Música clásica desde 1929

 

Críticas seleccionadas de conciertos y otras actividades musicales

 

Crítica / Música alemana con brisa salvífica italiana - por Carlos Tarín

Sevilla - 11/03/2023

La Orquesta Barroca de Sevilla presentaba en su cuarto concierto de la temporada de abono a la soprano austriaca Miriam Feuersinger y al violinista de origen japonés Shunske Sato, responsable artístico y concertino de ese maravilloso proyecto que es la Netherlands Bach Society. Sea por ello como por la fidelidad de un público que raramente se siente decepcionado por la orquesta, tanto en su programación como con los solistas invitados, lo cierto es que nuevamente se conseguía llenar el aforo del Turina.

Herr wenn ich nur dich habe BuxWV 38 de Buxtehude servía como carta de presentación de ambos solistas, ya que esta cantata aunaba el estilo de concierto con el del aria. La soprano, de nutrida discografía, de voz dulce y agradable, colocada en el centro de la escena, conocía perfectamente el repertorio que presentaba, tanto como el estilo necesario, pero adolecía de una técnica suficiente como para proyectar mejor su voz, sobre todo en la zona más grave. Digamos igualmente que todo el repertorio presentado carecía de segundos violines, estando los primeros a dos, igual que las violas, mientras violonchelo, contrabajo, órgano/clave, oboe y tiorba estaban a uno y que la acústica del Turina, aunque algo seca para la voz, ayuda a dicha proyección.

Sato, tanto en esta su participación inicial, como en la ‘Sonata à 5’ en Sib mayor HWV 288 de Haendel que seguía, mostró su madera de líder, buscando más el equilibrio y la conjunción que los contrastes y brillo a que nos tiene acostumbrados la OBS, si bien el conjunto resultó verdaderamente lucido por el dinamismo que el violinista aporta.

Johann Rosenmüller es un compositor alemán que trabajó más de 20 años en Venecia, y que no se prodiga lo que debiera en los programas de concierto y diríamos que tampoco en el disco; sin embargo, su importancia musical hizo que Feuersinger le dedicara un espacio propio en un disco de 2018, en el que más que un monográfico, reivindicaba su figura dentro de su entorno musical con la presencia de algunos de sus contemporáneos. Wie der Hirsch schreiet es una muestra de que la cantante conocía bien suu estilo, sorteando las coloraturas con la solvencia y articulación necesarias, a la vez que potenciando el hecho distintivo de Rosenmüller: haber conseguido conjugar la sensualidad italiana con la gravedad alemana.

Cerraba la primera mitad una cantata de Kuhnau, Weicht, ihr Sorgen, aus dem Hertzen ("Oh miedos, salid de mi corazón"), conjuntada con la ‘música del corazón’ que propugnaba Georg Christian Lehms: “que el corazón se reanime a través de la fuerza de las palabras cantadas". La tesitura de Feuersinger se siente más cómoda en el registro alto, con lo que desde esta posición elevada era más fácil sobresalir del resto de la orquesta, además de que estuvo muy atenta a subrayar el texto ‘palpitante’ que sustentaba la música, lo que supuso una energía añadida.

Tras el descaso vimos a un Sato brioso, enérgico, brillante, actitud que fue respaldada por el conjunto, y en eso quizá tenga que ver la obra con la que se abría la segunda parte: el Concierto para violín en Si menor ‘Il favorito’ (RV 277), de gran dificultad técnica (¿qué concierto vivaldiano es fácil?), donde el virtuosismo extremo que plantea fue respondido con la aparente serenidad y entereza de Sato, que manifiesta la seguridad y dominio del instrumento que posee el joven músico. Eso en los extremos, porque en el lento intermedio (Andante), y junto a sólo dos violines y una viola, nos ofreció un momento recogido, extático, tan sorprendente como los malabarismos de los otros dos tiempos.

Cerraba el concierto la cantata Ich bin vergnügt mit meinem Glücke BWV 84 de Bach, que ha grabado en su último disco, en la que quizá por el Vivaldi previo o por el planteamiento mismo de la obra como cantata italiana de cámara, lo cierto es que la cantante austriaca se entregó más, con un registro más suelto, menos autolimitado, así como por la frescura y animosidad que presentaban sus compañeros de viaje.

Carlos Tarín

 

Miriam Feuersinger. Orquesta Barroca de Sevilla / Shunske Sato.

Obras de Buxtehude, Haendel, Rosenmüller, Kuhnau, Vivaldi y Bach.

Teatro Turina, Sevilla.

 

Foto © Luis Ollero

102
Anterior Crítica / Y Mozart habitó de nuevo entre nosotros - por José M. Morate Moyano
Siguiente Crítica / La magia del laúd barroco - por José Antonio Cantón