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Crítica / Revelador arte musical de Sir András Schiff - por José Antonio Cantón

Alicante - 14/02/2024

La Sociedad de Conciertos de Alicante, en su afán por tener los mejores intérpretes en su programación, ha contado en esta ocasión con la séptima participación del insigne pianista András Schiff habida a lo largo de sus temporadas de conciertos que ha organizado en su más de medio siglo de existencia.

Lo hacía suscitando una gran expectación en el público que llenó el aforo del Teatro Principal de Alicante, dada la enorme calidad de este músico y, de manera adyacente, porque el programa iba a ser presentado por el maestro de viva voz en el escenario con un comentario antes de la ejecución de cada obra. Por su especial afinidad a varios autores, se podían suponer las líneas maestras que iban a determinar su actuación, y así empezó con Johann Sebastian Bach, su compositor favorito con el que desayuna todas las mañanas según sus palabras, del que tocó el aria que abre las famosas Variaciones Goldberg, BWV 988, obra maestra del contrapunto, en la que  hizo todo un análisis sonante de su estructura con un ensimismamiento trascendente en la exposición de su cantus firmus, esencial hilo conductor de su aire de zarabanda, anunciando así la revelación que iba a significar este tan esperado y deseado recital que se prolongó a lo largo de tres horas.

Siguiendo con música del gran Cantor de La Iglesia Santo Tomás de Leipzig, cargo musical que detentara Bach hasta su muerte acaecida en 1750, interpretó la Fantasía cromática y fuga en Re menor, BWV 903 llevándola a una dimensión de apasionado cromatismo, evitando cualquier aditamento romántico que llevara a recordar las hipérboles bachianas de Ferruccio Busoni, para terminar con un ejemplarizante modelo formal en la ejecución de la fuga, que demostraba cómo este maestro del piano ha sabido adaptar las posibilidades dinámicas de este instrumento a las esencias del lenguaje musical de Bach. Concluyendo con este compositor, hizo una versión esplendorosa del Concierto italiano en Fa, BWV 971, materializando esa complicada fusión entre el claro melodismo italiano y la sólida estructura polifónica germana, que dejaba una sensación de magistral belleza en su escucha.

El recital entró en una nueva dimensión con la sorpresa que significó la presencia de la música de Joseph Haydn en el programa, a través de sus Variaciones en Fa menor, XVII:6 del catálogo del musicólogo holandés Anthony van Hoboken. El despliegue de imaginación que realizó en esta obra es digno de máxima admiración, especialmente con la trágica intensidad con la que expuso la coda, sustancial parte de esta obra después de la estoica melancolía que hizo sonar a su inicio con sus ritmos punteados insistentes y la posterior abstracta y hasta caprichosa alegría de su ornamentado tema en Fa mayor. Fue una auténtica revelación de la música para piano de Haydn, que me hizo recordar al mítico pianista alemán Wilhelm Backhaus, uno de los más destacados traductores de la música para teclado del “padre de la sinfonía” durante el siglo XX.

A tan sublime recreación, siguió la no menos intensa afirmación del genio musical de este compositor, también tenido como “padre del cuarteto de cuerda”, a través de la trascendental interpretación de su última sonata en Mi bemol mayor, Hob. XVI:52, publicada en Londres al final de la última década del siglo XVIII. El sentido arioso dado al Adagio central generó una atmósfera mágica difícil de imaginar y de olvidar, sólo posible en los músicos privilegiados como es András Schiff, reconocido en el Reino Unido con el título de Sir, tratamiento que puede compartir con su nacional origen magiar. El aire de tocata empleado en el rápido movimiento final hizo que pareciera incontenible su tema principal, desarrollado con un brío deslumbrante a través de un intrincado juego de sus manos.

En éstas, la música de Beethoven adquirió una dimensión vienesa incomparable. El imponente compositor nacido en Bonn ocupó la segunda parte del recital con un resultado encomiable por parte del pianista, que quiso introducirlo a través del ciclo de seis piezas que con el título Bagatelas, Op. 126 publicó en 1825 y dedicó a su hermano menor, Nicolás.

András Schiff, con reconocimiento a su contenido estético y al ser tenidas por el autor como una de sus obras preferidas, se entregó a sus discursos con fruición, centrándose en esa carga espiritual y misterio que caracterizan las obras postreras de Beethoven. Hizo un verdadero repaso de la personalidad del compositor, descubriendo sus secretos con un absoluto respeto sensorial a los sentimientos y emociones que encierran estas obras en las que se dice todo con sólo valorar su espontaneidad y acumulativa transparencia visionaria que presentan respecto a lo que habría de evolucionar el piano a lo largo del siglo XIX como singular medio explorador polifónico del arte de la composición. La interpretación de la cuarta en Si menor fue un verdadero portento de fuerza, carácter y desbordante emocionalidad.

El recital concluyó con una soberbia lectura de la Sonata en Mi, Op. 109 del mismo compositor alemán, en la que desde el primer compás se notaba un afecto especial en su exposición, ese que nace del misterio de ser la sonata preferida por este pianista de las treinta y dos que compuso Beethoven. El carácter improvisado que anima la obra permitió que se pudiera disfrutar de ese aspecto esencial del fenómeno musical como es la recreación musical en su más alta dimensión, permitiendo que se pudiera experimentar la libertad expresiva de este pianista, depurada inicialmente en la prestigiosa Academia Franz Liszt de Budapest, siempre fiel al mensaje del autor pero sin obviar esa franqueza interna que éste propone al intérprete como descubridor de sus secretos. András Schiff lo es al más alto nivel, representando a la mejor y más tradicional escuela vienesa.

Ante el cerrado aplauso final, ofreció dos bises que reafirmaban este juicio: el Allegro que inicia la Sonata, K 545 de Mozart, junto a Schubert, grandes ausentes del programa, que desarrolló con especial gracilidad, y una conceptual versión de la Arabeske en Do, Op. 18 de Robert Schumann, que dejaba absorto a un escuchante atento bien informado. Se ponía fin así a un recital memorable entre los muchos de este máximo nivel alcanzado en la Sociedad de Conciertos de Alicante a lo largo de su historia, que la convierten en una de las instituciones más señeras en su importante función artística de difusión musical entre las existentes con este fin en España.

José Antonio Cantón

 

Recital de piano de Sir András Schiff

Obras de Johann Sebastian Bach, Ludwig van Beethoven y Franz Joseph Haydn

Sociedad de Conciertos de Alicante

Teatro Principal de Alicante / 7 de febrero de 2024 

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