovación de sincero y justo encandilamiento hacia el humilde y descomunal talento artístico de Shunske Sato, y que fue premiada con dos propinas: un fragmento  a solo de una de las partitas de Johann Sebastian Bach, que fue seguida de la repetición de uno de los fragmentos más sonoros y vistosos de la velada.

En definitiva, un completo deleite que dejó realmente feliz al agraciado público que sin duda alguna estará deseoso de que la temporada 2024/2025 de este querido ciclo regrese de sus merecidas vacaciones.

Simón Andueza

 

Mozart en Italia.

Obras de Wolfgang Amadeus Mozart, Giovanni Battista Martini, Johann Christian Bach, Thomas Linley jr. y Josef Mysliveček.

Shunske Sato, violín y dirección. Orquesta Barroca de la Universidad de Salamanca.

Ciclo ‘Universo Barroco’ del CNDM.

Sala de Cámara del Auditorio Nacional de Música, Madrid. 20 de junio de 2024, 19:30 h.

 

Foto © Elvira Megías

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