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Crítica / Pinnock, Pires y la Mozarteum, el peso de la experiencia - por José M. Morate Moyano

Valladolid - 18/02/2023

La Filarmónica volvió a Valladolid, al Ciclo de "Orquestas invitadas" del CCMD, con un cartel donde el peso de la tradición se hacía valer por sí solo: Orquesta Mozarteuem Salzburgo (1841), en gira de mano de Trevor Pinnock (canterbury, 1946) como Director invitado, con la colaboración como pianista invitada de María Joao Pires (Lisboa, 1944), con un programa "de los de antes y toda la vida": Obertura "Coriolano", op. 62 en Do m. (1807); Concierto para piano y orquesta nº 3, en Do m., op. 37 (1800) y Sinfonía nº 41, "Júpiter", en Do M., KV 551 (1788).

¿Qué aportó la Mozarteum? Una estructura clásica, con 29 cuerdas, trompas y trompetas sin llaves y timbales también clásicos, que vinieron como anillo al dedo para el repertorio, una afinación muy cuidada por un concertino  en su seria labor, de sonido absolutamente equilibrado, compacto y preciso, con un Director conocedor de ambos mundos, antiguo y moderno, de los que, con firme criterio, extrae lo mejor para servir el repertorio propuesto, apoyado en una plantilla mezcla de experiencia y juventud que mantiene una línea excelente.

Pinnock brindó un Beethoven apolíneo, no exento de carácter. La introducción musical para la tragedia escrita por el secretario áulico del Emperador de Austria, J. v. Collin, que narra la dualidad del cónsul y general romano Cayo Mario Coriolano, entre su amor por Roma y su venganza contra élla, al ver cómo pueblo y Senado renuncian a defender sus valores. Así se contraponen los dos temas, agitado y poderoso el 1º en Do m., retratando el orgullo del militar  y el 2º, en Mi b M. tierno, que pinta su lado humano que querría la reconciliación. Pinnock los distinguió nítidamente, apoyado en una orquesta que respondió con una sola voz a su claro gesto.

El Concierto nº 3, dedicado al Príncipe Luis F. de Prusia y que tuvo al autor al teclado en su estreno, tocando sobre una partitura casi en blanco porque no tuvo tiempo para escribirla, se sirvió en comunicación plena entre  Pires y Pinnock, él respetando y cuidando a la pianista y élla aceptando el ideario del Maestro. Los pianísimos ofrecidos, tuvieron en la cuerda un sonido con brillo, el oboe lució un sonido cantarín, la coda fue limpísima tras una cadencia de tipo improvisatorio, en la que la pianista arpegió y pedalizó con calidad sonora, buscada muy por encima de virtuosismos o volúmenes.

El Largo fue presentado por el piano delicadísimo, recogido igual por la orquesta y en los diálogos entrambos, con señalado papel de las voces graves de la cuerda, justas y afinadas y con ese toque sutil de la Pires que le ha distinguido siempre entre sus colegas y a la que hay que agradecer, además, su esfuerzo físico para superar una dolencia en la cadera, que a punto estuvo de hacerle cancelar; la breve cadencia y coda, el ideal dúo flauta y fagot y los juegos cuerdas, viento madera y piano, parecieron suspender el tiempo, para atacar el Rondó, con sus felices repeticiones, el alegre tema del clarinete con contrastantes estrofas, rematadas con el fugato , corta cadencia, y el Presto con la coda final en Do M., que marca el buen momento de un autor ya independiente de estilos anteriores. La versión fue acogida con entusiasno por una Sala con muy buena entrada que ovacionó a solista, Director y orquesta y que, tras insistir, se vio retribuída por un movimiento con cuerda en pizzicato y tecla, en el que Pires volvió a enamorar con su fino y musical pianísimo. Despedida en triunfo.

Mozart, uno de los amores de Pinnock, en envidiable estado físico, cerró concierto con su Júpiter que aunque no fuera así calificada por él, si lo fue merecidamente por ser modelo supremo de Sinfonía clásica entre todas. El genio del compositor se reflejó en ser capaz de escribir las 3 últimas en 8 semanas y con este remate. Se percibió claramente que los músicos en escena transitaban por un territorio que, de alguna forma les es propio y con el que disfrutan plenamente, transmitiendo esas sensaciones a públicos que no se cansan de escucharles así.

Se abrió con ceremonia en el tutti, dando valos al silencio y nítidos violines que, ya con ritmo, contrastaran en su melodía con flauta y oboe y con finura en la serenata. Preciosa la sarabanda tipo suite francesa bachiana y el drama y tensión posterior manteniendo siempre el cantabile. Estilizado y refinado el Menuetto con cortesano Trío. Y sorprendente final por el prodigioso contrapunto que maneja fugato, stretto, canon y 5 temas unidos en mágica fuga. La versión, con trompetas, trompas y cinco maderas excelentes y una sólida cuerda, fue brillante y exacta, con un Pinnock que gozó con élla y el público con todos. Efusión general y añadido orquestal festivo y pomposo, en el que lucieron a solo su calidad las dos oboístas, rematando en triunfo la vibrante sesión.

José M. Morate Moyano

 

María Joao Pires, piano

Orquesta Mozarteum Salzburgo / Trevor Pinnock

Obras: Beethoven y Mozart

Sala sinfónica "Jesús L. Cobos" en el CCMD de Valladolid

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