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Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Opera Omnia y el fascinante Barroco Español - por Simón Andueza

Madrid - 25/04/2022

Se celebra estos días en Madrid la tercera edición de Música Antigua Madrid (MAM), festival capitaneado por la infatigable Mónica Hernández Totland, creadora de un magnífico proyecto que se ha celebrado pese a las insólitas circunstancias nada favorables desde su segunda edición, que tuvo que ser pospuesta un año más tarde, debido al inicio de la pandemia mundial.

Desde el 20 de abril y hasta el 1 de mayo se celebrarán en la Sala Guirau del Teatro Fernán Gómez, Centro Cultural de la Villa, un total de diez conciertos con algunos de los mejores grupos e intérpretes nacionales del movimiento historicista, tales como Emilio Moreno y La Real Cámara, Fahmi Alqhai y Accademia del Piacere, Camerata Iberia, Francisco Fernández-Rueda y Solistas de la Orquesta Barroca de Sevilla,  Trifolium, Opera Omnia, Mª Eugenia Boix, Javier Bonet y Miriam Gómez-Morán, Armonica Stanza, o el grupo francés Ensemble Amarillis.

El variado repertorio del festival ha sido diseñado muy inteligentemente para dar cabida a todo tipo de públicos, desde los ya amantes de estas formidables músicas hasta los todavía poco iniciados en estas lindes que podrán deleitarse y aprender se todo el espectro de las denominadas interpretaciones históricamente informadas, realizadas con instrumentos originales de la época y con criterios continuamente actualizados.

Así, se podrán escuchar desde los poemas y canciones de nuestro Juan del Enzina compuestas durante el reinado de los Reyes Católicos,  para ir avanzando en el tiempo con un programa de piezas y canciones populares en la España de los siglos XVI y XVII, o acercarnos a oros países, como la Francia del Rey Sol en el sofisticado Versalles de Marais y Forqueray, imaginaros el influjo de Haydn en el Madrid de Boccherini, o incluso revisitar la Viena del siglo XIX con una reinterpretación del Winterreise de Franz Schubert.

Si todo esto no fuera suficiente para deleitar al público madrileño, el festival cuenta con otras actividades paralelas que refuerzan su carácter divulgativo y pedagógico con tres talleres didácticos para el público general, y un concierto para escolares, que tienen como finalidad intensificar y difundir entre los más duchos en la materia, pero también entre nuestros jóvenes, las bondades y maravillas de nuestro patrimonio musical.

El segundo de los conciertos de esta segunda edición del MAM, bajo el sugerente título Sarao: El Reggaetón del siglo XVIII, fue el que incluyó previamente, por la mañana, el concierto didáctico para escolares, todo un acierto en esta lección, puesto que el programa incluye algunas de nuestras músicas más espectaculares, alegres y con un verdadero ritmo contagioso que las hacen perfectas para un primer acercamiento a este repertorio por parte de nuestros jóvenes.

Hizo su aparición Isaac M. Pulet en el escenario con un micrófono, sentado en una banqueta alta, para introducir el concierto y reivindicar la música el Barroco español de un modo desenfadado, al más puro estilo de una exitosa Stand-up Comedy, toda una declaración de intenciones para acercar esta música al público actual, alejándose de la visión casposa y caduca que todavía puede causar. Relató de un modo ameno y cercano las innumerables virtudes que nuestros compositores plasmaron en sus formidables creaciones, reivindicando un lugar de total igualdad con los músicos de cualquier país europeo, y relató la especial alegría y frescura del concierto que estaba a punto de comenzar, al estar plagado de festivas danzas basadas en nuestro soberbio folclore, aunque sus textos sean en muchas ocasiones de carácter sacro.

Inmediatamente después el grupo instrumental, compuesto de dos violines, violonchelo, contrabajo, arpa, guitarra barroca, clave, fagot y percusión, hizo su aparición en el escenario para introducir Cuando el lucido circo de Diego Pérez de Camino. Los cantantes hicieron su entrada de un modo informal y divertido, algo que se mantuvo en toda la velada. La soprano Manon Chauvin destacó especialmente en esta pieza, al mostrar su gran expresividad, con una voz luminosa y fresca.

La diversión de los intérpretes, que contagiaron de inmediato al público, continuó con Digo que no he de cantarla, del sangüesino afincado en Málaga Juan Francés de Iribarren, donde el papel solista recayó en el tenor Fran Díaz-Carrillo, quien, con gran desparpajo y gran dicción del texto, relató las coplas mostrando un bello timbre.

Pero no todo fue comicidad. Pudimos disfrutar con algunas piezas como ¡Qué bien, abejuelas!, de Iribarren, que muestran la faceta más italianizante de su música, al más puro estilo de Corelli, su maestro, con preciosas melodías y respuestas entre las distintas partes vocales, como las dos sopranos o la mezzosoprano con el tenor. Asimismo, el tono polifónico para 4 voces y bajo continuo Llévame los ojos, del propio Iribarren, reveló el conocimiento que el compositor poseía sobre estas piezas más propias del siglo XVII en la Península Ibérica, y que están plagadas de preciosos pasajes imitativos, con un cuarteto vocal en estad de gracia, Manon Chauvin, Cristina Teijeiro, Beatriz Oleaga y Fabio Barrutia.

Tras este impás más moderado y reflexivo volvimos a la espectacularidad de las piezas de Iribarren, más concretamente de sus fastuosas jácaras, que cada año componía para ser interpretadas en las festividades más importante de la Catedral de Málaga, y que llegaron a ser muy famosas y esperadas. Pudimos disfrutar de Viendo que Gil hizo raya, pieza que mantiene a toda la cuerda en pizzicato, algo que realza el carácter bailable y alegre de la danza. El sólido y rotundo sonido que consiguió Silvia Jiménez Soriano en el contrabajo ahondó en la solidez del marcado ritmo que espectacularmente realizó Daniel Garay en las castañuelas.

Pudimos disfrutar de una pieza exclusivamente instrumental, la Sonata Quinta de Francisco José de Castro, raro ejemplo de sonata que copia el modelo italiano, en la que destacó su tercer movimiento, con constantes fugatos muy efectistas, y que sirvió de descanso para los cantantes.

Diego Pérez de Camino, burgalés que terminó afincándose en la Catedral de Santo Domingo de la Calzada (La Rioja) como maestro de capilla, fue el protagonista de las siguientes cuatro piezas del concierto, tres de las cuales continuaron con la comicidad y alegría, mintras que la restante, Mi pastor enamorado, de sutil y efectista composición vocal, para dos sopranos, y alto, fue un remanso de paz y especial belleza entre tanta algarabía. Cristina Teijeiro brilló en su registro central con un fraseo sutil aderezado con su dulce voz.

Vengan a la iglesia supuso el lucimiento de la mezzosoprano Beatriz Oleaga, dueña de un hermoso timbre y un registro de una homogeneidad rotunda, a la par que desgranó a la perfección el texto, tanto en el estribillo como en la copla.    

Fabio Barrutia pudo demostrar sus dotes cómicas y gran desparpajo escénico en Vengan, vengan, un villancico cómico que, como bien relató Isaac M. Pulet, contenía pasajes danzables que recordaban a una jota riojana. Las coplas de la pieza fueron de una comicidad especial, con participación de Cristina Teijeiro, Beatriz Oleaga, Manon Chauvin, e incluso como actor invitado al clavecinista Jorge López-Escribano.

El concierto concluía oficialmente con la fabulosa jácara de Juan Francés de Iribarren Jácara de fandanguillo, en donde todos los intérpretes realizaron un especial ejercicio de entusiasmo y vitalidad, destacando una vez más al percusionista Daniel Garay en una espectacular interpretación en las castañuelas, tan vertiginosas como precisas, que remarcaron la alegría de la velada. Fran Díaz-Carrillo fue el solista de la jácara, en un gran ejercicio de vitalidad y jocosidad que no ocultó su preciosa y poderosa voz, que no fue tapada en ningún momento por los entusiastas instrumentos.

Ante los insistentes aplausos y vítores del público, los intérpretes regalaron como propina otra jácara jovial, Una noche que los reyes, de José de San Juan, en donde Fabio Barrutia volvió a plasmar su fenomenal dote actoral burlesca, que fue respondida por el fagot e incluso por todos los miembros de la orquesta, cantando un peculiar y cómico motivo de tres repetitivas notas, haciendo las delicias de un divertido y entregado público.

Simón Andueza

 

Manon Chauvin y Cristina Teijeiro, sopranos, Beatriz Oleaga, mezzosoprano, Fran Díaz-Carrillo, tenor, Fabio Barrutia, barítono. Opera Omnia, Isaac M. Pulet, violín y dirección.

Sarao: El Reggaetón del siglo XVIII. Obras de Juan Francés de Iribarren, Diego Pérez de Camino, Francisco José de Castro y anónimo.

21 de abril de 2022, 20:00 h. Música Antigua Madrid.

Teatro Fernán Gómez, Centro Cultural de la Villa, Sala Guirau, Madrid.

 

Foto © Pablo F. Juárez

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