Música clásica desde 1929

 

Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Música en Compostela - por Ramón García Balado

Santiago de Compostela - 10/08/2023

De variaciones y tientos por Montserrat Torrent

Volvía  Monserrrat Torrent a su querido Curso de Música en Compostela y a la que fue su casa para impartir docencia durante décadas, el Monasterio de San Paio, recuperando memoria de su primer año, en el que en el cuadro de profesores, estaban Conxita Badía (canto); Frederic Mompu (para un curso monográfico); Antonio Iglesias y Rosa Sabater (piano); Genoveva Gálvez (clave); Alberto Ginastera (composición); Marçal Cervera (chelo); José Tomás (guitarra); Agustín León Ara (violín), Enric Ribó (canto coral) y Pura Gómez (solistas de oratorio), añadiendo un seminario de música antigua con Genoveva Gálvez. Convocatoria de 1974, entonces en el final del verano y con una duración de casi un mes.

Siempre por su afable carácter, la maestra nos dejó impagables veladas, en un legado que recogería Roberto Fresco. Para su velada, la extensa tradición del órgano barroco ibérico, ante un público extasiado, en su especialidad por excelencia, compatible con la escuela portuguesa, de la que nos reservaba un par de ejemplos y un apunte del clasicismo  español representado por Narcís Casanoves i Beltràn, guardando espacio para un anónimo en el final, con las Diferencias sobre la gayta. El portugués Antonio Carreira (1525/97), con un  Tento à quatro sobre o villancico Con qué  la lavaré. Músico de la Capilla Real portuguesa en Lisboa, y autor de un importante catálogo de obra vocal, que se conserva en la Biblioteca Nacional de Lisboa,  en la Universidad de Coimbra y en la Municipal de Oporto. Monserrat Torrent llegó a grabar un trabajo en vinilo en el que incluye obras suyas y de otros m.c., como M.Rodrígues Coelho o Heliodoro Pavía, en el año 1971: Portugalia Música, orgelwerke, con notas críticas del especialista Santiago Kastner, material procedente de la Catedral de Évora.

Manoel Rodrígues Coelho (1555/1633), apuntó Susana grosada a 4, sobre a de 5, músico de la Catedral de Évora y que pasó por Badajoz y Lisboa. Destaca su colección Flores de Música para instrumentos de arpa y tecla (1620), dedicada al Rey Felipe II, de Portugal. Autor de tientos, versetos litúrgicos, variaciones hispano-mozárabes y tabulaciones como  las que realizó sobre Susanne ung jour, que remite a  O. di Lasso. Practicó un lenguaje armónico tabulaciones, como simple y conciso, con ciertos puntos de encuentro con Sweelinck.

Ese modelo del clasicismo  español, el padre Narcís Casanoves i Beltràn (1747/99), con la Sonata IV, organista de los años en los que los templos más importantes eran la Basílica de Sta Mª de la Mercé; l´Esglesia del Pí, Sants Just i Pastor, la Catedral o el Monestir de Montserrat, por el que pasaron Miquel López, Isidre Roy, Viçent Presiach, Josep Antoni Martí, Benet Esteve, Manuel Estepona, Jacint Boada, Anselm Viola, Benet Brell, Josep Vinyals y este maestro, Narcis Casanoves i Beltrán. Otras importantes villas de señorío, fueron Lleida, Girona, Tarragona, Vic y Tortosa.

Turno pues para el barroco de tradición ibérica en sus compositores más importantes. Antonio de Cabezón- Discante sobre la Pavana italiana y Diferencias sobre la Gallarda milanesa-,quien tuvo importante influencia en la Corte y parte de las influencias recibidas, procedería de la escuela flamenca, sobretodo de Josquin. Prolija imaginación, recibió impulsos  de Luís de Narváez, en especial en el apartado de la forma de las diferencias, no faltarán débitos con Gombert y Cresquillon. Será otros maestros de tecla  quienes recibirán influencias suyas, siendo iniciador de una saga familiar representada fundamentalmente por su hijo Hernando. Su importancia se confirmará desde sus años mozos al servir como ministril en la corte de Carlos V y como organista de la reina. Fuentes de su música, las hallaremos también en el Libro de cifra nueva, de Venegas de Henestrosa; las Obras de música, compiladas y editadas por Hernando de Cabezón y en el manuscrito 242, de la Biblioteca de la Universidad de Coimbra. En cuanto al Libro de cifra nueva, se admiten dudas serias sobre la fiabilidad de la transmisión de su repertorio. La misma presentación de las diferencias, en el conjunto de las obras fue siempre asunto de discusión. Sin lugar a dudas conservamos un cuerpo considerable de obras que destacan por su imaginación y elegancia de concepto.

Francisco Correa de Arauxo (1584/ 1654), con el XLVII Tiento demedio registro libre de octavo tono y por I. Tiento de medio registro de baxon de séptimo tono. En su Facultad orgánica, colección suma de 69 piezas para el instrumento, perfectamente organizada, valdrá por su valor de proyección pedagógica. Presenta en ella sus tientos y discursos de música práctica, recibiendo los primeros sus respectivos prologuillos. Otras piezas tituladas discurso se consideran como tientos de prologuillo. Piezas de la Facultad orgánica, no coinciden exactamente con el título del encabezamiento de las piezas, por la parte práctica. Las dos primeras registradas como discursos, aparecen después como tientos. En resumen, las palabras tiento y discurso, resultarán sinónimas. Siete piezas de la Facultad orgánica, que no son tientos, resultan canciones glosadas. El valor pedagógico tal cual se aprecia en los prologuillos que sugieren la manera de introducción, confirmarán la realizar de Correa de Arauxo como el primer organista compositor español que antepone a sus piezas, prologuillos que él llama apuntamientos e indicaciones: cosa nueva y de ningún práctico ejecutado, una auténtica tarjeta de presentación de cada pieza a sus queridos organistas.       

Joan Baptiste Cabanilles (1644/1712), aumentaba el poderío sonoro con el Tiento de batalla, de quinto tono punt biax, dentro de esta terna de maestros del tiento ibérico, músico de notable predicamento, discípulo a su vez de Vargas y de la Torre, a quien sucedió como organista en la Catedral de Valencia, en 1665. Viajó por Italia, como tantos de sus coetáneos con resultados previsibles en lo profesional, recibiendo igualmente influencias francesas a consecuencia de las frecuentes giras cuyo resultado dara frutos en los dominios de la variación, combinando con formas más acostumbradas de la tradición ibérica, acuñada por los vihuelistas y organistas. Supo llevar a su dimensión por excelencia, la escuela que representaba el estilo de Antonio de Cabezón, con aspectos de apoyo en la escuela holandesa, en especial en el ámbito del contrapunto, que encontraremos en sus villancicos, fantasías y batallas que acentúan el espacio de la polifonía clásica. La fuga de procedencia alemana, quedará a distancia de sus pretensiones.

Montserrat Torrent

Obras de A. de Cabezón, A. Carreira, F.Correa de Arauxo, Manoel R. Coelho, P. Bruna, J. Cabanilles, N. Casanoves i Beltrán y una pieza anónima

Monasterio de San Paio, Santiago de Compostela

 

Un Turina profusamente elaborado

El violinista Stephan Picard y el pianista Andrei Banciu, en una encarecida dedicatoria a quien fuera durante décadas titular de la Cátedra de violín, Agustín León Ara, llegaron a su cita arropados por una enaltecida entrega de sus alumnos que convirtieron la sesión en un auténtico jolgorio, y que arrastraría el entusiasmo de los asistentes. Picard se formó con Saschko Gawriloff, W. Marschner, Rami Shevelov y Roman Nodel, ganando concursos como el Deutscher Musikwettbewerb, el María Canales o el Rudolf Lipizer de Goritzia (Italia), colaborando con agrupaciones como la NDR Radiophilharmonie Hannover, la Beethovenhalle Bonn o la Bremen Philharmonie. Entusiasta del género camerístico, es parte del Trío Mendelssohn.  Dispone de un Petrus Guarnerius de Mantua (1715).  Andrei Banciu, estudió con María Bodo, para seguir en la UdK, Universidad de las Artes, de Berlín, con Klaus Hellwig, y en la Hanns  Eisler School. Maestros suyos fueron también Wolfram Rieger, P. Badura-Skoda, Rudolf Buchbinder, Jacques Rouvier y Mennahem Pressler.

Un programa con atención preferente a Joaquín Turina en dos de sus obras. La Sonata nº 1 Op. 51, del año 1929 y que se estrenó al tiempo en España, Francia e Inglaterra, en una dedicatoria a Juana Gautier, por voluntad del autor a tan excelente artista pero que a la postre, será otro violinista, Levandrier, quien lleve el beneficio. Habría de esperar a la temporada siguiente, para que se diese a conocer en Madrid, en manos de Albina Madinabeitia, acompañada por Pilar Cavero. Se confirmará también el estreno en Londres, el 18 de mayo de 1931, en el mítico Wigmore Hall, con Editha Braham y Sidney Harrison. Obra que en su tiempo inicial, avanzaba desde un apacible tempo lento de temple virtuosístico que ofreciendo modismos andaluces propios de una tradición emergente y que darán vuelo a composiciones de los géneros más diversos, preparando la entrada del Allegro molto, en la acostumbrada forma sonata y sin desarrollo: dos temas separados por un pasaje de transición del piano en tresillos con una autocita tomada de La oración del torero, para apuntalar una reexposición variada. El tempo Lento-aria-, recreaba un ambiente intenso, con motivos relacionados entre sí. En la conclusión, el Rondó, se redondearía  por un expresivo estilo de pasodoble, antes de recuperar el tema del Allegro inicial. Una salva de reconocimiento para los intérpretes.

La Sonata nº 2, Op. 82 (Española), es obra de 1934 y una dedicatoria a Pedro Sanjuán, para conocer una primera audición en Londres, con Ángel Grande y María Lavinskaia, antes de que en 1941, en el Teatro María Guerrero de Madrid, le rindan galas Enrique Iniesta y el autor al piano, en un concierto-homenaje. Para centrarnos, la importancia del  movimiento con variaciones precedido por pasaje lento, con una tema profusamente elaborado por Picard. Una primera variación con aire de petenera, y una segunda de talante expresivo, dejaban para la siguiente, un aroma de zorziko, punto de encuentro en la recapitulación. Una forma tripartita conformaba el segundo tiempo: vivo-andante-vivo-, con el andante que nos remitía  al tiempo anterior. El Adagio-Allegro moderato, fue confirmación del modelo que atendía  a las raíces españolistas, con alusiones a la copla, entre ritmos de danza.

Manuel de Falla, entrelazando ambas obras, en otra opción en recurrencia a las Siete canciones españolas, y que valdrán como otra variante de las orquestales de Ernesto Halffter, concretamente las de Paul Kochanski- violín y piano-, un capricho de adecuación para estos posibles camerísticos. Suite populaire espagnole sobre seis de las piezas, prescindiendo de la Seguidilla murciana, para que, a la postre, nos queden El paño moruno; la Nana- repetida como bis-; Canción; El Polo; Asturiana y Jota. Suite de trazo elegante para lucimiento de violinista y pianista, que no dejan de descubrirnos un Falla poco común, para este especie de suite de devaneos frecuentes en su elaboración. Palabras de agradecimiento del gaditano: Bien Cher Amí: Avant tout je voulais vous informer que vos chanson pour le violo non un tal succés, que je viens de les entendre par Kreisler à son recital a New York il a deux jours (Falla, 1927)

Pablo Sarasate con Aires gitanos Op. 20, idea de una pieza pensada para la autocomplacencia y a la salud de su propio ego, piezas pues, de bravura desmedida para sorprender al oyente tal cual la posteridad continúa reconociendo, obritas como la Jota aragonesa, el Zapateado, la testimonial Muiñeira, y efectivamente los Aires bohemios. Abundarán, en desmesura apabullante, las recreaciones postineras en forma de fantasía, inspiradas en ópera de gran éxito en el momento. Para mayor abundamiento, la serie de estrenos de obras de concierto con ejemplos como el tercero de Saint-Saëns; o el Rondó caprichoso, y el Concierto en Fa de Edouard Lalo; la Fantasía Escocesa, de M.Bruch; el Segundo de Wieniawski; las mazurcas de Zarzigski o el Concierto de Mackenzie, que harán fondo común y muy a su manera, de peculiares transcripciones de barrocos. Expertos analistas habrá que mostraba un sonido encumbrado por su hermosura y poderío, jugando con el arco sin dejar de sentir el cambio sobre las cuerdas; limpieza, transparencia, con un timbre enérgico y redondo, medidos por unos golpes de arco exactos.  Los préstamos asumidos de tradiciones libremente tratadas, encontrarán sin obstáculo elementos de encuentro con las tradiciones de formas ibéricas, desde la jota a la petenera, por poner un ejemplo al azar. Sobre lo dicho, el maestro Stephan Picard, en perfecta complacencia con su colega Andrei Banciu, redondearon esta tarde de entrega a nuestra tradición hispana.

Stephan Picard, Andrei Banciu

Obras de J. Turina, Manuel de Falla y Pablo Sarasate

Sala de Arte de la Capilla del Hostal de los RR.CC.

Santiago de Compostela

 

El guitarrista José M. Gallardo del Rey, de Tárrega a Sabicas

Concierto del profesor José Mª Gallardo del Rey, para un programa que destacaba un par de trabajos propios, entre páginas de Tomás Marco, Francisco Tárrega y Antón García Abril. Tomás Marco, tuvo en atriles la obra de Tarots, en cinco tiempos: Le Monde, La Maison de Dieu, La Rose de la Fortune, Le Pendu y La Force, del grupo de 22 que permiten interpretarse por bloques selectivos, experiencia que no era nueva en el autor. Para la guitarra, había escrito la Fantasía sobre fantasía, para Gabriel Estarellas; la Sonata de fuego; el Concierto del agua o Luar, para soprano y guitarra, encargo de Música en Compostela que darían a conocer Ana Higueras y el profesor José Luís Rodrigo, en 1991. Luar, se había editado en el XVII Cuaderno de Música en Compostela, de 2007, junto a obras de Luís de Pablo, Carmelo Bernaola, Rogelio Groba, J.L. Turina  y Manuel Balboa. Para el autor, Luar había sido compuesta a comienzos de 1991, sobre poemas de Rosalía de Castro, en un estudiado equilibrio entre voz y guitarra. Más recientemente, en la serie de aquellos cuadernos, se daría a conocer una reedición en el curso 2008, de obras de García Abril, C. López García-Picos, Xavier de Paz, Zulema de la Cruz, Xavier Montsalvatge, Carlos Cruz de Castro y de Tomás Marco por la Partita Obradoiro.

Tomás Marco, en esta relación compostelana, fue el compositor elegido para la inauguración del Auditorio de Galicia, en 1989, entonces con su obra de encargo Campo de estrelas, junto al Concierto para piano nº 22, en Mi b M. K. 482, de W.A. Mozart y la Sinfonía nº 1, en Re M. (Titán) de Gustav Mahler, con la ONE, dirigida por Odón Alonso y contando como solista a Joaquín Achúcarro. Otra obra para guitarra y flauta de Tomás Marco, sería Luciérnaga furiosa.

Francisco Tárrega (1825/1909), en una vuelta a las esencias por el Capricho Árabe- Nostalgia de Al-Andalus y Misterio de Tánger-, pieza dedicada a Tomás Bretón y  un punto de inflexión que nos trasladará a Recuerdos de la Alhambra. El maestro frecuentaba preferentemente los recitales íntimos en una curiosa velada de tertulia sin alardes, compartiendo pareceres con Malats, Granados o Casals, por el agobio que le suponía los compromisos en público, Llegó a especularse con el supuesto de la creación de una escuela que podría identificarle; la importancia de sus aportaciones técnicas, llegará sin mácula a sus alumnos y discípulos, recogidas en sus estudios, no faltarán aspectos que también se encuentren en Pujol, su discípulo más directo. El corpus de su obra se centra en la guitarra, revitalizando el repertorio del instrumento y como aspecto a tener en cuenta, su estimado Pujol, traería a colación aquella actitud de conceder menor importancia a sus obras, llevándolas al papel después de tratarlas varias veces a modo de ensayo, Muchas de ellas, marcadas por un melodismo sentimental y en el contexto de las piezas de salón.

Antón García Abril, con Dos evocaciones: La Guitarra hace llorar los sueños y Agua que llevas mis sueños en tu regazo al mar. Un primer Premio del Concurso  Andrés Segovia (1981), convocado por el Festival de Música y Danza de Granada. Fue Ernesto Bitetti el encargado de estrenar una obra tan intimista, en apreciación del turolense, detalle que captamos desde el primer número, en sus cinco pasajes, desde el inicial para conformar los Ocho sonoros donde el aire espera, de los que se toman dos de ellos, el primero con trasfondo lorquiano: La guitarra hace llorar los sueños; El sollo zo de las almas perdidas, se escapa por su boca redonda. Y como la tarántula; teje una gran estrella; para cazar suspiros; que flotan en su negro aljibe de madera. Resulta más animado el quinto pasaje: Agua que llevas mis sueños, en tu regazo al mar…dedicado a un poema de Miguel de Unamuno. El autor, como aprecia Andrés Ruíz Tarazona, dedicó Evocaciones a Andrés Segovia. Ernesto Bitetti, por lo que le afectaba en cuanto a esta obra, sabría convencer al compositor para escribir en Concierto  Aguediano.

Gallardo del Rey, en esas dos aportaciones de cuño propio: Homenaje a Tárrega: Nostalgia de Al-Andalus y Misterio de Tanger- encargo de la Universidad de Düsserldorf, junto a  la  Lorca Suite, un tratamiento personal de algunas de esas piezas recuperadas por el poeta y tan presentes en este curso, bajo un personal prisma reconocible en el guitarrista, apreciado por su voluntad en esa búsqueda de la confluencia entre la tradición clásica y el flamenco- de ahí el puente establecido entre Tárrega y Sabicas-tras sus experiencias docentes con Regino Saiz de la Maza, José Tomás o Andrés Segovia, vinculados a nuestro curso durante años primordiales. La obra Lorca Suite, era testimonio de ello y mentidos en esta temática, recordaremos una vez más la participación en el Ciclo dedicado a las confluencias entre la guitarra clásica y el flamenco, en sus sesiones de la primavera reciente: Albéniz flamenco, El llanto de la guitarra,  Granaíno Jondo y Sin muros, piano flamenco. Para los bises, un Django Reinhardt, por una pieza de balanceo entre el blues y el swing, y un Falla, especialmente sui generis, de La danza del molinero, de El sombrero de tres picos.

 Para su matinal en la Fundación Juan March, de Madrid, coincidieron Gallardo del Rey y el guitarrista Miguel Ángel Cortés, en un programa que ofrecía obras de Albéniz: Rumores de La Caleta y Torre Bermeja. Del propio Gallardo del Rey, Epitafio a Isaac Albéniz , del que también se eligieron piezas sueltas como Sevilla, Cádiz, Asturias y Granada (Suite española Op. 47); Mallorca Op. 202 y Córdoba, de (Chants d´Espagne Op. 232). Ese encuentro entre los dos artistas, alcanzaba una década, dejando como rédito el trabajo Lo Cortés no quita lo Gallardo, que en valoración del poeta y flamencólogo Félix Grande, con cierto sentido del humor, suponía la superación de una aparente guerra civil entre las guitarras clásica y flamenca.

José M. Gallardo del Rey

Obras de Tomás Marco, Antón García Abril, F. Tárrega y Gallardo del Rey

Auditorio Fontán, Cidade da Cultura, Santiago de Compostela

 

Luigi Boccherini, una real tentación

Concierto de los chelista Sung-Won Yang y Ángel García Jermann, con la colaboración del guitarrista José Mª Gallardo del Rey y del pianista Ángel Huidobro. Sung-Won Yang, es artista que ha visitado centros y espacios como el Lincoln Center, La Salle Pleyel, el Théâtre de Les Champs Elysées, la Ópera City (Japón), el Concertgebouw (Amsterdam), o el Wien Musikverein. Grabó para EMI, la integral de Kodaly, Edison Awards (Países Bajos), además de registros con obras de Rachmaninov, la integral se suites bachianas, y sonatas de BeethovenÁngel García Jermann, hispano-alemán, es profesor en el Conservatorio Superior de Madrid y solista de la ORTVE, colaborando también con la O. de Cadaqués o la de la Comunidad de Madrid, mientras mantiene la docencia por otros países europeos. Estrenó Solo, de Cristóbal Halffter; el Concerto grosso nº 2, de A. Schnittke, en España y obras de Jaime del ValJ.Torres, A. Guijarro, A. González Acilu, y Ramón Paus

En programa, un importante protagonismo concedido a Luigi Boccherini por dos obras: La sonata para chelo y b.c., en Do M. G. 6, y la Sonata en La M. G.4, ambas en tres tiempos. Para su ejecución, la incorporación de Gallardo del Rey, en calidad de continuo a modo de lo que frecuentemente realiza un clave.  Emilio Moreno, conocedor de su obra, nos dirá que el autor no era, a pesar de su estatus virtuosístico, un compositor de acrobacias, por  mucho que desde el punto de vista interpretativo, sea imposible tocar sus obras si no se es un músico experimentado, refiriéndose especialmente a estos géneros camerísticos- cuartetos y quintetos-, en los que el papel conferido al chelo, exige una técnica muy por encima de lo habitual. En efecto no hay fuegos de artificio en este elegante maestro, al contrario, ya que desde sus primeras obras manifiesta una sensibilidad especial. Un particular cuidado de la expresión musical, juiciosamente alejado del virtuosismo vacuo.

Tenemos al Boccherini españolizado, que alcanzará sus mejores momentos, por el conocimiento de los más mínimos detalles y que hacen sonar la base de su conocimiento exhaustivo, en recursos y colores, de las  tonalidades, de los tempi, estirados hasta lo inverosímil, de la afinación y el temperamento como elemento expresivo, de una dinámica extremada, minuciosa y refinada, de recursos sonoros, tan suyos como sus smorfiando, sus mezza di voce, sus pontichelli, sus vibratos de arco y cuerdas al aire, de una mecánica siempre puesta al servicio de la expresión, y no viceversa. Boccherini es el autor por excelencia de la idoneidad instrumental.

Manuel de Falla, en una perspectiva distinta de algunas de la 7 canciones populares españolas: El paño moruno- con sus detalles que repetirá en El sombrero de tres  picos-; Asturiana-lamento del norte, con su rebuscamiento en el acompañamiento-; Jota- piecita bailable con su rítmico preludio, para cada entrada; Canción- pendiente de su estado de resignación y Polo, andaluz y sujeto a un persistente acento guitarrero, de  tintes jondos. Jondo en Falla, por asimilación y herencia. Canciones cuyo tipo genuino sería la siguiriya gitana, de la que derivan otros estilos conservados en la memoria colectiva, los polos, martinetes, carceleras, y soleares. Las coplas llamadas malagueñas, granainas, rondeñas, peteneras, etc…no pueden considerarse más que como consecuencia de las antes citadas, y tanto por su arquitectura como por su ritmo, difieren unas de las otras. El gran maestro Manuel de Falla, gloria del Concurso de Cante Jondo, creía que la caña y la playera-desaparecidas, casi por completo-, tenían en su primitivo estilo la misma composición. Si Picard nos había dejado el tratamiento de Kochanski, esta vez la opción vendría de la servida por Maurice Maréchal.

José Mª Gallado del Rey, nos dejó Banderillas de Tiniebla, para violonchelo y guitarra (2006), con el chelista Sung-Wo Yang, obra Inspirada en Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías (Lorca). Ernesto Guasp, en un escrito del 22 de septiembre de 1935, nos recordaría aquellas fechas. El poeta hablaba de una velada compartida: Los gitanos, que me quieren a mí mucho, me hicieron una Semana Santa con el regalo de sus liturgias y de sus vinos mejores: Pusieron un altar con diez toneles de vino y muchas rosas de papel y candelas encendidas con los retratos de Joselito y de Ignacio Sánchez Mejías, y yo leí ante él por primera vez mi Elegía por la muerte de Ignacio. Tan tremendo con las últimas banderillas de tinieblas… Después bailaron descalzos…y no dejaron entrar ni a mis mejores amigos. El único ajeno, sería precisamente Ernesto Guasp.

 Antón García Abril con la Sonata de Atardeceres: Allegro, El bosque de los ausentes-Adagio e libero y Andante-Allegro-esperanzado, composición para chelo y piano (2004), obra que surge tras la propuesta de varios autores de teatro españoles con motivo del I Aniversario del 11 de marzo- 11M-, en el que murieron 192 personas, en las proximidades de la estación de Atocha,  de la que saldrán once textos para ser leídos ese día en varios teatros madrileños. El encargo serviría de unión a los textos a modo de interludios. De ahí nació El bosque de los ausentes, obras para chelo y piano grabadas por el chelista Asier Polo y el compositor al piano. De este germen creativo, nuestro protagonista compondría otra obra, también para los dos  instrumentos, de mayor elaboración y envergadura que mantendría el título original. Para hacerle justicia, los intérpretes de las tres Romanzas.

Romanzas- en manos de Ángel García Jermann y Ángel Huidobro,  una con firma de Eduardo López Juarranz (1844/97), compositor especializado en obras para banda, destacando por sus pasodobles y miembro de Banda del Regimiento de Ingenieros de Sevilla. Otra de Juan Mª Guelbenzu (1819/86), perteneciente a una familia de músicos, con estudios parisinos con Prudent, Zimmerman y Alkan, mientras pudo conocer a Chopin, Thalberg y Liszt, enriqueciendo el repertorio español como hicieran Pedro Albéniz y Santiago de Masarnau. Fue profesor en 1841 de la reina María Cristina, ganando entonces la plaza de organista segundo numerario de la Real Capilla, a las órdenes de Pedro Albéniz, a quien acabaría sustituyendo. Su actividad personal, se desarrolló en el Palacio Real. Gerónimo Jiménez (1854/1923), con una romanza instrumental, ajena a las típicas de sus zarzuelas. Una romanza vistosa que conoció una grabación del chelista Álvaro Campos y la pianista Menchu Mendizábal, editada en un registro- Músicas de salón (Kirios)-, entre piezas de Conrado del Campo, Ruperto Chapí, Manuel de Falla, T.F. Grajal, Pablo Barbero, Ana Guillem, Santiago de la Riva y Miguel Jiménez.

Sung-Wo Yang, Ángel García Jermann, J.Mª Gallardo del Rey y Ángel Huidobro.

Obras de L.Boccherini, M. de Falla, G. Jiménez, E. López Juarranz, A. García Abril y Gallardo del Rey.

Sala de Arte del Hostal de los RR.CC, Santiago de Compostela

 

por Ramón García Balado (LXV Curso U.I. de Música en Compostela)

 

Foto: Concierto del profesor José Mª Gallardo del Rey en Música en Compostela.

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